Historia 


El Carlismo y su evolución histórica

Carlos María Isidro, el pretendiente carlista original

Carlos María Isidro, el pretendiente carlista original

La muerte del rey Fernando VII de España (1833) supone el origen del carlismo, un movimiento sociopolítico que reivindicó al hermano del rey, Carlos María Isidro, como legítimo heredero de la Corona (con el nombre de Carlos V), y no a su sobrina, la hija de Fernando VII, la que sería Isabel II gracias a la abolición de la Ley Sálica. Comparándolo con otros movimientos anti revolucionarios, el carlismo representa los sentimientos anti liberales más fielmente, ya que aboga por una continuidad del sistema monárquico absolutista y el sistema social del Antiguo Régimen. Básicamente, este movimiento tiene su mayor periodo de auge entre 1833 y 1874 (año de inicio del periodo de la Restauración), a pesar de la muerte de su primer y principal pretendiente carlista al trono, y sin que eso signifique que no se adapte en los tiempos de la Restauración, aunque siempre como fuerza anti sistema que participa en las elecciones.

Posteriormente a este régimen, va a resurgir en la Guerra civil española, para después ser integrado como partido en las filas del movimiento falangista tradicionalista. Asimismo, cabe destacar que durante el franquismo pierde fuelle, pero sigue existiendo aun en la actualidad del siglo XXI como una opción reducida en algunas minorías del norte de España. Centrándonos en su periodo de mayor actividad, tras el abandono de su primer pretendiente en 1845, le van a suceder como candidatos carlistas hasta 1936 cinco pretendientes: Carlos Luis de Borbón y Braganza (como Carlos VI, entre 1845 y 1860), Juan Carlos de Borbón y Braganza (como Juan III, entre 1860 y 1868), Carlos María de Borbón y Austria-Este (como Carlos VII, entre 1868 y 1909), Jaime Pío de Borbón y Borbón-Parma (como Jaime III, entre 1909 y 1931), y Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este (como Alfonso Carlos I, entre 1931 y 1936).

Carlos Luis de Borbón y Braganza, segundo pretendiente carlista

Carlos Luis de Borbón y Braganza, segundo pretendiente carlista

A lo largo del tiempo, el carlismo se va transformando, experimentando escisiones y haciendo pactos, renovándose. La principal transformación es que pasa de ser un movimiento contra revolucionario anti liberal a un movimiento que participa en la vida política del liberalismo, y dentro de la sociedad de masas. La conexión contra revolucionaria heterogénea de anti liberales con las pretensiones al trono de Carlos María Isidro de Borbón son los que originaron el carlismo, pero ya durante el sexenio democrático (1868-1874) y en la Restauración (1874-1923) se les conoce como los tradicionalistas, formando grupos políticos similares a las casas del pueblo del socialismo. En la Segunda República española (1931-1936/1939) el partido resurge como la Unión Tradicionalista, siendo el reducto de lo que queda del carlismo. Cabe destacar que este movimiento tiene semejanzas con otros que se dan en otros lugares europeos, como La Vendée, grupo anti revolucionario que surgió durante la revolución francesa sobre todo en entornos rurales; o algunos movimientos políticos de la revolución mexicana de 1910.

Jaime Pío de Borbón y Borbón-Parma, como quinto pretendiente carlista

Jaime Pío de Borbón y Borbón-Parma, como quinto pretendiente carlista

Sin duda, una de las características más notables del carlismo es su pervivencia en el tiempo. Aquí quisiera remitirme al historiador Jordi Canal para explicar las cuatro causas que, según su opinión, explicarían la alta perdurabilidad de este movimiento en el siglo XIX y XX:

  1. La adaptabilidad política del carlismo a lo largo del tiempo y en diferentes contextos, haciendo pactos para poder sobrevivir participar en la vida política liberal. Prueba de esto es que se pasa de tener tres guerras en el siglo XIX isabelino (1833-1840, 1846-1849, 1872-1876) a integrarse como espacio político minoritario en la Restauración, ya que entienden que la única manera de conseguir su objetivo de acabar con el sistema es desde dentro.
  2. La vaguedad y la imprecisión de su programa político, más allá de una defendida firmeza de sus principios (Dios, Patria y Rey), siendo entendidos como elementos emocionales.
  3. El carácter de amalgama del carlismo, ya que es capaz de captar y dar sentido a una gran y variada gama de descontentos (la vuelta al antiguo orden social, la reivindicación de derechos forales perdidos, la defensa de la religión y la monarquía…)
  4. La capacidad de reproducción del mensaje con la que cuenta, inculcando sentimientos, valores, experiencias, por medio de difusión de mitos y lealtades.

Por otra parte, hay que decir que es un movimiento socialmente heterogéneo, compuesto de campesinos, clero, nobleza, estudiantes, comerciantes, juristas, propietarios… La geografía que abarca no ha cambiado, siendo básicamente el norte peninsular. Según Jordi Canal, algunas de las zonas van a experimentar un proceso de “carlistización”, como Navarra, en la que se forman guetos carlistas en los que existe una cultura política muy enraizada que permite su auto reproducción. Ya en el seno de la política liberal, su actuación va a estar dirigida a movilizar esa nueva derecha modernizada a través de rituales, conmemoraciones, espacios de sociabilidad, la prensa… Por último cabría decir que en los años 30, durante los años de la República y Guerra Civil, su actividad estuvo orientada hacia el activismo paramilitar y la insurrección.

En colaboración con QAH| Historiae Heródoto

Vía| CARR, Raymond (2006): España 1808-1975. Editorial Ariel Historia, Barcelona; CANAL i MORELL, Jordi (2000). El carlismo. Alianza Editorial, Madrid.

Imagen| Carlos María Isidro; Carlos Luis de Borbón y BraganzaJaime Pío de Borbón y Borbón-Parma

En QAH| Las pretensiones carlistas al trono español ; ¿Cómo comenzó la primera guerra carlista?

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