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El caso Snowden pone a Estados Unidos contra las cuerdas

Edward Snowden busca asilo y parece saber dónde encontrarlo. El ex consultor de la Agencia de Seguridad Nacional, en estos momentos el hombre más buscado de Estados Unidos, ha sido capaz de poner en jaque a la potencia más poderosa del mundo. Y no sólo eso,  también está tensando ciertas cuerdas con cada uno de sus pasos, que podrían iniciar una crisis diplomática global.

Snowden salió de Hong Kong con destino a Rusia y ha solicitado asilo en Ecuador.

Desde que a finales de mayo el que fuera agente de la CIA entre 2007 y 2009, pidió una excedencia en su trabajo como consultor de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) con destino a Hawai,  ha sabido jugar estratégicamente sus cartas, bien asesorado por figuras como Julián Assange o el juez Baltasar Garzón. Este último, a pesar de mostrar su apoyo a Snowden, ha declarado que no se hará cargo de la defensa del caso, como se especuló en un principio.

Los acontecimientos se han sucedido de forma tan inesperada que dejan a Washington un estrecho margen de maniobra.

Por un lado las revelaciones de espionaje a ciudadanos estadounidenses han abierto un dilema moral  en la opinión pública ante una cuestión clave ¿Pueden verse restringidas las libertades individuales con  el pretexto de preservar la “Seguridad Nacional”? Por otro lado, Estados Unidos ve afectada su legitimidad ante la comunidad  internacional. En la misma medida  se ve implicado  también Reino Unido, con la reciente filtración  de Snowden al  diario ” The Guardian”  sobre la existencia de una red de espionaje británico  en las cumbres del G20 del año 2009.

El caso Snowden subraya las dificultades de Estados Unidos para imponer su voluntad o si lo preferimos, pone de manifiesto  las limitaciones de su autoridad diplomática.  Y es que lo que impera en este asunto no es exclusivamente la defensa de la libertad de expresión (China, Rusia o Ecuador, no son grandes baluartes de estos derechos) sino más bien la lucha de poderes entre potencias que arrastran viejas rivalidades. Eso sí, a través del  soft power o poder blando.

La impredecible huída

El paradero actual del ex agente de la CIA es en teoría la terminal internacional del aeropuerto  de Sheremeteivo, el segundo más importante de Rusia.  El destino al que se dirige es una incógnita.  Los posibles destinos serían en primer lugar Quito, donde Snowden ha pedido asilo político  o quizás Caracas (Maduro ha declarado su solidaridad con el prófugo).  Sin embargo, desde el aeropuerto de Moscú no hay vuelos directos a Ecuador o Venezuela por lo que la otra opción sería La Habana, Cuba.

Lo que es seguro, según ha afirmado el Presidente Vladimir Putin, es que no será extraditado. Según sus palabras ” Snowden no ha cometido ningún crimen en el territorio de la Federación Rusa y cuánto antes decida su destino mejor tanto como para él como para nosotros”.  Una afirmación medida pero contundente, que intenta no aludir a  razones políticas, sino a imperativos legales.

Barack Obama y Vladimir Putin ya mostraron sus desavenencias sobre la crisis siria en la Cumbre de Irlanda del Norte

Ni la demanda penal presentada por el Gobierno de Estados Unidos, en la que se  acusa  al ex agente de espionaje, robo y acceso a propiedad del Gobierno (estos tres delitos no están tipificados como traición en la Constitución de EE.UU ) ni la invalidación de su pasaporte norteamericano ( Ecuador le ha proporcionado un pasaporte de refugiado)  han conseguido  que sea detenido en virtud de una orden de arresto provisional.

Washington por su parte ha endurecido su retórica, asegurando que si Rusia no colabora tendrá “consecuencias en sus relaciones bilaterales” y ha recordado que su gobierno  ha trasladado a siete presos a Rusia en los últimos dos años,  por lo que exige “reciprocidad”. La situación se tensa aún más si añadimos las recientes diferencias entre los dos países ante la guerra en Siria, lo que posibilita que la figura de Snowden se convierta en un catalizador para la confrontación entre los dos países.

China tampoco se libra de las acusaciones: Según ha declarado el portavoz de la Casa Blanca “la elección deliberada de dejar escapar a Snowden  tendrá un impacto negativo incuestionable”.  El presidente Xi Jinping dejó volar al ex agente, el pasado tal 23 de junio desde Hong Kong a Moscú  aludiendo a un “tecnicismo” en la solicitud de extradición.  De esta forma el gigante chino dejaba cierta autonomía a Hong Kong con la lógica de “un país, dos sistemas” y se deshacía de un problema que podría haberle causado graves confrontaciones con Estados Unidos.

Ecuador, el otro país implicado, no tiene miedo a posibles represalias, y desde que Snowden solicitó asilo político, Rafael Correa ha mostrado predisposición a tratar la propuesta con “absoluta soberanía”.  Una postura que ha generado diversas críticas,  en un momento en el que acaba de  aprobarse en el país una ley de prensa considerablemente restrictiva.  Según palabras del Presidente  “Snowden ha contado terribles cosas que se hacían contra  todos los ciudadanos del mundo”, a lo que añade su temor por las consecuencias de sus actos ante la justicia estadounidense.

Consecuencias de las que también alerta Amnistia Internacional. En un comunicado, la organización de defensa de los Derechos Humanos  advierte además de que el prófugo puede ser “maltratado” si es extraditado a su país.

Recordemos el caso de Bradley Manning, el joven analista acusado de filtrar un video de la Guerra de Irak, en el que se grababan asesinatos a civiles. Manning fue acusado por el Pentagono, encarcelado en Kuwait  y luego trasladado a una prisión militar en Estados Unidos donde aún espera el inicio de un juicio marcial. El ex-agente ya se ha comparado con él y de ser detenido, podría acabar en su misma situación.

Para muchos un héroe, para otros traidor,  lo cierto es que Snowden está avivando tensiones diplomáticas que nos recuerdan a la sistemática de la Guerra Fría -cuando los espías pro-estadounidenses y pro-URSS eran perseguidos por sus propios países y recibían asilo en su rival-  Y es que esta situación, que de momento se está tratando con cierta cautela, puede enfrentar  de manera seria a Washington,  China, Rusia y sus aliados latinoamericanos.

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