Historia 


El arma nuclear secreta española (I)

Para el general Franco, un gobernante obsesionado con la idea de alcanzar para España la gloria y el poder de otrora tiempos en el complejo escenario internacional, el potencial destructivo de las dos bombas atómicas que Estados Unidos lanzó en 1945 sobre Hirosima y Nagasaki no pasaron en absoluto desapercibidas. A partir de ese momento, se fue urdiendo un complejo y ambicioso plan secreto con el objetivo de que España dispusiera de material nuclear en su arsenal.

Bomba atómica de Nagasaki, Japón el 9 de agosto de 1945

Por demencial que pueda parecer este plan, hay que destacar que sorprendentemente España hacia el final de la década de los sesenta, por una extraña concurrencia de esfuerzo ciéntífico, económico y  de felices casualidades, probablemente había conseguido superar casi todos los obstáculos, y se encontraba, al menos teóricamente, en disposición de producir armamento nuclear, generando la consiguiente alarma tanto entre soviéticos como americanos, que veían con auténtico pavor la posibilidad de una singular a la par que imprevisible España en el selecto club nuclear.

Para Franco el ansiado arsenal nuclear representaba un instrumento de primer orden que haría que su sueño de situar a España en el escenario internacional se cumpliera, disponiendo de un arma disuasoria que además disminuyese significativamente la dependencia de Estados Unidos. Por otro lado, también sería un instrumento fabuloso de cara a la  hegemonía política y militar en el Magreb, sobre todo de cara al odiado Marruecos.

Precisamente los acontecimientos se precipitarían a causa de este último país, cuando se independizo en 1956. La crisis de Ifni y la prohibición de Estados Unidos a las fuerzas armadas españolas de utilizar material de guerra cedido en virtud de los acuerdos de 1953, terminaron de convencer a Franco y a su gabinete de la necesidad de llevar a cabo el proyecto.

Esta cadena de acontecimientos culmina en 1963, cuando el capitán general Agustín Muñoz Grandes encargó un informe de viabilidad sobre la posibilidad de construir un arma nuclear de forma secreta a la Junta de Energía Nuclear. Nacía “oficialmente” el ultrasecreto “Proyecto Islero”.

Pero como hemos señalado anteriormente, el entusiasmo de Franco había propiciado que desde finales de la década de los 40, se hubiesen dado pasos en este sentido, y así, en 1951 el propio Caudillo crea la Junta de Energía Nuclear.

El encargado de coordinar los recursos de los que se disponía fue el General Vigón, quien tras su muerte en 1955 daría paso a un enérgico Almirante Carrero Blanco, que no cejo en el empeño hasta su muerte, obsesionándose tanto o más que el propio Franco con este proyecto.

Paradójicamente, la financiación inicial del proyecto vendría de la mano de unos confiados Estados Unidos, quienes en el marco del programa Átomos para la Paz, en el año 1955 ceden al estado español la nada desdeñable cantidad de 350.000 $ para el desarrollo de programas nucleares de ámbito civil. Ni que decir tiene que los fondos fueron desviados oportunamente al programa militar a través del Centro de Energía Nuclear Juan Vigón.

En 1963 se creó la Ley sobre la Energía Nuclear y se autorizó la que sería la primera central española: Almonacid de Zorita, en Guadalajara. Esta central, rebautizada con el nombre de José Cabrera, inició su actividad el 14 de julio de 1968.

Pero a pesar de todos los esfuerzos y tímidos avances, y de que la disponibilidad de Uranio en España no era problemática, al contar con reservas mineras, no había manera de construir un ingenio nuclear ni de conseguir el preciado Plutonio, y el proyecto, hacia el año 1965, si bien no fue cancelado, entró en una profunda fase de letargo.

Bombas de Palomares en el National Atomic Museum de Albuquerque, Nuevo México.

Pero esta racha cambiaría en enero de 1966 con el incidente de Palomares, cuando el accidente de un B52 estadounidense y un avión cisterna provocó que el primero dejase caer cuatro bombas Mark 28 de 1,5 megatones cada una.

Era una oportunidad única, y técnicos españoles rastrearon la zona donde había explosionado la carga convencional de dos de ellas consiguiendo hacerse con varios restos, entre ellos al menos parte de un detonador, pieza fundamental del ingenio.

Los acontecimientos se precipitan, y así, en 1968 se instala el reactor Coral-1 en la sede de la Junta de Energía Nuclear, consiguiendo en 1969, en el más absoluto de los secretos, los primeros gramos de plutonio de tipo militar.

Las bases para la producción de un arma nuclear en España habían sido puestas…

En colaboración con QAH| Rumbo a la Historia

Vía| ABC

Imágenes|Wikimedia Commons, Wikimedia Commons

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