Historia 


El Concilio de Nicea y la controversia arriana

Nicaea_iconCuando vemos los debates que hay en los amplios sectores que conforman nuestra sociedad podemos cometer el error de pensar que son una novedad en la historia. Pero, no es así. En la Antigüedad ocurría. Un ejemplo fueron las disputas entre Catilina y Cicerón, con el famoso “¿Hasta cuando abusarás de nuestra paciencia, Catilina?”. Pero si hay una institución que a lo largo de su historia ha presenciado fuertes disputas internas, esa es la Iglesia. Un ejemplo es lo ocurrido durante el Concilio de Nicea, que vamos a tratar hoy.

El Concilio de Nicea, desarrollado entre el 20 de mayo y el 25 de julio del año 325 d.C, supuso la formulación de la doctrina católica sobre la Trinidad. Los cristianos, desde época muy temprana, adoraban en Dios al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: Tres personas, un solo Dios. Surgieron algunas corrientes heterodoxas para tratar de explicarlo, como el subordinacionismo y el modalismo. Pero la postura heterodoxa, quizá, más conocida fue el arrianismo, promovida por Arrio, un joven presbítero de Alejandría, discípulo de Luciano de Antioquia que negaba la divinidad de Cristo y terminó siendo excomulgado tras un sínodo de los obispos de Egipto. Arrio, cuya teoría ya aparecía en las obras de Pablo de Samosata, defendía que solo había un Dios, el Padre, y que Cristo, si fuera igual a él, sería su hermano y no su hijo. Fue una doctrina muy popular debido a la influencia que el gnosticismo ejercía en Alejandría. Contó con el apoyo de figuras como Eusebio de Nicomedia y de Teognio de Nicea.

La controversia llegó a tal extremo que el emperador Constantino convocó el primer Concilio Ecuménico que celebró la cristiandad, en Nicea. Acudieron 318 obispos representando al mundo cristiano de entonces, entre ellos figuras importantes como nuestro Osio de Córdoba. En él se compuso un Credo que expresase la fe de la Iglesia en lo referente a las cuestiones que se debatieron en aquel Concilio, el Credo Niceno-Constantinopolitano, que se reza en la Liturgia, indistintamente con el Credo de los Apóstoles. Entre otras cosas dice que “Cristo es engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre”. En griego aparece la palabra homoousios (consustancialidad del Padre y del Hijo). Los arrianos simplemente decían que Cristo había sido creado por Dios, mientras que el Credo de Nicea afirma que fue engendrado y es de la misma naturaleza (sustancia) que el Padre. Ambas cosas son distintas, pues unos defendían que el Hijo (Cristo) había sido creado en algún momento después que el Padre (Dios) mientras que los otros afirmaban que no fue creado sino que fue engendrado y forma parte de la misma sustancia que el Padre. Arrio fue excomulgado y, junto con Eusebio y Teognio, desterrado a Illiria. Además, se decretó que los escritos arrianos debían ser quemados y, quienes los ocultasen, condenados a muerte.

Tras el Concilio de Nicea la polémica persistió, pues el arrianismo tuvo mucha fuerza con el apoyo de Eusebio de Nicomedia, un obispo influyente e intrigante que consiguió el favor de Constancia, hermana del emperador, para la causa arriana y llegó a persuadir a Constantino de que el verdadero obstáculo para la unidad religiosa del Imperio lo constituían los defensores de la fe de Nicea. Se inició una persecución a los principales obispos nicenos. Muchos de ellos se vieron despojados de sus sedes. Además, Constantino rehabilitó la corriente arriana como doctrina legítima en el Concilio de Tiro y Jerusalén (335-336 d.C.), que no consta en las listas oficiales de concilios. Esto supuso el destierro de Atanasio de Alejandría, uno de los principales obispos anti-arrianos, acusado de usar el envío de grano desde Egipto a Constantinopla como chantaje en una discusión sobre teología. Osio de Córdoba, ya anciano, fue obligado por el emperador Constante a comparecer ante un concilio arriano que le persiguió, azotó y atormentó para obligarle a condenar a san Atanasio. El obispo se negó y fue desterrado a Sirmio, en Panonia, donde murió en 357 d.C. con 101 años.

Constancio y Valente, sucesores de Constantino, defendieron también el arrianismo hasta el año 381 d.C, cuando durante el Primer Concilio de Constantinopla se condenó el arrianismo. No obstante, el arrianismo no desapareció del todo, pues pervivió entre los godos y otros pueblos germánicos. En Hispania el arrianismo se mantuvo vigente a través de los suevos, vándalos y arrianos. Los visigodos fueron arrianos hasta el año 587 d.C., cuando se produjo la conversión al catolicismo de Recaredo y, con él, de la nobleza goda del reino visigodo de Toledo. La conversión del pueblo hispanogodo al catolicismo se formalizó durante el III Concilio de Toledo del año 589 d.C.

Vía| Granado Bellido, Carmelo: El Concilio de Nicea. Facies Domini: Revista alicantina de estudios teológicos, ISSN 1889-5662, Nº. 3, 2011, págs. 401-444

Más Información| E. Backhouse & Y.C. Tyler. Historia De La Iglesia Primitiva. Editorial Clie, España, 2004. p. 365-366; Sujetos a la Roca; Gecoas; El Concilio de Nicea

Imágenes: Nicea

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