Historia 


El Caribe en el siglo XVI: encrucijada geoestratégica

En octubre de 1492, tras la llegada de Colón a las Antillas, comenzaba una larga andadura para la Historia Universal a través de las nuevas tierras americanas. El Caribe antillano, y sobre todo la Isla de La Española, se convertirían en la puerta de entrada a las nuevas oportunidades que se ofrecían a los europeos en aquellas tierras, siendo a la vez vanguardia de las primeras experiencias de conquista-colonización del periodo hispánico en América.

Reconstrucción del viaje colombino

Reconstrucción del viaje colombino

Hemos de entender que el Caribe como tal abarca muchos más territorios que las Antillas, alcanzando la costa norte de Suramérica, o las tierras del Golfo de México hasta la mismísima Península de Florida. Sin embargo, la organización territorial por parte de la Monarquía Hispánica en esas regiones correspondería a lo que Hernández Sánchez-Barba señalaría como un “concepto insular“, una visión adscrito al Caribe por los españoles a su llegada, la cual perduró durante muchos años después, trasvasándose ese concepto a los distintos territorios continentales como resultado de la colonización costera de territorios como la actual Colombia o Venezuela.

Se trata por lo tanto de una percepción a modo de “islas” que iría más allá del concepto geográfico, asumiéndose también al describir en las cartas los distintos territorios continentales, los cuales irán encajando en el concepto de gran territorio a medida que avancen los descubrimientos. Podemos entender este concepto al ver las distintas características y funciones dadas a cada territorio, o al establecer los asentamientos en las zonas costeras, evitando en buena medida traspasar las barreras naturales que suponen las sierras costeras del sur del Caribe, por ejemplo, lo cual daría un halo de aislamiento del conjunto a cada rincón del Nuevo Mundo. Esto provocaría una cosmovisión a lo largo del siglo XVI de una América centrada en el Caribe, compuesta por un determinado número de Islas, bien en el sentido estrictamente geográfico del término o bien en el sentido urbanístico, las cuales suplen una función de avanzadilla ante las siguientes exploraciones, junto a la funcionalidad de centro colector de los recursos explotados.

Mapa_del_Caribe_y_América_Central_(Siglo_XVI)

Carta del Caribe, siglo XVI

Esta caracterización geográfica del Caribe a nivel económico variará a lo largo del siglo XVI, a medida que el avance exploratorio de pie al descubrimiento y definición de los recursos que las tierras americanas ofrecen a la Corona Hispánica. De esta manera, las primeras explotaciones de oro fluvial o de plantaciones primigenias de productos varios, darán paso a una concentración de la minería en el continente, o a una reconversión de las economías locales antillanas hacia la ganadería o la industria azucarera. Buen ejemplo de esto lo dará Santo Domingo, la cual agotó pronto los recursos de oro fluvial, obligando hacia el final del primer tercio de siglo a una reconversión de la economía basada en la ganadería y la producción de cueros en el norte de la Isla, o en las plantaciones azucareras en el sur, en líneas generales. Así, en términos económicos, la región caribeña supuso un importante punto a controlar y organizar por la Monarquía Hispánica, junto con un aliciente importante para sus contrarios a la hora de debilitar sus líneas económicas.

Cómo decíamos, las Antillas Mayores se perfilaron como la puerta de entrada a los territorios americanos hasta mediados del XVI, momento en que decrece su protagonismo ante el desarrollo de la conquista en el Continente, lo que da pie a la aparición de nuevos focos de importancia en América. La Isla de La Española sería la puerta donde recalarían las naves procedentes de la Península, convirtiéndose Santo Domingo en un puerto de gran importancia. Sin embargo, el descubrimiento de los yacimientos y explotaciones del continente darían pie a la aparición de asentamientos como Veracruz en el Golfo de México, o los distintos poblamientos españoles en el Yucatán (Salamanca de Campeche, Valladolid, etc.). De igual manera se vieron desarrollos urbanos en el Caribe sur continental: Santa Marta, Río Hacha, Cartagena de Indias. Estos terminarían por copar la importancia de los núcleos dominicanos a medida que adquieren una mayor importancia para la estrategia comercial y económica de la Corona, basada sobre todo en la conducción de los metales americanos a determinados puertos para su posterior transporte.

En este sentido cabe destacar la importancia del establecimiento hacia los años 30-40 del XVI, del Sistema de Flotas. Este sistema modificará los ejes de navegación caribeños, desplazando también las políticas defensivas, al centrar los esfuerzos en la protección de las Flotas y de los puertos donde debían recalar tanto estas como los metales que iban a cargar.

Todo ello convierte por lo tanto al Caribe en una región en movimiento, con una importancia vital para el mantenimiento económico de la Corona. Sin embargo, esa importancia y el rápido desarrollo de la conquista y colonización, daría pie a una desatención en las políticas americanas de la región antillana, algo que favorecería las políticas navales de las potencias contrarias a la Corona española.

Vía| ALFONSO MOLA, Marina y MARTÍNEZ SHAW, Carlos. Defensa naval de los Reinos de Indias. En: O’DONNELL Y DUQUE DE ESTRADA, Hugo (coord.). Historia Militar de España, vol.3, tomo 1. Madrid: Ediciones del Laberinto-Ministerio de Defensa, 2009

BETHELL, Leslie. Historia de América Latina. Barcelona: Crítica, 2000

CASSÁ, Roberto. Historia social y económica de la República Dominicana. Tomo I. Santo Domingo: Buho, 1987

HERNÁNDEZ SÁNCHEZ-BARBA, Mario. El Mar en la Historia de América. Madrid: Fundación MAPFRE, 1999

MOYA PONS, Frank. Historia Colonial de Santo Domingo. Santiago: Universidad Católica Madre y Maestra, 1977

Imagen| Mapa del Caribe (siglo XVI), Viaje colombino,

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