Cultura y Sociedad 


El buen maestro hackea tu emoción

Piensa en el número de asignaturas que has estudiado a lo largo de tu vida. En el número de exámenes, trabajos y ejercicios que entregaste. Y dime qué recuerdas de todo aquello.

Ya te ayudo yo. Casi nada.

Te pregunto el examen de historia de cuando tenías 15 años y lo suspendes con toda seguridad, a no ser que ahora seas tú el profesor…

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Alumno el último día antes del examen, tratando de aprobar el último minuto…

 

Ahora piensa en ese maestro, aquel que tanto quieres, y que te dió las lecciones más valiosas en la vida. ¿Por qué recuerdas esos instantes con claridad? ¿Qué hizo que se quedaran en tu cabeza aquellas lecciones? ¿Por qué unas cosas se te quedaron y otras no?

La respuesta está en tu cerebro. Más concretamente en un lugar recóndito del mismo llamado Amígdala. Ese lugar donde se gestionan las emociones, que todos sentimos pero que casi ninguno comprende. Los buenos maestros hackean tu cerebro y almacenan cerca de allí sus lecciones para tí.

La amígdala (que es del tamaño de un guisante), es la encargada de procesar y almacenar las reacciones emocionales. Es nuestra parte más animal. Es aquella que nos hace retirar la mano del fuego cuando nos estamos quemando (No tenemos tiempo para tomar racionalmente esta decisión), y también la que, en medio de la selva, nos ayuda a sobrevivir cuando no tenemos tiempo de tomar decisones racionales (¿Ese animal es amigo o enemigo? Para cuando la razón ha respondido, la amígdala ya te ha hecho subirte al árbol…)

Cerebro

Dentro del cerebro, la amígdala es la responsable del aprendizaje emocional.

¿Pero qué tiene que ver esto con el aprendizaje? Todo. Ya que la amígdala se encarga de almacenar la memoria asociada a sucesos emocionales. Y estos son los que más a largo plazo retenemos. Seguro que no hubo que repetirte dos veces que con el fuego no se juega, si te quemaste la mano alguna vez. Tu emoción se acuerda. Por eso aprendemos tantas cosas de la gente que más nos quiere (especialmente de nuestras familias…tan importantes en nuestro aprendizaje…y de las que hablaremos otro día).

Y es ahí donde creo que está la gran oportunidad para los maestros de hoy. La mejor forma de enseñar, es conectando emocionalmente con los alumnos. Se aprende mucho mejor (o únicamente…) con un maestro “que te cae bien” , “que te entiende”, que con uno con el que “no conectas”. Los propios profesores deben ser conscientes de la naturaleza del cerebro de sus alumnos para que el aprendizaje tenga un efecto duradero, y no caiga en el saco roto de su memoria a corto plazo. Los maestros deben “hackear” las emociones de sus alumnos, para que su mensaje llegue.

Y para esto es fundamental que el sistema educativo forme a los profesores emocionalmente, y no sólo racionalmente. No sólo hace falta que nuestros maestros sepan qué materia impartir, sino que creo totalmente necesario que conozcan las mejores prácticas para que su mensaje pueda calar en los alumnos, independientemente de que sean ciencias, letras, o historia. Igual que una buena película puede hacerte reír, llorar o morir de miedo, una buena clase debe aspirar a emocionar a los que atienden.

Si consiguiéramos emocionar a nuestros alumnos en las aulas, inspirándoles para encontrar aquello que aman aprender, estoy seguro de que tendríamos un menor abandono escolar, mejores resultados académicos, y sobre todo, hombres y mujeres mejor preparados para seguir aprendiendo toda su vida.

Os dejo un vídeo que os puede servir de muestra:

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Imagen |Sinapsis, Estudiante

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