Historia 


El contragolpe del 98 (II)

En el artículo del mes pasado vimos cómo las autoridades españolas, en contra de lo que pudiera parecer, no permanecieron impasibles ante la declaración de guerra estadounidense en 1898, y dejamos a las tres divisiones navales de la Armada española al mando del almirante D. Manuel de la Cámara y Livemore practicamente levantando presión en calderas para lanzarse a la guerra de corso y sobre las desguarnecidas costas de Estados Unidos, con el objetivo de fijar unidades navales enemigas en pos de esta flota y de esta manera aliviar la precaria situación de Cuba y Filipinas.

Teatro de operaciones en el Pacífico durante la guerra hispano-estadounidense

Teatro de operaciones en el Pacífico durante la guerra hispano-estadounidense

Sin embargo, el elaborado plan ni siquiera llegó a ponerse en práctica. Cómo vimos en el artículo dedicado al Desastre del 98, España estaba totalmente aislada en el panorama internacional, y cualquier operativo naval de cierta envergadura precisa de una logística milimétrica. El Reino Unido, por otro lado gran aliado de Estados Unidos en este conflicto, bajo ningún concepto quería una guerra de corso en el Atlántico que perjudicase sus vitales rutas de comercio y suministro, por lo cual se opuso frontalmente al despliegue de la flota española, poniendo todas las cortapisas imaginables para el aprovisionamiento de los buques españoles en sus zonas de control o influencia, que hubo de desistir tan siquiera del intento ante la imposibilidad de carbonear la flota.

En última instancia, con la flota alistada, y ante las alarmantes noticias tras el desastre de Cavite, se decide enviar una escuadra a Filipinas, cuyos buques principales serían el Pelayo, Carlos V, Patriota, Meteoro, los transportes Buenos Aires y Panay, y, esta vez con la lección aprendida, los carboneros Colón, Covadonga, San Agustín y San Francisco. El resto de la flota la formarían los buques restantes de las divisiones anteriormente descritas pero que una vez en las inmediaciones de Suez se dispersarían en busca de otros objetivos, unos hacia España, y otros a la guerra de corso en Brasil, su plan original.

También se buscó la complicidad de los gobiernos italiano, francés y del Reino de Siam para poder carbonear y pertrecharse en caso necesario. Esta vez se iría con los deberes hechos.

El Buenos Aires en Port Said (1898). Las tres chimeneas tras él pertenecen al crucero acorazado Emperador Carlos V

El Buenos Aires en Port Said (1898). Las tres chimeneas tras él pertenecen al crucero acorazado Emperador Carlos V

Así que, con todo atado y bien atado, la flota puso rumbo al estratégico Canal de Suez con el objetivo de alcanzar rápidamente el océano Indico y ponérselo difícil al Comodoro Dewey en Filipinas, cuya flota, como se ha comentado antes, era muy inferior a la española. Sin embargo, las órdenas no pasaban por buscar el enfrentamiento directo con los norteamericanos, sino por el aseguramiento de una zona en el sur del archipiélago que permitiese al menos un reparto equitativo entre las dos naciones.

Pero llegar al canal de Suez era una cosa, y atravesarlo otra distinta. Las autoridades egipcias, a instancias de las británicas, de las que dependían, pusieron todas las trabas administrativas y demoraron todo lo posible el tránsito de los buques españoles. La alternativa era doblar el Cabo de Nueva Esperanza, pero las dificultades logísticas y la premura de la situación lo hacían inviable, así que cuando la flota ya estaba por fin en el Mar Rojo llegaron las noticias del desastre de la escuadra de Cervera en Cuba. Cámara recibió inmediatamente órdenes de dirigirse a toda máquina a la defensa de las Islas Canarias, temeroso el gobierno de un ataque de represalia por parte de la flota norteamericana.

Esta guerra la ganaron los estadounidenses en el mar, sí, pero España la perdió en los despachos mucho antes de que se iniciara debido a la suicida política de aislamiento internacional. En una actitud derrotista, todos los planes bélicos del gobierno pasaban por mejorar su capacidad negociadora, sin pensar en ningún momento en la posibilidad de ganar la guerra, lo cual explica muchas cosas en el devenir de estos acontecimientos históricos

Pintura estadounidense que muestra al USS Olympia liderando el ataque a la flota española en la batalla de Cavite

Pintura estadounidense que muestra al USS Olympia liderando el ataque a la flota española en la batalla de Cavite

De la verosimilitud de la amenaza del plan español da fé el hecho de que el gobierno norteamericano, una vez conocidos los propósitos de la flota española ordenó que se dejaran de iluminar las ciudades de la costa este para dificultar el temido ataque hispano. Por otra parte, es también conocido el pavor que le infundía al Comodoro Dewey la mera idea de enfrentarse al Acorazado Pelayo o al crucero Carlos V.

Como sentenció el diputado Francisco Romero Robledo en referencia a la escuadra del almirante Cervera bloqueada en Cuba: “Las escuadras son para combatir”. A España, a pesar de los innegables esfuerzos, se le arrebató también esta posibilidad, y sólo cabía esperar el desastre.

Vía| La escuadra del almirante Cervera, por Concas y Palau, Victor Maria, 1845-1916, La Guerra Del 98 por Pablo De Azcárate

En colaboración con QAH| Rumbo a la Historia

Imágenes| WikimediaWikimedia, Wikimedia

En QAH| El contragolpe del 98 (I),  El Desastre del 98Especial Crisis Económicas de la Historia¿Pudieron los estadounidenses invadir las islas Canarias?¿Quiénes fueron los últimos de Filipinas? El sitio de Baler

RELACIONADOS