Jurídico 


¿El 50% de los abogados mienten?

Como se puede intuir, el tema objeto de este artículo trata sobre la eterna lucha entre el abogado y la verdad. Ciertamente, puede existir una opinión generalizada de que el abogado es un profesional dispuesto a realizar cualquier tipo de prácticas deshonestas con tal de ganar un pleito —que es para lo que se le contrata—, y entre estas cosas puede estar la peregrina idea de que, en ocasiones, los abogados faltan a la verdad con tal de salir vencedores. Pues bien, antes de empezar a analizar con mayor exhaustividad esta idea preconcebida, es preciso dejar claro una cuestión que resulta crucial para el buen entendimiento de cómo funciona el ordenamiento jurídico actual. En este sentido, la idea que debe prevalecer, conforme a cómo están constituidas las reglas de nuestro sistema judicial, es que el descubrimiento de la verdad es territorio del juez, y el del abogado, la defensadetectar-mentiras

Con esta afirmación no se pretende dar a entender que la actividad del abogado pueda ampararse en cualquier práctica deshonesta para la consecución de sus fines, prueba de ello queda debidamente establecido en el Estatuto General de la Abogacía, el cual señala como deber fundamental de su profesión la defensa de los intereses que les sean confiados pero “en ningún caso la tutela de tales intereses puede justificar la desviación del fin supremo de Justicia a que la Abogacía se halla vinculada. Además, el actual Código Deontológico de la Abogacía Española indica que es obligación de los abogados para con los Tribunales actuar ante ellos con buena fe, lealtad y respeto.

Aclarado esto, ahora resulta relevante atender a una pregunta muy antigua referente a lo qué se entiende por verdad. El DRAE da una definición de la palabra verdad como “conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente”, también, a la palabra verdad la asocia con la realidad como existencia real de algo. Así, técnicamente hablando, la verdad sería una cualidad de una declaración, es decir, un entendimiento. Pues bien, aunque en principio esta definición puede ser comprendida sin mayor dificultad, lo cierto es que, en ocasiones, la sociedad pone en tela de juicio a los profesionales de la abogacía respecto a cómo es su relación con la verdad. Muchos entienden que en cualquier proceso judicial hay enfrentados dos abogados, uno que defiende su postura como la verdadera y otro que hace lo mismo, pero defendiendo por verdad una tesis absolutamente contraria a la del otro abogado. Ante esto el ciudadano puede tener la percepción de que la búsqueda de la verdad por parte de los Tribunales de Justicia es una tarea muy compleja y que comporta muchos riesgos, todo ello debido a que la situación invita a presuponer que uno de los dos abogados estaría sosteniendo una falsedad. O por decirlo de otra manera, la situación autorizaría a pensar que el 50% de los letrados son unos mentirosos.

En este contexto, es de gran interés el planteamiento llevado a cabo por el prestigioso procesalista italiano Piero Calamandrei cuando en unas de sus obras afirma que el razonamiento planteado anteriormente ignora que la verdad está constituida por tres dimensiones y que se hace presente de forma diferente a cada persona según desde la perspectiva de donde se la mire. Para ayudar al entendimiento de esta concepción, el autor pone de ejemplo un famoso cuadro del pintor Champaigne en el cual se puede apreciar al cardenal Richelieu retratado en tres diferentes poses en el mismo cuadro: en el centro del lienzo aparece de frente y en cada lado aparece retratado de perfil mirando en ambos casos la figura central.

Kardinaal_de_Richelieu

Con esto el autor quiere ilustrar su explicación a través de este ejemplo para que se pueda apreciar que el modelo (la verdad) es uno solo, pero sobre el lienzo se da la impresión de que concurren tres personas (verdades) distintas. Así pues, con todo este planteamiento el autor quiere resaltar la buena fe de los abogados en el seno de un proceso ya que, a pesar de haber proposiciones opuestas, ambos representan la verdad tal cual la ven desde el mismo prisma que su cliente. Y como ocurre en cualquier proceso judicial, los abogados examinan la verdad de perfil cada uno desde su lado con todas las limitaciones que eso comporta. Mientras que es el juez el que mira de frente la verdad con absoluta tranquilidad. Cuestión distinta sería si un abogado traicionara su oficio relatando hechos inventados alterando de este modo la verdad; pero no traicionaría su noble profesión mientras se limite a coordinar y exponer sólo aquellos aspectos que favorezcan su argumentación.

No obstante todo, y acabo ya, debo reconocer que personalmente también estoy convencido de la buena fe que habita en muchos abogados pero es pertinente ofrecer una definición más prudente de la verdad y que se corresponda con la existencia real de algo. Es decir, habría que asumir la idea de que la verdad es la cualidad de las declaraciones que tiene que corresponder con los hechos y la realidad objetiva. O sea, una declaración sólo debería ser verdadera si se corresponde con la realidad.

En suma, y ahora sí acabo, qué duda cabe que la figura del abogado ha sido acreedora de muchas críticas a lo largo de la historia por todos los aspectos oscuros que los ciudadanos han podido percibir respecto a el vínculo perpetuo  entre el abogado y la verdad. Bien podrían haberse formado esa percepción por una mala experiencia o por una errónea información. Pero de una u otra forma, lo importante es reconocer que los abogados son una pieza clave en un Estado moderno para la resolución de los conflictos sociales, y que para asegurar que la verdad siga siendo un elemento esencial en su actividad, es preciso recordar que todos los abogados están sujetos al cumplimiento y respeto de unas normas éticas y morales —además de civiles y penales— en el ejercicio de sus funciones.

 

Vía| Estatuto General de la Abogacía EspañolaCódigo deontológico de la abogacíaElogio de los jueces escrito por un abogado.

Imagen|Detectar mentira, Cardenal Richelieu.

 

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