Especial Van Gogh, Patrimonio 


El autorretrato en la obra de Van Gogh

Autorretrato 1886

Autorretrato 1886

La carrera artística de Van Gogh se reduce a apenas diez años de producción, que, sin embargo, proporcionaron al mundo más de 900 cuadros, entre los que destacan los más de treinta autorretratos que pintó durante el período de 1889-1896. Al igual que otros genios de la historia del arte, como Rembrandt, Van Gogh nos proporcionó un vasto estudio sobre su propia imagen que resulta indispensable en el estudio de su obra.

El autorretrato es una técnica compleja para el artista, ya que supone un ejercicio de análisis personal profundo, en el que no sólo son importantes los rasgos o la técnica, sino la concepción que uno mismo tiene de su físico y su personalidad. Es quizás por esta razón que los autorretratos de Van Gogh resultan tan fascinantes, ya que debido a su enfermedad, la visión que el propio artista transmite de sí mismo nos ayuda a comprender mejor los trastornos que lo atormentaban.

Van Gogh dedicó sus mayores esfuerzos a crecer en el mundo del arte, sin embargo, la sociedad decimonónica no supo apreciar su talento y su innovadora visión del arte. Todo ello le dejó ante una espiral solitaria en la que carecía de apoyos económicos y de crítica, exceptuando a su hermano Theo. Esta situación explica que apenas pudiese acceder a pintar modelos humanos, exceptuando algunos campesinos y personajes cercanos a él en algún momento concreto. Para poder mejorar su técnica en la representación humana, tuvo que aceptar su propio cuerpo como modelo de experimentación.

 “Traje deliberadamente un espejo suficientemente bueno para permitirme  trabajar con mi imagen por defecto de un modelo, porque si puedo pintar el color de mi propia cabeza, que no es completado sin dificultad, podría pintar las cabezas de otras almas buenas, hombres y mujeres.”

Autorretrato con la oreja vendada, 1889

Autorretrato con la oreja vendada, 1889

A lo largo de sus numerosos autorretratos, el artista consigue plasmar no sólo los cambios físicos que en el tiempo esculpía en su cuerpo, como el momento en que se corta una oreja, sino que también podemos ver el avance de su tormento personal, de una enfermedad que le producía trastornos mentales muy fuertes. El acto de representarse a sí mismo suponía también una búsqueda intentando encontrar el mal que le atormentaba. Cada uno de los cuadros, en los que se repite su rostro serio parcialmente girado a un lado, consigue captar el estado de ánimo del pintor en el momento de su realización. En algunos casos el pintor aparece con un semblante más apaciguado, serio y concentrado, pero en otros, su rostro adquiere una expresión fría y temerosa, casi como si pudiese perder el control en cualquier momento.

Autorretrato septiembre 1889

Autorretrato septiembre 1889

Sin embargo, el autorretrato no sólo servía de espejo a Van Gogh, sino que también fue una ayuda para lograr madurar su pintura, con una concepción cada vez más personal de la línea y del color. Mientras los primeros cuadros reflejan un análisis más detallado de la fisionomía en tonos neutros y oscuros, con el paso del tiempo los colores se vuelven más vivos, y su pincelada más densa, dando como resultado una pintura exaltada y muy llamativa. Van Gogh descubrió los efectos emocionales del color, ya fuera a partir de la saturación de los tonos puros, o a partir de  la contraposición de colores complementarios, algo que puede observarse en su famoso Autorretrato de septiembre de 1889. En este caso, contrapone un poderoso naranja para representar su barba, en medio de un conjunto azulado, en el que los colores, al ser contrarios y no estar apoyados en tonos intermedios, no logran mezclarse dentro del lienzo y luchan por llegar a nuestras retinas. En este cuadro también se observa cómo la línea ya no le sirve a Van Gogh para delimitar objetos, ya que las espirales que completan el fondo se funden con su propio cuerpo, formando así un retrato tan bello como perturbador.

Sin duda, en este año que recordamos la figura de Van Gogh por el 125 aniversario de su muerte, volver a estudiar sus autorretratos es indispensable para poder comprender mejor el desarrollo de su pintura y de sus últimos años de vida.

 

Vía| WALTHER, Ingo F. Vincent Van Gogh, 1853-1890: visión y realidad, Köln: Taschen, 2004.

Más información| Vangoghgallery

Imagen| 1886, Sin oreja, 1889

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