Historia 


El calendario y el horóscopo chinos

El I Ching (El libro del cambio), datado entre el 1000 y el 2000 a.C., se consagraría como el más antiguo de los textos clásicos del pensamiento chino y como uno de los Cinco Clásicos confucianos. En él se nos anuncian algunos de los principios fundamentales de la filosofía taoísta en un texto propiamente oracular. El cielo es el origen de la energía y del orden en la tierra, que sigue un orden cósmico cíclico armonioso siguiendo los principios duales del yin y el yang. Los fenómenos del universo se explican por tanto en base a esta dicotomía: hombre y mujer, luz y oscuridad, cielo y tierra… Por otra parte, los elementos del cosmos se ordenan en torno a cinco agentes naturales -madera, fuego, tierra, metal y agua- y sus relaciones entre sí. Esta será la base en torno a la cual se desarrollarán nuevos conceptos.

El taijitu, símbolo del ying y el yang que representa la alternancia entre las dos energías opuestas que rigen el universo y que, en su interior, contienen el germen del contrario.

La importancia del pensamiento taoísta es que sentará las ideas básicas a partir de las cuales se irá desarrollando el pensamiento chino en todas sus vertientes, no sólo la religiosidad, sino también la filosofía, la política o incluso la ética. Seguir el camino del Tao significa respetar este orden cósmico, alcanzando la armonía con este movimiento sin perturbarlo. Esto era importante no sólo para cualquier súbdito, sino también para la construcción del poder político, habiendo por tanto una presencia de estos elementos tanto en la vida privada como en la pública. El monarca, en su calidad de Hijo del Cielo, era un hombre de virtud trascendental cuya titularidad al frente del trono deriva del favor legado por los cielos. El buen gobernante había de garantizar el respeto al orden cósmico y atender a los augurios de los cielos, so pena de poder perder el favor celestial y por tanto su titularidad al frente del trono.

Así, la tradición taoísta y posteriormente la confuciana, imbricaban la labor del cuerpo de sabios que estudiaban los cielos y los augurios con el entramado burocrático y gubernativo de la monarquía. A partir de la observación durante generaciones de los movimientos de planetas y estrellas los antiguos astrónomos consiguieron encontrar patrones cíclicos en sus trayectorias, permitiendo la elaboración de largos ciclos astrológicos con un profundo significado cosmogónico: el desciframiento de un orden en el universo. El estudio de los cielos seguiría un camino con dos vertientes relacionadas entre sí: el estudio empírico de los movimientos a partir de la observancia y el cálculo; por otro, el desciframiento del significado de los mismos en forma de oráculos y predicciones. Es decir, un desarrollo conjunto de la astronomía y la astrología. Su labor garantizaba que las decisiones políticas y administrativas del gobernante siguieran el camino equilibrado y armonioso del Tao. Pero también proporcionaban los instrumentos necesarios para mesurar el tiempo para poder llevar a cabo tareas administrativas y económicas.

El Shiji o Las Crónicas de la Gran Historia (ca. 91 BC) son un enorme compendio de la historia y la cultura chinas conocidas hasta el momento atribuidas al Sima Tan y su hijo Sima Qian, astrónomos de la corte del emperador Wu de la dinastía Han. En el tratado de astronomía incluido en la obra encontramos una explicación de la estructura del calendario y de los dos ciclos temporales chinos. En primer lugar, los antiguos astrónomos identificaron los cinco elementos, rectores del orden universal, en cinco planetas cuyo movimiento determinaría los ciclos:

ElementoMaderaFuegoMetalAguaTierra
PlanetaJúpiterMarteVenusMercurioSaturno

En este gráfico podemos ver la correspondencia entre los cinco elementos en sus dos estados (yin y yang) y los distintos animales zodiacales, dando lugar a un ciclo sexagenario actual.

Las posiciones de estos cinco planetas junto con el principio dual del Yin y el Yang daban lugar a un ciclo binario de 10 años de los estados del cielo, correspondientes con la posición Yin y la posición Yang de cada planeta. Posteriormente, a cada año se identificó con 12 animales zodiacales, resultando un ciclo  de 60 años.

En lo referido a su forma, el calendario chino difiere significativamente del calendario occidental. Esto se debe a que su doble naturaleza: el calendario tradicional chino antiguo de base lunar, fijando los meses según el estado de la luna; y el calendario solar que permite fijar las estaciones, algo indispensable en una sociedad de base agrícola. El problema a la hora de aunar ambos cómputos es que el mes lunar no se corresponde con la medida del año solar; los meses lunares no permiten una división exacta del año solar. Para ello, se añaden periódicamente (siete veces cada diecisiete años) un mes más llamado mes intercalar con el que se consigue equilibrar la periodización. El resultado es un calendario lunisolar en el que conviven fechas determinadas por los ciclos lunares y los solares que cambian de posición de un año a otro. Dada la complejidad del sistema, el cálculo de las fechas señaladas del año era la principal tarea de los astrónomos imperiales; había de observarse la celebración de los augurios y rituales anuales, la datación de festejos señaladas por la administración y la fijación de los tiempos que determinaban el calendario de trabajo de los agricultores.

Igualmente, la orientación que tomaría la astrología china sería también diferente. En occidente se estudiaba cada caso concreto para determinar los efectos podían provocar la posición de los planetas en el nacimiento de los individuos, que afectarían de manera directa a su naturaleza y su sino. En cambio, en China el proceso era distinto: la elaboración de los calendarios chinos daba como resultado una ordenación del tiempo en un sistema sexagenario que abarcaba años, meses, días e incluso horas. Aunque un individuo podía identificarse con su símbolo zodiacal atendiendo a esta ordenación ya establecida, la finalidad de la astrología china era promulgar un calendario oficial en el que se establecían fechas que ordenaban el tiempo y las tareas de toda la sociedad.

Sin embargo, los principios del horóscopo chino eran lo suficientemente amplios como para poder entenderse también de una manera más abstracta. Los principios elementales que regían las relaciones entre elementos y sus propiedades comenzaron a enriquecer la interpretación del horóscopo, atribuyendo a los individuos nacidos en cada año naturaleza, afinidades o antipatías según su horóscopo. Asimismo, los intercambios culturales introducirían novedades como las prácticas adivinatorias e influencias de otras culturas. Por ello las distintas tradiciones fueron confluyendo en el complejo sistema astrológico y adivinatorio que conocemos a día de hoy.

Actualmente, la astrología china ha sobrevivido combinando su vertiente más erudita (la contenida en textos taoístas como el I Ching) con elementos folklóricos y culturales de distintas tradiciones. Del mismo modo el calendario chino, aunque abandonado oficialmente en 1912, sigue fijando los principales festejos del muchos países. Más allá de su carácter como elementos icónicos de la cultura china, el calendario y el horóscopo chinos recogen la esencia de la astrología y el pensamiento chinos, ayudándonos a comprender su visión del tiempo y del funcionamiento del cosmos.

Vía|FABRE, Pierre. Érase una vez China, Madrid: Espasa Calpe, Madrid, 2006.

GERNET, Jacques. El Mundo Chino, Barcelona: Crítica, 2003.

NAKAYAMA, Shigeru. “Characteristics of Chinese Astrology”, Isis, Vol. 57, nº 5, University of Chicago Press, 1966, 442-454.

WATSON, Burton. Ssu-ma Ch’ien grand historian of China, Columbia University Press, 1963.

WILHELM, Richard. I Ching, El libro de los cambios, Barcelona: Edhasa, 2008.

Imágenes|Wikipedia

En QAH|De la China imperial a la China comunistaLa Pintura China y Qi Baishi

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