Historia 


El Apartheid en Sudáfrica (IV)

Cartel segregacionista en una playa sudafricana a finales de los años 80

A lo largo de las siguientes entradas voy a llevar a cabo una serie de artículos sobre el régimen racista y segregacionista del Apartheid, instaurado en Sudáfrica entre 1948 y 1994. En la primera publicación abordé los antecedentes y el origen del régimen, para ahora ahondar en su historia misma en las tres siguientes, distinguiéndolas por sus tres periodos cronológicos clave: 1948-1959, 1959-1973, y 1973-1994. Esta es la cuarta y última entrada de la serie, en la que abordo a grandes rasgos los principales hechos históricos del periodo final del Apartheid, entre 1973 y 1994.

A finales de la década de los 80, el apartheid estaba prácticamente derrumbado por completo. Entre las muchas fuerzas que lo destruyeron, las más fundamentales fueron las mismas que desestabilizaron a los regímenes coloniales y poscoloniales de la mitad norte africana. En primer lugar, habría que citar el incremento demográfico, ya que la población sudafricana se triplicó en pocas décadas, pasando de los más de doce millones y medio de habitantes de 1951 a los treinta y nueve millones de 1991. Para entender esto, hay que comparar la composición social de ambas fechas: mientras que en 1951 el 21% de la población era blanca y el 68% negra, a finales de los 80 la población negra suponía más del 75% del total y la blanca no llegaba ni al 15%. Esta tendencia no solo hizo inclinar la balanza del poder racial, sino que hizo que una economía moderna como la que se pretendía tener ya no pudiera actuar sin que el pueblo negro ocupara un lugar más importante en ella en los roles de productor y consumidor.

Fotografía de Steve Biko

También hemos de hablar de lo importante que fue el aumento de la educación de los jóvenes africanos lo que les llevó a tener una mayor conciencia política, y por tanto, a querer reivindicar, muchas veces de forma radical, sus derechos naturales y el fin de todos los sistemas de segregación racial existentes. Para ello, muchos se impregnaron de las ideas de la Black Consciousness (Movimiento de la Conciencia Negra en español) sobre la autoconfianza racial defendidas por intelectuales como Steve Biko, desprendiéndose así del sentimiento de inferioridad racial que se les había inculcado a sus padres desde pequeños. Este Movimiento de la Conciencia Negra tenía dos características principales: la primera es que, como era una corriente política que tenía en parte sus orígenes en un movimiento cristiano, ponía mucho énfasis en el papel de cada individuo para la liberación, entendida casi como una salvación. La segunda era la consideración de que el fracaso, sobre todo del CPA en torno a 1960, había sido consecuencia de la impaciencia, por lo que no había que precipitarse en buscar enfrentamientos con el gobierno. Además, cabe destacar que los fundadores del movimiento tenían poca afinidad con la clase obrera de las ciudades, mal pagada, escasamente formada y cada vez más insegura en sus empleos.

Fotografía de Pieter Willem Botha

Por este motivo se produjo el importante levantamiento de Soweto en 1976, reprimido en pocas semanas pero revivido en 1984 cuando colectivos de jóvenes estudiantes y desempleados convergieron considerándose como combatientes de la libertad para hacerse con el control de muchos de los pueblos negros o asaltar sitios de las ciudades blancas. Tras la revuelta de 1976, cientos de negros fueron detenidos, encarcelados o asesinados, incluido el propio Steve Biko. Su muerte, aunque era previsible, fue recibida con gran indignación y protestas en todo el mundo. Por otro lado, la revuelta de 1984 fue básicamente de protesta contra la nueva estrategia de segregación racial propuesta por el gobierno del primer ministro Pieter Willem Botha, el cual, tras comprobar que desde finales de los 70 el apartheid ya tenía sus notables fallos de funcionamiento, trató de dividir a los africanos en dos grupos: una minoría bien pagada con oportunidades comerciales y sindicales, y una mayoría de grandes empobrecidos residentes en los homelands.

De esta forma, Suráfrica estaría gobernada por una asociación en la cual no solo los blancos, sino sus aliados y favorables al gobierno, controlarían la vida económica del país, y dominando a la mayoría de la población, africanos. Una de las mayores consecuencias de la revuelta de 1984 fue atraer la atención de la opinión internacional, debido a la brutalidad tanto de la revuelta en sí como de la represión gubernamental. Esto se tradujo en sanciones económicas inmediatas, como el establecimiento de restricciones al crédito, que deterioraron aun más la capacidad de Sudáfrica para seguir por la senda del crecimiento económico.

Fotografía de Nelson Mandela votando el día de las elecciones en Sudáfrica de 1994

Como en casi todo el mundo, el acontecimiento internacional de la década de los 80 que más afectó en particular a Sudáfrica fue el derrumbe del comunismo de la Unión Soviética, reflejado en la caída del muro de Berlín del 9 de noviembre de 1989. Este hecho histórico no solo permitió a las potencias occidentales presionar al país para que realizase una reforma democratizadora, sino que ofreció a los líderes del partido en el gobierno, el National Party, una oportunidad única para negociar un fin del régimen que les fuera ventajoso y en la que la minoría blanca que había gobernado durante tanto tiempo no saliera perjudicada por la marea demográfica negra. Es decir, se les ofreció la impunidad ante la justicia a cambio de acabar con el régimen.

Finalmente, cuando las elecciones de abril de 1994 alzaron a Nelson Mandela como presidente de Sudáfrica y le devolvieron al CNA la mayoría electoral dentro de un parlamento multirracial, quedó claro que el enfrentamiento entre razas, al menos a nivel político, se había convertido en un asunto de superficial importancia. A partir de este momento, a las dos élites, la negra y la blanca, no les quedaba otro remedio que buscar la forma de convivir y acomodarse en un nuevo mundo presionado enormemente por el crecimiento demográfico, la pobreza de las masas, la urbanización, la educación  y las peticiones de la juventud.

En colaboración con QAH| Blog Historiae de Herodoto

Vía| JOHNSON, R. W. (2005): Historia de Sudáfrica: el primer hombre, la última nación. Barcelona, Debate; ROSS, R. (2006): Historia de Sudáfrica. Madrid, Akal; BISSIO, B. (1977): “Sudáfrica: la crisis del apartheid”. Nueva Sociedad, nº 31/32, pp. 231-240; MOERDIJK, D. (1982): Antidesarrollo Suráfrica y sus bantustanes. Barcelona, Serbal/UNESCO.

Imagen| Cartel en la playa, Steve Biko, Pieter Willem Botha, Nelson Mandela votando

En QAH| El Apartheid: historia del racismoEl Apartheid en SudáfricaEl Apartheid en Sudáfrica (II); El Apartheid en Sudáfrica (III)

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