Jurídico 


El balduque: anudando documentos desde el siglo XVI

A don Jorge Rodríguez-Zapata, de quien se aprende hasta en los señalamientos.

Decía Forrest Gump que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar. Pues bien, cuando se desanuda el lazo del balduque que liga el expediente administrativo, las actuaciones y el rollo de casación de un asunto en el Tribunal Supremo, tampoco sabe uno con lo que se puede encontrar. Y es que desatar esa cinta de tela roja en un contexto tecnológico como el que nos rodea hoy en día, no deja de ser una deliciosa extravagancia renacentista.

En efecto, era el muy renacentista año 1516 cuando Carlos I de España se coronaba como rey, al tiempo que El Bosco, cima de la pintura flamenca renacentista, fallecía en la ciudad de ‘s-Hertogenbosch, también conocida como Den Bosch, Herzogenbusch o Bois-le-Duc, «Bosque del Duque de Bramante», que es lo que significa y que devino en el toponímico español Balduque. Si por algo se caracterizaba la región de Bramante en aquel tiempo era por su extraordinaria producción textil, entre la que destacaba las célebres bobinas de hilo bramante, elaboradas a partir de lino y con múltiples aplicaciones, tanto en la cocina, la agricultura o el embalaje. Una variedad de ese cordel, algo más ancho y de color rojo, comenzó a emplearse por los escribanos en los Consejos del Rey del Imperio español en Flandes para identificar aquellos expedientes que contenía materia reservada o bien, eran especialmente relevantes, de manera que su prioridad fuese advertida rápidamente merced al vistoso tono rojo de su atadura, ligando los demás con el bramante común.

El proceso metonímico fue inevitable, de manera que cuando el expediente con cinta roja llegaba a la corte toledana o granadina, los funcionarios españoles decían que venía con «balduque», en razón de su procedencia flamenca.

El DRAE se refiere hoy así a esta cinta:
«Del fr. Bois-le-Duc, y este trad. de Hertogenbosch, ciudad holandesa donde se tejían estas cintas.
1. m. Cinta estrecha, por lo común encarnada, usada en las oficinas para atar legajos.»

Este empleo del barboquejo encarnado para trabar pliegos de contenido reservado o de importancia se extendió a casi todo el continente y también a América durante los siglos posteriores, manteniéndose la tradición por ejemplo en el Reino Unido, donde hoy los barristers continúan anudando sus escritos con la conocida como «pink tape» o «legal tape».

En España, desde luego, el Tribunal Supremo, aún embala muchas de sus actuaciones con balduque, aunque sin que ello suponga que los asuntos que portan la cinta sean de especial significación. De igual forma, con gran erudición nos explica el magistrado Rodríguez–Zapata en «Actos, acuerdos, deliberaciones y dictámenes de los Organismos Públicos. Asuntos reservados y secretos oficiales» (en Leyes, actos, sentencias y Propiedad Intelectual, Rogel Vide, (coord.) Reus, 2004) como en la práctica administrativa secular del Consejo de Estado se exterioriza al día de hoy la reserva de las consultas que provienen del gobierno central o de los autonómicos con la singular cinta encarnada.

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No obstante, y especialmente en el mundo anglosajón, al sintagma «cinta roja» o «Red Tape» se le ha dado una nueva vuelta de tuerca metonímica, puesto que además de referirse a las cuestiones relativas a materia reservada –nuestra atávica «caja negra» de uso en la praxis administrativa centroamericana para indicar la opacidad de una decisión política o la formación de un acto administrativo- , se emplea también de manera coloquial para identificar las trabas burocráticas que toda administración alberga. Así, es muy habitual observar como senadores y representantes de los Estados Unidos promueven campañas y acciones legislativas en favor del «Cutting Through Goverment Red Tape». O como el asociacionismo empresarial de aquel país se une en campañas de esta naturaleza como «Rethink Red Tap». O como el gobierno de Canadá cuenta con una Red Tape Reduction Commisison o, finalmente, como incluso la propia Comisión Europea convocó en 2008 un Best Idea for Red Tape Reduction Award o recientemente, en 2014, organizó en Bruselas la conferencia Cutting red Tape in Europe con el montesquiesano lema «Leyes inútiles, debilitan leyes necesarias». A lo que debe añadirse, por supuesto, una vastísima bibliografía sobre el particular (Red Tape: Bureaucracy, Structural Violence, and Poverty in India, Gupta, A. (London, 2012); Red Tape. Its origins, Uses and Abuses , Howard, P.K. ( Washington, 2015); Rules and Red Tape. A Prism for Public Administration. Theoty and Research, Bozeman, B. Y Feeney, M.K. (Nueva York, 2011) o entre otros muchos, Why Is Administrative Simplkification So Complicated? (OECD, 1997).

En fin, entre tanta virtualidad digital, es un verdadero privilegio poder seguir desanudando balduques que, por cierto, ya nos contó Pérez Galdós, no sólo sirven para ceñir legajos:

«Rezaba la aleluya que el señor Miau había nacido en Coria, garrafal dislate histórico, pues vio la luz en tierra de Burgos; que desde el vientre de su madre pretendía, y que el ombligo se lo ataron con balduque»
Miau (Madrid, 1888)

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