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El Concorde

Hace diez años, un mes y un día. 26 de noviembre de 2003, Manchester. El Concorde desliza en vuelo su tren de aterrizaje y toma tierra por última vez. Termina la historia de una de las más completas y complejas máquinas construidas por el ser humano. Nueva York-Londres en apenas tres horas y media, velocidad de más de 2.000 km/h, billetes de 5.000 €. Cifras astronómicas para un avión de ensueño.

Un Concorde de Air France

Un Concorde de Air France

Esta historia comienza en enero de 1976, cuando el primer Concorde de British Airways despegaba de Heathrow (Londres) seguido minutos después por otro con el logo de Air France que despegaba del Charles De Gaulle de París. El primer avión comercial supersónico –tras el Tupolev Tu-144-, con 80.000 kg de peso, 60 m de altura y 25 de anchura, reduciría considerablemente la distancia entre los lados del “charco”, permitiendo a gente de negocios con una reunión por la mañana en París llegar a Nueva York con tiempo de reunirse ese mismo día y volver a Londres a una cena de empresa. Todo en 24 horas. Impresionante.

¿Cómo se construyó este “monstruo”? Todo comenzó, como casi siempre, con una idea brillante. En 1962 las empresas Aérospatiale y BAC -francesa y británica respectivamente- se pusieron de acuerdo para iniciar la construcción, influenciadas por la clientela potencial y también –por qué negarlo- por las enormes subvenciones de sus gobiernos, muy interesados en el proyecto. Los primeros vuelos de prueba se realizaron en 1969, y el 7 de noviembre de 1974 se realizó el vuelo civil más rápido de la historia a través del Atlántico Norte. El 21 de enero de 1976 comenzaban las rutas comerciales.

Se impulsaba con motores Rolls Royce -como algunos de los modelos actuales-, y la altitud de vuelo 20.000 metros por encima de la de los aviones subsónicos requería un sistema de presurización de la cabina aún más complejo (con reservas de aire especiales). La alta velocidad de aterrizaje requería frenos especiales y para ello se utilizaron los primeros modelos de carbono.

En el interior, todo lujo. Asientos comodísimos de gran amplitud, atención personalizada, magníficos manjares y los licores más exclusivos. Y su clientela, la más exclusiva. Políticos, hombres y mujeres de negocios, pudientes viajantes que copaban la flor y nata de la sociedad a ambos lados del Atlántico.

Un solo punto negro en su historia. Pero demasiado grande: 113 personas fallecieron el día 25 de julio de 2000 después de que un Concorde de Air France se estrellase pocos minutos después de despegar junto a un hotel en Gonesse. Una franja de titanio desprendida de un vuelo anterior hizo explotar uno de los neumáticos del “pájaro” cuando éste alcanzaba los 300 km/h para su despegue. El fuego se propagó, los motores no respondieron, y se desató la tragedia. Como curiosidad, uno de los vuelos de prueba tras el accidente -con tripulación únicamente de la propia compañía- aterrizó en el JFK de Nueva York minutos antes de los atentados del 11-S.

Finalmente, la falta de rentabilidad -altos precios, y bajada de clientes por el miedo causado por el accidente- hizo que las dos compañías aéreas anunciasen el fin de su utilización en 2003. Varios vuelos de “homenaje” con personal de la aerolínea y personalidades de la empresa y la política pusieron fin a una etapa dorada de la aviación.

Vía| The bath chronicle

Más información| ABC

Imagen| Concorde

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