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El conflicto de Corea del Norte y la nueva realidad internacional

La muerte a finales de 2011 del dirigente de Corea del Norte Kim Jong-il, y la llegada al poder de su hijo Kim Jong-un, despertó ciertas esperanzas de reforma en el régimen más aislado del mundo. A pesar de que a lo largo del último año Kim Jong-un había lanzado al mundo ciertas señales de apertura, en diciembre el nuevo líder norcoreano retomó su enfrentamiento con el mundo al iniciar una serie de pruebas tecnológicas incluyendo cohetes de medio alcance, que han culminado con una prueba nuclear el pasado mes de febrero.

Ejército de Corea del NorteLa cuestión del conflicto norcoreano es interesante desde una perspectiva amplia por una serie de cuestiones: por una parte, es la consecuencia de un conflicto de la Guerra Fría sin resolver, y que se ha quedado enquistado a pesar del gran cambio de las circunstancias y el entorno. En segundo lugar, pone de relieve la cuestión de las armas nucleares, su importancia como sostén de regímenes parias –para los que el arma nuclear es su única posibilidad de supervivencia- y los peligros que supone el problema de la proliferación nuclear. Finalmente, el conflicto norcoreano es el último de los conflictos claramente interestatales, en un entorno internacional de evolución en las últimas décadas hacia las denominadas por la académica Mary Kaldor como “Nuevas Guerras”. En este sentido, es muy interesante analizar la cuestión del diálogo a seis bandas como el principal (aunque encallado) mecanismo de negociación para solucionar esta cuestión. El diálogo supone la implicación en el conflicto de seis grandes países (Corea del Norte, Corea del Sur, EEUU, China, Japón y Rusia), poniendo además de relieve los nuevos equilibrios geopolíticos: sienta a la mesa a EEUU junto a China, siendo ésta la que tiene mayor capacidad de negociación. En este último aspecto se centrará este artículo.

“Nuevas Guerras” es un término acuñado para referirse a una tipología de conflicto surgido tras el fin de la Guerra Fría, uno de cuyos principales exponentes es la guerra de la antigua Yugoslavia. En este nuevo paradigma, el enfrentamiento ya no es en esencia entre Estados, sino que otra clase de actores se involucran en el mismo. También las motivaciones son distintas, así como la forma de financiación del conflicto. En éstos se entremezcla la violencia entre grupos políticos con el crimen organizado, y las violaciones masivas de derechos humanos contra la población civil adquieren una nueva dimensión, al convertirse en una de las herramientas fundamentales empleadas, a la vez que un fin en sí mismo.

Sin embargo, el conflicto de Corea del Norte, como evidente fruto de la Guerra Fría, es aún un conflicto claramente dominado por los Estados, que controlan el devenir del mismo y la aplicación de violencia, de las amenazas y las sanciones. Por ello, en este conflicto aún la diplomacia juega un papel principal, y el marco de negociación entre las autoridades estatales mantiene un peso central.

Los diálogos a seis bandas se iniciaron en 2003, tras la retirada de Corea del Norte del Tratado de No Proliferación Nuclear. En las rondas del diálogo se reúnen representantes de los países involucrados en el conflicto y aquellos con más relevancia a nivel de seguridad en la región. En estas rondas se negocia la congelación y eliminación del programa nuclear norcoreano, a cambio del reconocimiento diplomático de este país, así como de apoyo económico para el mismo.

El progreso en las negociaciones ha sido lento, y sólo en la quinta ronda (2005-2007) se lograron concesiones significativas por parte del régimen norcoreano. Sin embargo, los eventos posteriores rompieron las negociaciones, y a pesar de que en 2007 se produjo una sexta ronda de negociación, actualmente el diálogo se encuentra paralizado. En 2012, un acuerdo entre Corea del Norte y EEUU pareció que iba a relanzarlo, pero nuevas hostilidades entre ambos países llevaron una vez más a la parálisis.

Más allá de los acuerdos y los avances concretos en relación con Corea del Norte, es importante la realidad internacional que refleja este marco de negociación. Por un lado China mantiene una gran capacidad de maniobra y creciente peso en la negociación, mientras que EEUU, que por su posición central en el sistema de seguridad de la región es piedra angular para la resolución del conflicto, se ve cada vez más maniatado y restringido en sus posiciones, tanto por sus compromisos previos con sus aliados, como por sus propias necesidades y limitaciones. Por ello, el compromiso que adopte China con la resolución del conflicto será un reflejo de su capacidad de liderazgo, y también de su voluntad de empezar a jugar a nivel geopolítico el papel de responsabilidad al que se está intentando resistir, pero cuya posición económica le depara.

Imagen | Corea del Norte

En colaboración con QAH | ReSeT

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