Cultura y Sociedad, Literatura 


El arte de contar una gran historia en unos pocos párrafos (II)

“Un hábil artista literario ha construido un relato. […] La idea del cuento ha sido presentada sin mácula, pues no ha sufrido ninguna perturbación; y eso es algo que la novela no puede conseguir jamás. La brevedad indebida es aquí tan recusable como en la novela, pero aún más debe evitarse la excesiva longitud”

Palabras de Poe en Ensayos y críticas de la editorial Alianza recogido por Bola de sebo y otros relatos de Guy de Maupassant en edición de Vicens Vives.

 

En el artículo del mes pasado, abordé la figura de Quiroga. Durante este tiempo no he podido dejar de pensar en su obra y en él mismo como autor. Dramaturgo, poeta y narrador; su faceta como contador de historias (aunque la crítica le haya podido ver como un mal novelista, como expresa Emir Rodríguez en el prologo del 68 de Historia de un amor turbio) es la que, quizá, más marque al lector. Su producción cuenta con obras como Los arrecifes de coral, Pasado amor o Cuentos de amor, de locura y de muerte.

Todas ellas no hablan de horrores. Un ejemplo de ello son sus Cuentos de la selva (1918) que reflejaban su conocimiento del medio selvático y un gusto didáctico propio para el público infantil al que van dedicados (véase “La abeja Haragana” como muestra de esto. Su principio y forma recuerda a la fábula “La cigarra y la hormiga” de Esopo), pero cierto es que la oscuridad y la locura son temas recurrentes en muchos de sus escritos.

 

 

Así, acercándose a las páginas de cualquier antología de este maestro se puede viajar a ese territorio del ser humano en el que las alucinaciones, las enfermedades, los fantasmas, los vicios y otros elementos reinan y pueden llegar a asfixiar al sujeto que los lleva consigo, dentro de sí mismo. Un ejemplo de ello es “Los guantes de goma”. Está comprobado que las personas somos entes muy influenciables y si a un individuo, por hacer una broma de mal gusto, por ejemplo, le dice un grupo de gente que su aspecto es nefasto y, posiblemente, esté enfermo como antecedente de esto; ese sujeto se creerá la dolencia y terminará visitando al médico con síntomas reales de ella.

Pues bien, en la obra citada uno de los personajes femeninos es víctima de esta circunstancia al obsesionarse con una observación en la que se le dice que los microbios de la viruela, o de otras enfermedades, están viviendo en las manos. La obsesión crece en su mente, hasta el punto de verlos, y le hace lavarse estas extremidades de forma compulsiva hasta que muere víctima de todo ello.

“La piel de las manos, terriblemente mortificada, lucía en rosa vivo, como si estuviera despellejada”

(Fragmento de “Los guantes de goma”)

Otros textos hablan de amores que cruzan mil y una barreras. Es el caso de “El más allá” donde se relata la historia de dos enamorados que, al impedirles estar juntos, deciden suicidarse para vivir en el más allá lo que no les permitieron en el más acá. Hasta que un vistazo a un determinado lugar hace que todo ello se terminé en un solo momento. Este tema, a priori tratado por la Literatura en obras tan universales como Romeo y Julieta o Los amantes de Teruel, es abordado de una forma propia y refleja datos biográficos de Quiroga. En varias ocasiones no fue visto como el novio más recomendable y prueba de ello es la relación con su primera mujer. Los padres de ella no estaban dispuestos a dar su visto bueno a aquella unión, pero Quiroga amenazó con suicidarse si no dejaban llevar a cabo la celebración del matrimonio. Así, una relación imposible por la influencia de la familia de la amada también es reflejada en Historia de un amor turbio.

Es curioso que varios autores de relatos de esta tipología estén tan relacionados con la muerte y se acerquen, en más de una ocasión, a la oscura figura del suicidio al que he hecho referencia unas líneas más arriba. El caso de Quiroga es muy claro: de hecho, esa primera mujer fue víctima de esta muerte anticipada, dejando al escritor con dos hijos que con el paso de los años terminarían con su vida de igual modo que sus padres. Pero también se puede encontrar esta relación morbosa en escritores ya citados como Guy de Maupassant (quiso cortar su garganta con un cortaplumas en tres ocasiones aunque sin ningún éxito) o Edgar Allan Poe. Sobre este último, recomiendo visionar la película de animación Extraordinary Tales de Raúl García. En este largometraje se muestran cinco de los cuentos del maestro con narradores de gran valía pero, en relación a lo tratado, destaco el encuentro de un Poe convertido en cuervo y su conversación con la muerte en un camposanto. Comienzo y unión entre los distintos relatos, se deja claro que el estadunidense se vio atraído por la huesuda desde el principio. Es algo que se ve con afirmaciones como la siguiente: “a la muerte se le toma de frente con valor y después se le invita a una copa”.

También se debe destacar otro punto en común de carácter biográfico que presentan muchos de estos maestros del cuento y del horror. Este no es otro que la desaparición muy temprana de sus progenitores. Véase Poe de nuevo, o nuestro romántico por excelencia: Gustavo Adolfo Bécquer.

Otro tipo de relación amorosa, volviendo a la pluma de Quiroga, es la que se aborda en el conocido “El almohadón de plumas”. En esta obra se narra la vida de unos recién casados (Alicia y Jordán), con distintas visiones de lo que significa el amar al otro y demostrárselo, que habitan en una gran casa que, en ocasiones, quiere dar la idea del vacío y la angustia que puede llegar a sentir un difunto dentro de un ataúd aunque, a priori, esto no sea posible. Allí, la esposa enferma y no se pude hacer nada por paliar o curar dicha dolencia. En los últimos momentos, se descubre que un agente externo es el causante de dicha desgracia, en un párrafo final que crea muchas dudas y miedos en el lector. Este mismo recurso se puede observar en otros relatos del uruguayo como puede ser “La miel silvestre”.

Otra de esas casas silenciosa y, en gran parte vacía, aparece reflejada en “El infierno artificial”, una brutal historia sobre la muerte de seres queridos de forma prematura y la peor salida que hay a esas desgracias: las adicciones a sustancias muy nocivas que nunca solucionan el problema, aunque al principio ofrezcan la mejor de las salidas, pero que sí lo agravan, y con creces. Además aquí se hace referencia a la oposición de los padres de una joven a una relación con una persona poco recomendable como hablaba más arriba. Otra vez la sombra de la biografía de Quiroga -quien también estuvo cerca de estas malditas sustancias, como se puede leer en el volumen sobre su correspondencia y su diario sobre su estancia en París en la edición de Erika Martínez- aparece reflejada en su obra.

Así, bajo el paraguas protector del autor, quisiera terminar esta pequeña aportación con un fragmento de “El hijo”. Es otro relato desgarrador en el que el amor paterno filial, la vida en la selva y las alucinaciones son los protagonistas.

Sonríe de alucinada felicidad… Pues ese padre va solo. A nadie ha encontrado, y su brazo se apoya en el vacío. Porque tras él, al pie de un poste y con las piernas en alto, enredadas en el alambre de púa, su hijo bienamado […]”.

(Fragmento de “El hijo”)

Y recuerden que “cree en un maestro –Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo”. Palabras de Quiroga: habrá que hacerle caso por el bien de nuestra salud cultural.

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*Fotografía: Palabras cruzadas de Pedro Tyler en la galería chilena Isabel Aninat. En ARCO 2017 (fotografía propia). En la obra aparece Quiroga.

*Más información en (algunos ejemplos):

-“El almohadón de plumas” y documental sobre Quiroga:

https://www.youtube.com/watch?v=H1wnlAGkRc0

Cuentos de horror (ediciones Traspiés, 2012).

-Edición en formato digital de Historia de un amor turbio:

http://www.bibliotecadelbicentenario.gub.uy/innovaportal/file/65465/1/libro.pdf

El sincope blanco y otros cuentos de horror (edición Valdemar, 1987).

 

 

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