Especial Greco, Patrimonio 


El Caballero de la mano en el pecho y su restauración

Cuando hablamos del Caballero de la mano en el pecho solemos pensar en uno de los retratos por excelencia de El Greco, Doménikos Theotokópoulos, una obra enigmática tanto a nivel histórico como a nivel formal. Y es que, desde su traslado al Museo del Prado en 1819 y exhibición en 1839, numerosos escritores y artistas expresaron su interés por la figura de El Greco, revalorizándola y mostrando en sus obras referencias claras a este cuadro.

El cuadro fue pintado en 1580, formando parte de una serie. Las obras pertenecientes a la misma tenían unos fondos grises y neutros, en cambio el Caballero de la mano en el pecho integraba en su fondo un color oscuro, prácticamente negro. Es este color el que llevó a la generación del 98 a interesarse por él, relacionándolo con la España Negra que acontecía en la época, convirtiéndose en una obra de culto.

Imagen del cuadro antes de la restauración de 1996.

Imagen del cuadro antes de la restauración de 1996.

Fue en octubre de 1996 cuando se decidió comenzar la restauración de la obra, una intervención que se convirtió en polémica, llegando incluso a establecerse una comisión en el Congreso de los Diputados. En ella compareció el director del Museo del Prado de aquel momento, Fernando Checa.

La intervención consistió en retirar el fondo tan característico de la obra, incluyendo una firma que en él aparecía, en este caso la del propio Greco. El museo justificó su restauración alegando que la firma situada en la parte inferior derecha del cuadro era falsa, ya que tenía un trazo torpe y presentaba faltas de ortografía. Es aquí donde se comienzan a generar preguntas acerca del porqué de la intervención realizada. Las evidencias que el Museo del Prado expuso fueron desmontadas en la comisión, en la que se presentaron documentos donde varios expertos determinaron que la firma era válida y se justificó que la falta de ortografía de la obra se trataba realmente de una diéresis en la i del nombre en griego de El Greco.

El director del museo continuó con su argumento, alegando que la firma se encontraba en una ampliación realizada en 1858, momento en que el cuadro había sido intervenido, y que el fondo era un repinte realizado en ese momento. Sin embargo, esta justificación también fue rebatida, ya que la obra había sido ampliada en 1858, sino que las dimensiones eran las mismas antes y después de dicha intervención. Además, el restaurador de la obra en el XIX, Vicente Polero,  abogaba por el máximo respeto, utilizando solo barnices en sus trabajos; sin embargo, fue óleo el elemento eliminado por el restaurador del Museo del Prado en 1996.

Imagen del cuadro tras la intervención.

Si bien es cierto que no existen documentos sobre si se repintó el fondo del cuadro, la pregunta que debemos realizarnos es si una obra tan emblemática, con unas características tan determinadas por el fondo y el misticismo que en ella se presenta, que además sirvió como inspiración a varios escritores y artistas, había de ser restaurada de esa forma.

Es aquí donde entran en conflicto los criterios de restauración. ¿Se ha de transformar una obra como El caballero de la mano en el pecho, que toda la población conoce por las particularidades que se quieren eliminar? ¿Se debe realizar una consulta a nivel popular antes de intervenir obras de esta importancia, que son símbolo del arte realizado en el territorio?

 

Vía| Fondoparauncaballero

Más información| Cuartopoder

Imagen| Antes, Después

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