Economía y Empresa 


El Big Mac más caro del mundo: América Latina y la enfermedad holandesa

Como argentino os puedo decir que América Latina está carísima, y esa no es una buena noticia para muchos empresarios de la región cuyos costos están por las nubes. Varios economistas creen que el continente es víctima de la “enfermedad holandesa”. Aprendamos de qué se trata esta idea.

Un gran amigo mío europeo viajó hace poco a Brasil y me escribió espantado por lo caro que le resultó el país latinoamericano. El índice Big Mac le da la razón: una hamburguesa cuesta 6 dólares en San Pablo (de las más caras del mundo), mientras que en EE.UU. cuesta sólo 4. Sin embargo, el caso brasileño no es la excepción: Argentina, Chile y Uruguay, entre otros, también le resultarán hoy caros a cualquier turista. En este escenario, muchos economistas creen que América Latina está siendo víctima de la “enfermedad holandesa”, de la cual me gustaría darles una breve explicación a los entusiastas lectores de QueAprendemosHoy.

El argumento no es muy complicado, pero primero requiere de una introducción algo abstracta: ¡no se espanten!. Imaginemos que una economía produce y vende 2 bienes al mundo: televisores y granos de trigo. Ahora bien, si se produce un gran aumento en el precio del trigo, entrarán al país muchos más dólares, que generarán una subida en los precios de su economía (la subida se puede dar en la forma de inflación o de apreciación de la moneda, según el régimen de tipo de cambio imperante). Mientras los productores de trigo se llenan de dólares, el país enfrenta el siguiente problema: los fabricantes de televisores también viven en el país, por lo que afrontan ellos también la subida de precios en dólares que se da por la subidadel precio del trigo. Esta situación producirá un aumento enorme de sus costos de producción (en especial el de la mano de obra), haciéndolos perder competitividad en el mercado mundial. Si esta situación persiste, lo más probable es que los productores de televisores terminen quebrando.

Pasemos ahora al mundo real. En la década de 1960, muchas industrias holandesas quebraron luego de que se encontrasen grandes yacimientos petrolíferos en el país. La moneda holandesa se había vuelto tan cara que los productores de manufacturas no petroleras tuvieron que cerrar sus puertas. De ahí el nombre de este fenómeno.

¿Cómo se trasladan estas ideas a la Latinoamérica de hoy en día? Todos los países de América Latina tienen una parte importante de sus economías destinadas a la producción de alimentos y minerales para el mundo. En los últimos años, la creciente demanda de China e India hizo subir mucho los precios de estos bienes: los trabajadores orientales demandan mucha comida y las industrias acero, cobre y demás minerales. Esto, entre otros factores, produjo una inmensa entrada de dólares en estos países, encareciéndolos mucho y haciendo que el Big Mac brasileño sea uno de los más caros del mundo.

La subida de los precios domésticos en dólares está afectando mucho a los industriales (que no están vinculados a estos mercados) latinoamericanos: Brasil y Argentina producen, por ejemplo, muchos autos, y estas industrias son cada vez menos rentables por el alto costo de los salarios actuales en dólares de estos países. Por este motivo, las agrupaciones industriales de la región están pidiendo a gritos que se devalúen sus monedas para poder volver a competir a escala mundial.

¿Qué deberían hacer los gobiernos en esta situación? La pregunta no es sencilla y requiere un análisis por parte de los gobiernos para evaluar si la subida de alimentos y minerales será transitoria o perdurará en el tiempo. Si los gobiernos creen que eventualmente los precios se reducirán, es importante que tomen medidas para proteger a sus industrias, ya que en algún tiempo volverán a ser rentables. Ahora bien, si esta subida de precios perdurará en el tiempo, los gobiernos deberán ayudar a transformar su economía, generando mejoras en la productividad o minimizando los costos sociales de cerrar las industrias que ya no serán competitivas.

No está claro qué sucederá con las economías de América Latina en los próximos años, y mucho dependerá de las decisiones políticas que se tomen en la actualidad. La “enfermedad holandesa” no es un fenómeno malo en sí mismo, pero sus consecuencias pueden ser devastadoras para algunos sectores si no se la trata cuidadosamente.

 

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