Historia 


El capitán Arenas: El último hombre en pie

 La Valentía y el Heroísmo han sido tradicionalmente consideradas como las virtudes propias y conditio sine qua non del guerrero ya fueran examinadas y juzgadas por Ares, Marte, Odín o cualquiera de los dioses antiguos del panteón mitológico de turno. Por esta razón, han funcionado habitualmente como única y principal llave a la Gloria militar y al respeto y admiración civil, dando por el camino a través de las guerras modernas diversas frases o refranes de la tradición castrense como lo es la archiconocida: el valor, se le supone.

Por otra parte y debido a la falta de figuras en quienes reflejarse y a quienes rendir homenaje, la mayor parte de las naciones no han dudado en exaltar, muchas veces exageradamente, las hazañas heroicas y el patriotismo de sus combatientes, muy especialmente en los momentos de baja moral en las batallas o para inspirar a las tropas. Otra de las razones más habituales en la creación, de novo, de héroes ha sido la caída en picado de la popularidad de los gobiernos a causa de escándalos, para tapar las incompetencias propias del mando militar o bien como cortina de humo ante derrotas bélicas inminentes. Todo ello ha contribuido al ascenso de figuras heroicas, fundamentalmente en los países anglosajones que han sido expertos en explotar repetitivamente, y especialmente con la aparición del cine y la televisión, la imagen del héroe militar romántico, muchas veces deformando considerablemente la veracidad de los hechos o cortando a medida la Historia con el patrón que más les convenga siempre que la hazaña tenga tirón mediático.

En cambio y desgraciadamente, otros países entre los que vergonzosamente destaca el nuestro han hecho todo lo necesario para proveer las hazañas nacionales militares de una buena capa de desinterés, indolencia y descuido; es más, tratando incluso de borrarlas de la memoria de su sociedad civil. Debido a esta flagrante inanición de los sucesivos ministerios de educación, corresponde, la mayor parte de las veces, a los familiares de los héroes el gran privilegio de hacer públicas y notorias las osadas proezas de sus parientes.

En la Guerra del Rif, durante una de las más encarnizadas y desgastadoras contiendas recordadas en las que nuestro país ha participado, destacó un valiente capitán de ingenieros español que defendió tan solo como impasible una batería de cañones mientras sus compañeros heridos se replegaban a Monte Arruit.

Capitán Félix Arenas

Capitán Félix Arenas Gaspar.

Don Félix Arenas Gaspar, hijo de un militar con el que compartió no solo nombre y profesión sino también rango en el ejército, nació el 13 de diciembre en la que era la colonia española de Puerto Rico en 1892 y con tan solo catorce años ingresó en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, siendo promovido a teniente a los dieciocho. En octubre de 1913 fue enviado, en principio temporalmente, como agregado en el Servicio de Aerostación situado en Tetuán para combatir en la Guerra de África. Tiempo después, a los veintiún años, fue ascendido a capitán, rango con el que sería siempre recordado y homenajeado en el futuro. En los siguientes años regresó a España para completar sus estudios marciales en la Escuela Superior de Guerra y posteriormente en el Regimiento de Caballería de Valencia, obteniendo el definitivo empleo de capitán de ingenieros en 1915.

En 1919, fue destinado a la Comandancia de Ingenieros de Melilla, primero en la 2ª Compañía de Zapadores destacando como visionario de las fortificaciones y más tarde en la Compañía de Telégrafos de la Red Permanente de Melilla inspeccionando las comunicaciones de las diferentes posiciones a su cargo.

El 23 de julio de 1921, tras el Desastre de Annual el día anterior, la Comandancia de Melilla se derrumbó y el capitán Arenas partió inmediatamente acompañando al teniente coronel Ugarte que dirigía parte de la retirada española a Dar Drius. En el camino a Batel, se tropezaron con un Escuadrón de Cazadores del Regimiento Alcántara en retirada que les informaron que el camino que llevaba a Dar Drius estaba tomado por el enemigo. El capitán Arenas y su íntimo amigo el capitán Aguirre dejaron su automóvil en una columna de camiones de transporte de heridos que regresaban a Melilla y a galope de caballo se dirigieron a Monte Arruit. En el polvoriento camino que llevaba a su posición de destino, los dos capitanes se encontraron con un sargento de infantería herido en una pierna y que perdía sangre por la extremidad con peligrosa velocidad; el capitán Arenas no dudó en cederle su caballo a aquel desconocido mientras él mismo regresaba a Tistutin donde tomó el mando de la posición y trató de restablecer las comunicaciones telegráficas con Monte Arruit.

El capitán Arenas defendiendo una batería, de Augusto Ferrer-Dalmau

El capitán Arenas defendiendo una batería, de Augusto Ferrer-Dalmau

Los combates cada vez se volvieron más violentos y los heridos se apilaban mientras los rifeños avanzaban y ponían en peligro la posición; de hecho, para el día 29 de julio la situación era tan insostenible para las tropas españolas que el General Navarro ordenó la retirada general de los soldados a Monte Arruit. Consciente de que el traslado de la tropa replegada sería lento y difícil por el gran volumen y número de heridos, el capitán Arenas solicitó voluntariamente el mando del núcleo de la retaguardia de la columna, al frente de unos 200 hombres. Mientras el grueso de la tropa se retiraba, Arenas y sus valientes soldados contenían ferozmente con grandes esfuerzos y cuantiosas pérdidas al enemigo en persecución. Durante los combates se hizo notoria la serenidad del capitán, situándose siempre en la posición de mayor peligro al frente de sus hombres y concentrando disciplinadamente un fuego continuo de la infantería contra los rebeldes rifeños, que les superaban ampliamente en número.

Mientras la vanguardia de los retirados se acogía a Monte Arruit y ponía a salvo su posición, los soldados de retaguardia quedaron totalmente rodeados por el enemigo y la mayor parte de los defensores cayeron muertos, heridos o prisioneros cuando el grueso de la columna española llegó sana y salva a su destino. La lucha se encontraba en su punto álgido cuando los frentes se rompieron generalizándose en las cuatro posiciones cardinales. El capitán Arenas tomó su fusil y comenzó a combatir como un infante más al tiempo que utilizaba su voz para dirigir y marcar el tiempo de las descargas de sus hombres. Uno de sus subordinados, el alférez Maroto, cayó herido y así el capitán Aguirre se lo cargó al hombro, herido, para llevarlo hasta la posición segura de Monte Arruit flanqueado y protegido por parte de sus valerosos soldados de retaguardia. En los momentos más caóticos de la desorganizada retirada, el capitán Blanco defendía, a punta de bayoneta, su batería que estaba a punto de ser tomada por los rifeños cuando fue arrollado por sus soldados en la huida.

Cuadro en homenaje al capitán Félix Arenas donde se le ve con la Cruz Laureada de San Fernando, postutamente

Cuadro en homenaje al capitán Félix Arenas donde se le ve con la Cruz Laureada de San Fernando, postutamente

Cuando parecía todo perdido, surgió el capitán Arenas negándose a que la batería cayera, dispuesto a defender los cañones hasta las últimas consecuencias cosa que a la postre consiguió, deteniendo momentáneamente el paso de los rebeldes del Abd el-Krim. Luchó desesperadamente, ya herido, como un león viejo que ve como se acerca su final mostrando una imagen de tal valentía que los propios rifeños se detuvieron asombrados por el extraordinario valor del oficial. Momentos más tarde, uno de los mandos bereberes, ya sea por misericordia o por cobardía, se adelantó y ejecutó al capitán Arenas de un tiro en la cabeza.

Cuando consiguieron entrar en Monte Arruit, los tenientes Sánchez y Calderón, testigos directos de la hazaña del capitán Arenas, pidieron a gritos la Cruz Laureada de San Fernando para su heroico superior, máxima recompensa al Valor, ante el General Navarro y su estado mayor en lo que resultó ser una de las más épicas y memorables imágenes del Honor militar español.

Se le concedió la condecoración a título póstumo.

Vía|Aache, Ejercito

Imágenes|ArenasDefensa, Laureada

En QAH| El Desastre del 98

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