Cultura y Sociedad, Patrimonio 


El arte y la guerra (I)

Imágenes de lo que sucede en Egipto invaden los medios de comunicación. Siria. Yemen. Afganistán. Irak. Bosnia. La lista es larga y amarga. La guerra ha acompañado a la humanidad desde siempre, según el escritor Josep Ramoneda. Las manifestaciones artísticas han recogido en soporte tangible el horror de la confrontación entre seres humanos.

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Los relieves asirios como éste ilustran las batallas unificando varias escenas y destacando a caudillos como Asurnasipal II, rey de Asiria en el siglo XI a.C.

El hombre pronto comenzó a considerar enemigo al propio hombre. Durante siglos, el mensaje político no pudo desligarse de la obra de arte. Las imágenes de guerra se cubrían con un barniz de irrealidad, buscando hacer desaparecer la crueldad del combate para legar solamente victoria y heroicidad: servían para enorgullecer a uno u otro bando. Los líderes eran exaltados, convirtiéndolos en paradigmas de la estrategia militar, mientras el vencido era ridiculizado en una batalla contada por el vencedor. En la Columna Trajana de Roma se recuerdan las gestas del emperador Trajano en Dacia, aunando escenas bélicas con todo aquello que rodea a la campaña bélica: construcción de campamentos, aprovisionamiento, ofrendas a los dioses…

Detalle de 'Duelo a garrotazos'

Detalle de ‘Duelo a garrotazos’

Habría que esperar hasta la Edad Moderna para buscar en el arte algo que no fuese “conmemoración, exaltación o mitificación”. Francisco de Goya y Lucientes sería uno de los primeros en criticar abiertamente la atrocidad de la guerra; muy célebre es su serie de grabados ‘Desastres’, con imágenes durísimas y esclarecedoras como ‘Gran hazaña, con muertos’. Entre las Pinturas Negras se encuentra una de las imágenes más poderosas que el artista aragonés pintara: Duelo a garrotazos. Dos hombres golpeándose con mazas hasta la muerte se ha visto como una premonición de la Guerra Civil. El fratricidio presentado por Goya es una lucha sin final y sin triunfador. El pintor sabía perfectamente que en la guerra solo hay vencidos, no vencedores.

Samuel Aranda ganó el WPP de 2011 con esa sobrecogedora imagen, bautizada como una nueva 'Piedad'. Una mujer anónima abraza -seguramente un familiar- a una víctima de los conflictos de Yemen.

Samuel Aranda ganó el WPP de 2011 con esa sobrecogedora imagen, bautizada como una nueva ‘Piedad’. Una mujer anónima abraza -seguramente un familiar- a una víctima de los conflictos de Yemen.

El siglo XX supone una revolución para la visión que de la guerra tiene el arte. Pablo Picasso pinta Guernica, para muchos el cuadro definitivo de la guerra. El lienzo se reserva a las víctimas del conflicto, sin importar cuál sea este: las mujeres, los niños, los soldados muertos, incluso los animales. Su universalidad es parte de su fama.

La omnipresencia de la víctima va a generalizarse con la fotografía, ya presente en el siglo XIX y que ahora cobra protagonismo. Irrumpen también los medios de comunicación de masas. La imagen, sea estática o en movimiento, puede ser reproducida hasta la saciedad y llegar a una velocidad de vértigo a cualquier televisor o teléfono móvil. Las consecuencias sufridas en primera persona son ahora lo más demandado, en ocasiones de forma morbosa. Lejos de este uso sensacionalista, premios como los World Press Photo of the Year muestran la gran acogida que recibe el fotoperiodismo de guerra. Tal aluvión de testimonios gráficos tiene su contrapartida: en muchas ocasiones, la imagen ha dejado de impresionar. Lamentablemente estamos acostumbrados a ellas.

Vía| El País

Imagen| ArteHistoria; ElPeriodico; ALTFoto

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