Jurídico 


El asesinato de la familia Clutter

“El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman «allá»”.

Nos encontramos en el pueblo de Holomb, Kansas, en el otoño de 1959. Un pueblo árido y seco, con la apariencia del Lejano Oeste no solo en su clima sino en los propios habitantes, así que discúlpenme si durante todo el relato me camuflo debajo de un sombrero tejano, vaqueros y botas puntiagudas de tacón asumiendo la estética de Erin Brockovich.

Familia Clutter

Familia Clutter

“Allá”, como escribió Truman Capote, vivían cuatro de los seis miembros de la familia Clutter, las dos hijas mayores vivían fuera de la ciudad. El padre, Herb Clutter, un rico granjero, metódico, culto pero sencillo, era una de las personas más respetadas de la zona, junto a su mujer Bonnie, depresiva y enfermiza, eran padres de la preciosa Nancy y Kenyon. Nancy es la típica chica perfecta en todo, a la que te imaginas andando como una bailarina con el pelo rubio dorado recogido en un lazo. Kenyon era el menor y apuntaba las maneras de su padre. La casa donde vivían no desmerecía a la familia, era un rancho muy cuidado alejado del centro de la ciudad cuyas tierras se extendían por un valle hasta un río donde pastaban los caballos y crecía el trigo y árboles frutales. Pero a pesar de tanta belleza esta familia fue protagonista de uno de los crímenes más escalofriantes de la sociedad americana de la época, todos fueron asesinados a sangre fría mientras dormían.

“¡Mil personas! Perry estaba impresionado. Se preguntaba cuánto habría costado el
funeral. Tenía el dinero metido en la cabeza aunque quizá mucho menos que a primera hora del día, un día que había comenzado exactamente «sin un cobre». Pero, gracias a Dick, la situación había mejorado desde entonces. Ahora Dick y él, poseían «una bonita suma», suficiente como para llevarles a México”.

A los asesinos les reportó el golpe no más que unos dolores y la radio de Kenyon. Como todo el mundo sabía, el Sr Clutter nunca tenía dinero en casa, de hecho el mismo día de su muerte había suscrito un seguro de vida por el que había extendido un cheque. Esto motivó las primeras pesquisas policiales, ¿El seguro?, pero estaban sin fundamento. El dinero no podía ser el móvil, solo la venganza o la envidia. El rumor se extendió por Holomb como el polvo de sus aceras y los habitantes comenzaron a dudar de sus vecinos ¿Quién podría odiar a los Clutter?

Perry y Dick.

Perry y Dick.

No muy lejos de allí, días después de que los Clutter fueran encontrados en el más tétrico de los escenarios, dos expresidiarios extendían cheques falsos para viajar a México. Dick Hickock, y Perry Smith, los asesinos, pretendían empezar una nueva vida ajenos a todo lo que estaba ocurriendo. El suceso que estaba conmocionando a América no se trataba en sus conversaciones, no tanto por no ser pillados como por la vergüenza de haber matado a cuatro personas sin reportarles beneficios. Dick era vanidoso, insolente, con buena presencia e insufriblemente vengativo y manipulador. Perry un indio raro y pusilánime que se jactaba de haber matado con sus propias manos a un marino durante la guerra, y con una infancia terrible, estaba obnubilado por la personalidad de Dick. Dos tipos sin escrúpulos que durante meses pasaron desapercibidos para la policía, viajando de un lado para otro, engañando y estafando pero sin nada que los involucrase en el asesinato ni con los Clutter.

“Alvin se sentaba en la mecedora de Herb y mientras se mecía, pensaba. Algunas de sus conclusiones eran inamovibles: creía que la muerte de Herb Clutter había sido el principal objetivo del criminal, el motivo una especie de odio psicópata o posiblemente una combinación de odio y latrocinio”.

La policia no tenía ningún hilo del que tirar, vecinos, parientes, el novio de Nancy o forasteros de paso fueron llamados a declarar o tenidos como sospechosos.

“Wells se quedó atónito. Con el tiempo describiría su reacción diciendo que «no podía creerlo». Sin embargo, tenía buenas razones para creerlo porque no sólo conocía perfectamente a la familia asesinada, sino también a quien había cometido el crimen”.

Cuando la policía de Holomb recibió la llamada de Wells, desde su celda en la penitenciaria de Kansas tras escuchar casualmente por la radio la historia del asesinato, al principio no podían creerlo. Y era difícil de creer, Wells contó una historia extraña: hacía once años había trabajado durante unos meses como bracero para el mejor jefe que podía existir, el Sr Clutter, fue un periodo de su vida del que se sentía muy orgulloso, así que un día hablando con su compañero de celda le contó cómo de rico era Herb Clutter, cómo era la casa, hasta donde se extendían sus propiedades (tanto que la casa quedaba sumamente apartada del vecino más próximo), cuantos eran en la familia… al terminar de contarlo Dick, que así se llamaba su compañero de celda le dijo que si se presentase la oportunidad de dar un buen golpe él y su amigo Perry, al que le tenía comido el cerebro, robarían a los Clutter y después le pegarían un tiro.

La policía tras el increíble testimonio trazó un mapa con pasos de los dos sospechosos, tal fue la precisión que pudieron dar con las botas que coincidía con la huella de sangre encontrada en la escena del crimen, la ropa, las armas que dispararon, los cheques falsos e incluso la radio de Kenyon. Se puso en marcha la orden de busca y captura. Tras ser apresados confesaron el crimen.

“La austeridad correccional y una alegre atmósfera doméstica coexisten en el cuarto piso del Palacio de Justicia del condado de Finney. La prisión del condado proporciona la primera cualidad, imprime el sello determinante mientras que la llamada «residencia del sheriff», un agradable apartamento separado de la cárcel propiamente dicha por puertas de acero y un corto corredor, es responsable del segundo”.

Escena de in cold blood que recrea la entrada al Palacio de Justicia.

Escena de ‘In cold blood’ que recrea la entrada al Palacio de Justicia.

Cientos de periodistas se concentraron en torno al Palacio de Justicia durante los días que duró el juicio, que, siguiendo el procedimiento americano, fue a través de Jurado. La defensa gratuita se encargó a dos abogados del lugar. El fiscal contaba como pruebas: todo el material probatorio encontrado, el testimonio de Wells, incluso la factura de una gasolinera cercana a la residencia de los Clutter horas antes del asesinato. También tenían la confesión, ya que como único acto de benevolencia con sus víctimas los asesinos confesaron el crimen. La defensa, por su parte, solicitó el examen psiquiátrico de los acusados, pero fue rechazada por no ajustarse a la ley y en su lugar el Juez Tate nombró una comisión formada por tres médicos locales.

“Los catorce hombres finalmente elegidos consistían en media docena de agricultores, un farmacéutico, un director de centros de arboricultura, un empleado del aeropuerto, un perforador de pozos, dos viajantes, un mecánico y el gerente de la Bolera Ray. Todos estaban casados (varios tenían más de cinco hijos) y pertenecían activamente a una u otra de las iglesias locales”.

Abierto el proceso judicial primero nombraron al Jurado que reflejaba a la perfección la personalidad conservadora y religiosa de la Kansas de los años 60. Se presentaron los testigos y todo el material probatorio. Las fotos de los Clutter muertos, atados y ensangrentados fueron pasando de mano en mano. El último testimonio del día fue el del preso Wells, perfectamente vestido y con un discurso igualmente pulcro. En la penúltima sesión del juicio los agentes del KBI presentaron el examen de las pruebas forenses unidas a la declaración de los acusados. Reanudado el juicio, en la sesión siguiente le tocó el turno a la defensa cuyo único propósito consistía en demostrar locura temporal, presentando a su vez los exámenes médicos y el testimonio de amigos y conocidos de los asesinos que fueron preguntados por la personalidad de los acusados en un intento casi desesperado de dotarles de alguna virtud humana. Los acusados se negaron a declarar.

“Impasibles, le devolvieron la mirada hasta que reanudó la lectura y leyó los siete cargos que seguían: otras tres condenas para Hickock y cuatro para Smith….

-y lo condenamos a muerte”.

El juez Tate tras recibir el veredicto del Jurado leyó la sentencia donde los condenaban a muerte. A la salida del juicio los dos rieron a carcajadas, días más tarde en un revista de Kansas apareció el titular ‘¿Últimas risotadas?’.

“Richard Eugene Hickock y Perry Edward Smith, socios en el crimen, murieron en la horca de la prisión del estado, por uno de los más sangrientos asesinatos con que cuentan los anales criminales de Kansas. Hickock, de 33 años, murió a las 12:41. Smith, de 36, murió a la 1:19”.

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Más Información| ‘A sangre fría’, de Truman Capote. Wikipedia. New York Times.

Imágenes| Familia Clutter, Perry y Dick, Escena de la película in clod blood, Parque de la familia Clutter, Portada.

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