Historia 


El comercio de estaño, ¿tartesios o fenicios?

A la hora de establecer quiénes serían los encargados de trasladar el estaño hasta tierras situadas en la órbita fenicia, las fuentes nos mencionan tres pueblos diferentes. De esta manera, relacionados con el comercio del estaño atlántico nos encontramos a los fenicios, a los tartesios y a un tercer pueblo “que construyen siempre sus embarcaciones con pieles cosidas, y muchas son las veces que recorren el vasto mar sobre el cuero”.

Los habitantes tanto de las Estrímnidas como de las Casitérides se encargaban de llevar sus productos hasta una zona de intercambio alejado de sus costas, viajando en barcos de cuero. En esos lugares se procedería al trueque de estaño, plomo y pieles por productos llevados desde el suroeste: cerámica, sal y utensilios de bronce. El problema llega cuando tenemos que establecer quiénes serían los encargados de trasladar los productos desde este lugar de intercambio hasta la zona de Gadir, ¿los tartesios o los fenicios? Para hablar de esto, hemos de mencionar la existencia de dos rutas comerciales desde el suroeste hasta el noroeste en busca del metal: la ruta marítima y la ruta terrestre, caminos que los comerciantes tendrían que recorrer hasta acceder al punto de intercambio de mercancías.

Barco fenicio (Mazarrón)

Barco fenicio (Mazarrón)

Con respecto a la ruta marítima, Avieno nos dice que “también los tartesios acostumbraban a comerciar hasta los límites de las Estrímnidas”, palabras que articularon la idea de que los tartesios eran expertos navegantes, llegando a ser tan experimentados que los mismos fenicios habrían aprendido de ellos para poder llegar por sí solos hasta las Casitérides. Otro punto importante a tratar con respecto a la tradición naval tartesia es lo que tanto Pausanias como Solino nos hacen llegar: la primera y legendaria emigración ibérica a Cerdeña. Por un lado Solino nos dice que “no hay por qué decir que Sardo fue engendrado por Hércules y Nórax por Mercurio, cuando llegaron hasta estos confines (Cerdeña) el uno procedente de Libia, el otro viniendo desde Tartesso, en Hispania, y que de Sardo recibió la isla su nombre, de Nórax la ciudad de Nora”, mientras que, por otro, nos aparecen las palabras de Pausanias, “después de Aristeo, cruzaron los iberos a Cerdeña con Nórax como jefe de la expedición, y fundaron la ciudad de Nora. Recuerdan que ésta fue la primera ciudad de la isla. Dicen que Nórax era hijo de Eritea, hija de Gerión, y de Hermes”. Si los tartesios fueron capaces de llegar hasta la isla de Cerdeña en la Edad del Bronce no nos debería extrañar que también fueran capaces de comerciar desde esos tempranos momentos con el estaño atlántico. Sin embargo dudamos de la veracidad de una potencial naval tan importante para el reino de Tartessos; más aún cuando es precisamente Cerdeña la isla mediterránea que sería fundada por libios y tartesios, puesto que en esta isla se han encontrado depósitos que contienen objetos de procedencia occidental, y que pueden relacionarse con el comercio atlántico-mediterráneo que comunicaba ambas orillas para proceder al intercambio de metales durante la Edad del Bronce.

Sobre las posibilidades náuticas de los tartesios, estas remotas navegaciones son difíciles de demostrar debido a la escasa tradición marinera del suroeste peninsular: sólo adquirió importancia tras la instalación en estas tierras de los fenicios, concretamente tras la creación del puerto de Gadir, base de las operaciones mercantiles entre el Atlántico y el Mediterráneo. Estando así las cosas, parece ser que los tartesios no participaron de manera directa en un comercio del estaño, pudiendo llegar a formar parte de él como parte integrante del sistema comercial gaditano.

Por otro lado, Estrabón nos comunica que “antes eran los fenicios los únicos que explotaban este comercio (del estaño) desde Gádira, ocultando a todos su ruta”, estableciendo que fueron ellos mismos los que se encaminaron hacia las Casitérides o Estrímnidas en busca del estaño. Ante esto, además, nos encontramos con la dificultad añadida de que los comerciantes llegados del sur se dirigirían hacia un punto intermedio donde comerciar, por lo que nunca llegaron hasta las fuentes del metal. Sin embargo, la lectura del pasaje de Estrabón merece dos lecturas diferentes: o bien la ruta que los fenicios mantenían oculta era la que llevaba hasta las propias Casitérides, o bien era la que se dirigía hacia ese punto geográfico donde se llevaba a cabo el trueque de las mercancías. Con todo, ninguno de los dos sitios ha podido ser localizado de una manera fiable.

Debido a todo lo dicho, tan sólo conocemos el punto de llegada de los cargamentos de estaño, que se situaría en Gadir, mientras que desconocemos el punto de partida, esto es, tanto la situación de las Casitérides como del lugar exacto donde se procedería al trueque de las mercancías. Esto sería así debido, fundamentalmente, al hecho de que los comerciantes no llegarían hasta los lugares de explotación, sino hasta un punto intermedio destinado al intercambio y que se situaba en las cercanías del cabo Arvio, lugar se ha situado en la desembocadura de los ríos Vouga o Duero. La colonización fenicia de la costa atlántica peninsular sirvió para conseguir tanto mercados nuevos como un mejor control de las cuencas mineras de Extremadura y Portugal, ricas tanto en estaño como en oro y cobre, motivo por el que podemos plantearnos el claro conocimiento fenicio de dónde se hallaban las fuentes del estaño, al menos a partir de cierto momento, esto es, durante el período plenamente colonial, no en la fase de precolonización.

Cancho Roano: reconstrucción

Cancho Roano: reconstrucción

Con respecto a la ruta terrestre, Escimno de Quíos establece que fueron los tartesios los encargados de transportar el estaño desde las reservas aluvionarias de la Céltica hasta el suroeste. Así es como se ha afirmado la existencia de penetraciones fenicias en el interior peninsular mediante intermediarios indígenas. Estas penetraciones se llevarían a cabo bien a través de las vías fluviales desde la costa atlántica, bien a través de las vías terrestres. Con respecto a estas últimas se ha defendido la idea de que desde el sur se articularían una serie de caravanas organizadas de carros, protegidas con partidas armadas, cuyo objetivo sería comerciar directamente con los centros de producción de estaño. Es probable que estos centros de intercambio de productos se situaran más al sur, de forma que edificios como Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz) pudieron surgir como centros comerciales edificados bien por arquitectos fenicios, bien por indígenas asesorados por fenicios, con la función de ejercer de centro de intercambio entre el norte y el sur de la península. De este modo los indígenas del norte se trasladarían hasta una zona neutral, amparada, según parece, por algún dios que nos es desconocido, para intercambiar sus productos con gentes llegadas del sur, que podían ser bien esos intermediarios tartesios, bien los propios fenicios. Estos edificios podrían haber constituido en sus comienzos verdaderos centros de mercado que conjugarían la explotación de recursos tanto metalogénicos como agropecuarios, así como el control de las principales rutas naturales hacia la Meseta. Además, si a esto le sumamos las teorías acerca de la colonización agrícola que habla de colonos fenicios asentados en el interior de la península extendiéndose por el valle del Guadalquivir y puede que llegando más al norte, nos encontramos con un amplio territorio donde el factor oriental se hace evidente y donde entender los contactos entre fenicios e indígenas se nos haría más fácil.

Vía| ALVAR, J. (1980) “El comercio del estaño atlántico durante el período orientalizante”, MHA IV; AUBET, M. E. (1997) Tiro y las colonias fenicias de occidente. Edición ampliada y puesta al día, Barcelona; ALVAR, J. (1981) La navegación prerromana en la Península Ibérica. Colonizadores e indígenas; FRUTOS REYES, G. (1983) “Directrices comerciales del Gadir fenicio desde su fundación a la caída de Tiro (1100-573 a. C.)”, Gades 11; WAGNER, C. G. / ALVAR, J. (1989) art. cit. págs. 61-102; C. G. WAGNER / J. ALVAR (2003) “La colonización agrícola en la península Ibérica. Estado de la cuestión y nuevas perspectivas” en C. GÓMEZ BELLARD (ed.) Ecohistoria del paisaje agrario. La agricultura fenicio-púnica en el Mediterráneo.

Imagen| Barco fenicio (Mazarrón)Cancho Roano: reconstrucción

En QAH| Causas que llevaron al fin de Tartessos, Expansión fenicia a Occidente: causas, La fundación de Gadir, Los metales de Iberia: las fuentes y la arqueología

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