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El arte de la pintura

El arte de la pintura, Johannes Vermeer. 1666. Kunsthistorisches Museum, Viena

El arte de la pintura, Johannes Vermeer. 1666. Kunsthistorisches Museum, Viena

El 31 de octubre de 1632 nacía en la ciudad holandesa de Delft Johannes Vermeer, un maestro de la pintura del que no se conocen muchos más de treinta cuadros. Siempre tuvo problemas económicos y tener que alimentar a once hijos no le hacía más fácil la situación. A su muerte se tuvieron que subastar los bienes que le quedaban en casa para poder pagar a sus acreedores. Su viuda, Caterina Bolmes, quiso salvar del embargo una obra, la que se conoce por el nombre El arte de la pintura. Pero, ¿por qué esta pieza y no otra?

La importancia de esta obra en la carrera de Vermeer comienza con una visita que recibió en su taller. Para conseguir compradores, era habitual en esta época permitirles la entrada en el taller mientras los artistas pintaban para que vieran su trabajo. Además, los artistas con pocos medios debían vender sus cuadros para sobrevivir, pero también tenían que conservar alguno en su estudio que sirviera para promocionarse, algo que conllevaba un gran esfuerzo para este tipo de pintores porque suponía dedicar meses de trabajo para realizar obras que no iban a vender. Según la documentación que se conserva, en 1663 un rico diplomático francés llegó a la casa del pintor con intención de comprar, pero Vermeer no tenía ninguna obra para mostrarle y tuvo que llevarle a la casa de alguien que había adquirido un cuadro suyo previamente. Aquella situación debió ser una vergüenza para el pintor porque suponía la pérdida de clientes. Se dice que ese es el origen de El arte de la pintura, una obra que mantendría colgada en su taller sólo para enseñarla a sus posibles compradores.

Clio. El arte de la pintura (detalle)

Clio. El arte de la pintura (detalle)

Vermeer se dedicó especialmente a la pintura de interiores con figuras femeninas. En este caso aparece también una mujer pero ataviada de una manera especial: un rico vestido azul, una corona de hojas de laurel, una trompeta y un libro. Por el título atribuido a la obra tras el fallecimiento del pintor, se pensó que la figura femenina representaba una alegoría de la pintura. Sin embargo, en 1950 un crítico de arte francés dio con la identificación de la protagonista en el libro Iconología, del estudioso del arte Cesare Ripa. Este libro es un diccionario de símbolos usado por los artistas para darles la información necesaria para pintar personajes históricos. En él se describe a la musa de la historia con los mismos atributos que lleva la joven del cuadro. La corona simboliza la gloria y la vida eterna, la trompeta la fama y el libro es donde se guarda la historia. Por tanto, la muchacha es Clio, la musa de la historia que aparece inspirando al pintor y representando la esperanza de Vermeer con esta pintura, que se le iba a recordar y que su obra sería admirada.

Como ya estamos acostumbrados, aparte de la protagonista del cuadro, no sabemos exactamente qué significan los objetos representados, pero sí podemos interpretar algunos detalles. Por ejemplo, el pintor aparece sin manchas de pintura en su atuendo y bien vestido. Así, impresionaría a los mecenas más distinguidos no sólo por su trabajo artístico. Pero Vermeer no sólo hace referencias a la pintura, a través del lienzo en el que trabaja de espaldas al espectador, sino que también hace un guiño a la escultura mediante la máscara que aparece sobre la mesa, a los grabados a través del mapa colgado en la pared del fondo y que representa la antigua Holanda católica, y a los tapices mediante la cortina del primer plano. Además, la presencia de esta cortina es fundamental. Por un lado, nos recuerda a los grandes cortinajes barrocos, época en la que fue pintada esta obra y de la que el estilo de Vermeer parece tan alejado. Y por otro lado por su función, porque las cortinas eran colocadas delante de las puertas de las habitaciones para protegerlas del frío procedente de la misma casa ya que las habitaciones se calentaban independientemente las unas de las otras. Además, la cortina llena decorativamente un lado de la obra, y se abre para que podamos ser testigos de cómo el artista pinta en su propio estudio.

El arte de la pintura expuesta en el Kunsthistorisches Museum, Viena

El arte de la pintura expuesta en el Kunsthistorisches Museum, Viena

El arte de la pintura no sólo fue importante para Vermeer y su familia. En los siglos XIX y XX, con el realismo y el impresionismo, esta obra tomó relevancia hasta convertirse en objeto de veneración por su realismo casi fotográfico. Fue también una de las obras favoritas de Hitler, quien la protegió de manos que no fueran las suyas y la utilizó como portada de un folleto informativo del proyecto del gran museo que quería construir en Linz. Vermeer representaba para él los más altos ideales de la pintura y esta obra los ideales que, igual que al pintor, aunque salvando las distancias obvias, quería que se le aplicasen a él: la historia, la vida eterna y la fama.

Pero remontándonos a su creación, la función de El arte de la pintura era demostrar lo que Vermeer era capar de hacer con los pinceles, la pintura y su manera de interpretar la luz. Lo que pasa es que no nos quedamos solo con eso, y a lo largo de los siglos la protagonista del cuadro, la musa de la historia, se ha convertido en la propia musa del arte, el pintor representaría al artista en general y por tanto, la obra sería un símbolo de todo el arte de la pintura.

 

Vía| R.M. y R. Hagen, Los secretos de las obras de arte. Taschen, 2014; M. Condor y R. D´Adda, Vermeer. Biblioteca El Mundo, 2003

Más información| R.M. y R. Hagen, Los secretos de las obras de arte. Taschen, 2014

Imágenes| El arte de la pintura, Clio, Museo

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