Historia 


El andaluz de la Leyenda de El Dorado

Balsa Muisca. Conservada en el Museo del Oro de Bogotá.

Balsa Muisca. Conservada en el Museo del Oro de Bogotá.

América, que en el siglo XVI emergió de las olas para los europeos como un Nuevo Mundo, se convirtió pronto en el refugio y la salvación de hombres aventureros, ambiciosos y desesperados, que vieron en aquellas exóticas tierras la forma de inmortalizarse en los anales de la Historia. Con ellos, venía viajando en los tímidos barcos una agonizante tradición cultural medieval, que derrotada ante el Renacimiento, se extinguía en pequeños rescoldos por toda Europa. La cultura medieval tomó forma durante la Conquista Temprana de América en diversas y variadas manifestaciones: Conquistadores y exploradores esperaron con ansias que los mitos y leyendas, ya fueran nuevos o viejos, autóctonos o extranjeros, se desvelaran ante ellos mostrándose en todo su esplendor y misterio. Sin duda, una de las leyendas más conocidas y que despertó el interés de los exploradores fue la Leyenda de El Dorado. A continuación se describirán las características que la configuraron, asimismo, el importante proceso histórico que desencadenó su búsqueda: El conflicto con la Confederación Muisca, la creación del Nuevo Reino de Granada y la fundación de Santafé de Bogotá.

El explorador Gonzalo Jiménez de Quesada.

El explorador Gonzalo Jiménez de Quesada

En los albores de la década de 1530, la exploración y anexión de los territorios del Nuevo Mundo estaba consolidándose cada vez más. El Imperio Azteca había caído ya y pronto el Tahuantinsuyo seguiría el mismo destino. No obstante, aún seguían enormes extensiones de tierras inexploradas en las que habitaban otras civilizaciones prehispánicas. Una de ellas se ubicaba en el centro de la actual Colombia, en lo que comprenden los actuales territorios de Cundinamarca, Boyacá y el sur de Santander. Conocidos como Muiscas, habían alcanzado un alto nivel sociopolítico y cultural a pesar de no haber constituido una fuerza militar expansiva, pues nunca sometieron a otras etnias que moraban en las regiones cercanas. Hacia 1535, la exploración del actual territorio colombiano estaba a cargo de la recién fundada Santa Marta, en las orillas del Mar Caribe y cercana a la desembocadura del Río Grande de la Magdalena, principal vía fluvial hacia el sur de la región. De allí,  en 1536, salió una expedición con rumbo al Perú, comandada por el andaluz Gonzalo Jiménez de Quesada quien estaba a cargo de más o menos 700 hombres.

A la par se desarrollaban dos expediciones más: una al suroccidente comandada por Sebastián de Belalcazar y otra al oriente, en los actuales territorios de Venezuela, dirigida por Nicolás de Federmán. La expedición de Quesada, completamente desastrosa, tuvo que parar a media travesía en el río Magdalena. Viendo que le era imposible llegar al Perú y habiendo escuchado rumores de una civilización fantástica, con una ciudad de oro y un rey que se bañaba en él, Quesada decidió abandonar la idea de ir hacia el sur y se adentró hacia el oriente, ascendiendo la cordillera. Dichos rumores fueron los mismos que alentaron a Belalcazar de proseguir su marcha hacia el nororiente y a Federmán hacia el occidente. Después de semanas de exploración y de haber perdido numerosos hombres (le quedaban a Quesada solamente 170 aproximadamente), el licenciado encontró a principios de 1537 una enorme civilización que habitaba un gran altiplano. La región era controlada por dos entidades políticas: el Zipazgo de Bacatá que gobernaba las extensas tierras del sur, y el Zacazgo de Hunza que hacía lo propio en las tierras del norte; también existían dos entidades independientes de carácter religioso: existía un templo en Iraca (en las tierras del norte), consagrado al Sol, y otro en Chía (en las tierras del sur), consagrado a la Luna.

La fundación de Santafé de Bogotá.

La fundación de Santafé de Bogotá

No obstante, Quesada no encontró ciudades con amplias callejuelas hechas de oro, ni mucho menos un rey que se bañara en él. Los rumores para encontrar El Dorado lo llevaron a proseguir una exploración hacia el sur, donde también conquistó los territorios del Zipa de Bacatá al asesinar a los dos últimos que ostentaron este título: Tisquesusa y Sagipa. Para afianzar el dominio sobre la zona, que contaba con una población indígena no despreciable y con abundantes recursos naturales, Quesada procedió a la fundación de un nuevo establecimiento hispánico. Para ello escogió un sitio que los nativos denominaban Teusaquillo y que antes de la Conquista servía como sitio de descanso para el Zipa y su “corte”. Allí, el 6 de agosto de 1538, Gonzalo Jiménez de Quesada fundó simbólicamente la ciudad de Santafé de Bogotá, que a la postre sería sede de una Real Audiencia y más tarde, capital del Virreinato de Nueva Granada. Pero pronto, las expediciones de Belalcazar y Federman hicieron su aparición en el altiplano, llamado Valle de los Alcázares por Quesada, y reclamaron lo que pensaron, por derecho, les pertenecía, pues alegaron que Quesada no tenía potestad para fundar ciudades ni establecer cabildos o gobiernos. Iniciaba así un pleito jurídico que se resolvería en parte a favor de Quesada, dado que se le otorgó un título de honor sobre los territorios conquistados.

Pero ¿de dónde surgió la idea de una mítica ciudad gobernada por un rey que se bañaba en oro? Cierto es que los Muiscas manejaban con gran habilidad la orfebrería, ya que realizaban artefactos en oro de altísima calidad y belleza. La respuesta parece estar en las crónicas de Juan Rodríguez Freyle, un escritor bogotano de la segunda mitad del siglo XVI. En su obra El Carnero, Freyle describe un antiguo ritual de los Muiscas, usado para la coronación del Zipa en el que “desnudaban al heredero en carnes vivas y lo untaban con una tierra pegajosa y lo espolvoreaban con oro en polvo y molido, de tal manera que iba cubierto todo de este metal”. El ritual se completaba cuando el futuro Zipa atravesaba en una balsa una laguna, actualmente llamada Laguna de Guatavita, y recorría sus próximos dominios. De esta manera, en el marco de un avance mítico hacia El Dorado y su fiebre de oro, Quesada protagonizó acciones de las cuales quizá no llegó a dimensionar sus consecuencias, y aun después de la conquista de los Muiscas y la fundación de Santafé, prosiguió con la búsqueda de un reino que ya había encontrado pero que no supo identificar.

 

Vía|Ministerio de Educación Nacional (Colombia), Un Mundo Jamás Imaginado 1492 – 1992. Bogotá: Santillana, 1992; Rodríguez Freyle, Juan. Ceremonia de El Dorado. Revista Credencial Historia; Gamboa, Jorge. La expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada por el río Magdalena y el origen del Nuevo Reino de Granada (1536 – 1537) en Revista Credencial Historia

Imagen|Balsa MuiscaFundación de Santafé de BogotáGonzalo Jiménez de Quesada

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