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El Coliseo del siglo XXI

En el centro de la ciudad de Roma se yergue un imponente monumento del siglo I, conocido por todos los europeos y algún que otro americano amante de la historia. Éste era el punto de encuentro de 50.000 espectadores que compartían eufóricos su pasión por la lucha entre gladiadores. Paralelamente, en una época menos sangrienta pero tan ansiosa como hace siglos, de lucha entre titanes, en plena ciudad de Barcelona, se alza una ovalada construcción con gradas con capacidad para albergar a más de 90.000 espectadores. Se nos insiste en los libros de historia en que hemos cambiado, en los documentales en que el hombre ha ido evolucionando. Ya no caminamos a cuatro patas sino que nos esforzamos por andar rectos, sin encorvar los hombros. Ya no hay pinturas rupestres, pero si una incipiente moda de grafittis callejeros y artistas que exponen orinales en museos. El hombre ha dejado de ser teocéntrico para convertirse en amante de su cuerpo, en adorador de su persona, de su ego y de las infinitas herramientas de las que dispone para cambiar el mundo.

Estadio del FCB

Pero esta noche, una muchedumbre enloquecida se agolpará a las puertas del Camp Nou para adentrarse en el Coliseo del siglo XXI en el que las bufandas azulgranas y madridistas serán las protagonistas. Los silbidos, el griterío y una misma esperanza por que gane su equipo serán las damas de honor de esta tregua con la historia en la que se nos hace creer que los gladiadores han tornado, que la verde hierba cuidadosamente acondicionada para el gran momento será el lugar específico en el que el pueblo decidirá si un gladiador vive o muere, o mejor dicho, si el gladiador del sigo XXI sigue viviendo a sueldo de oro o muere para siempre, dejándose caer en el olimpo de las grandes promesas del fútbol. Nadie hablará en los mercados romanos de la victoria del gladiador pero muchos twittearán el merecido o injusto resultado del partido. El César no dictará sentencia ni alabará la impresionante astucia del mejor de los gladiadores al pelear contra los leones, pero Guardiola si que comparecerá en rueda de prensa para elogiar la picardía de Messi, su jugador por antonomasia.

No es Messi el que cuando hablamos de gladiador, primero se nos viene a la mente. Pero sí, Russell Crowe. No obstante, al oír esta palabra las asociaciones de nuestro cerebro deberían llevarnos hasta la nítida imagen de una espada, significado del vocablo Gladius y representación del hombre que lucha. La espada era símbolo insalvable del valor y arma defensora del honor. A día de hoy, eso sí todavía amantes del trueque y del sinsentido, hemos optado por cambiar estas dos palabras por las de dinero y fama. Y al mismo nivel, aunque a un lado y otro de la balanza, colocamos el honor y el dinero, porque a fin de cuentas para muchos parece valer lo mismo.  Cueste lo que cueste y con o sin “Coca-Colas patrocinadoras”, nos dejaremos llevar por el entusiasmo compartido de los distintos colores del fútbol. Y por una noche, El Coliseo o Anfiteatro Flavio, como se le denominó en un origen en honor a la Dinastía Flavia de emperadores que lo construyó, dejará de ser eje de miradas de todos los turistas, que en esta ocasión centrarán su atención en la Barcelona de Gaudí, quiero decir… de Guardiola. Aunque el de mañana no sea un partido “Veni, vidi, vici” (vine, vi, vencí) y a nadie se le oirá decir “bueno, lo importante es participar”, solo queda esperar el resultado y como en muchas costumbres de la antigüedad abusar de los ritos casi religiosos y de una esperanza desaforada por que gane tu equipo.

 

Imagen| Camp Nou, El Coliseo

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