Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Egon Schiele: el dolor del erotismo

Gustav Klimt fue su maestro, pero poco o nada vemos del genio simbolista austriaco en la pintura expresiva, vibrante y altamente erótica de Egon Schiele, el cual decidió apartarse de todo e iniciar su propio camino, uno bastante turbulento por cierto.

Nació en 1890 en la ciudad austriaca de Tulln y era hijo de un jefe de estación de ferrocarril que murió cuando Schiele contaba con 15 años de edad, quedando a cargo de un tío suyo que intentó en vano que trabajara en el empleo familiar; Egon ya había sido picado por el gusanillo del Arte.

En 1906 empieza a estudiar dibujo y diseño en la Academia de Bellas Artes, pero, como todo espíritu inquieto, las rígidas normas académicas y el extremado conservadurismo le hace abandonar sus estudios, conociendo posteriormente los postulados del grupo alternativo al academicismo: la Secesión Vienesa, cuyo líder era Klimt, el cual ayudó a Schiele poniéndolo en contacto con otros artistas; el joven, agradecido, profesó una sincera y verdadera admiración a su maestro durante su corta e intensa vida. Gracias a ser promocionado por Klimt entre las élites del momento, pudo exponer por primera vez en 1908, cosechando un gran éxito.

En 1911 conoció a Valerie Neuzil, una joven de 17 años de la que se enamoró y con la que se retiró al pueblo materno para vivir su amor y su obra de manera más tranquila y sosegada, si bien los trazos y los colores de Schiele son siempre vibrantes, inquietos y casi cortantes. Allí despertó los recelos de los vecinos por la juventud de su pareja. Si a esto le sumamos que retrataba a niños en su casa a los que desnudaba y colocaba en poses bastante explícitas para crear sus famosas acuarelas directas y sin paliativo alguno, las denuncias de sus vecinos y la estancia en prisión acusado de corrupción de menores eran cuestión de tiempo.

Tras este episodio en el que su obra fue considerada pornográfica, regresó a la capital, donde se dedicó a realizar retratos y, en sus ratos ociosos, a cortejar a dos hermanas, Adele y Edith Harms, hasta que finalmente se decidió por la última y se casó con ella en 1914, lo cual aportó estabilidad emocional a su vida y su pintura, que aunque siguió siendo de un personalísimo expresionismo, adquirió nuevas características. El matrimonio tuvo, como regalo de bodas, el estallido de la Primera Guerra Mundial pocos días después del enlace, pero Schiele se libró de ir al frente al ser considerado parte indispensable de la cultura austriaca.

La pareja veía consolidado su amor con el embarazo de Edith y Egon quiso pintar la familia que le haría feliz y que, por desgracia, nunca llegaría a ser. El cuadro es tremendamente doloroso al ver a la pareja sentada y el bebé entre la piernas de la madre, bebé que nunca llegó a nacer y familia que desapareció para siempre por culpa de la llamada “gripe española”, que mató a más de 20 millones de personas. Edith murió cuando estaba embarazada de seis meses y Schiele tres días después, el 31 de octubre de 1918.

El erotismo como motivo principal de sus obras, la soledad en espacios vacíos de figuras que se quiebran y se contorsionan en desnudos llenos de dolor y las miradas directas e interrogantes nos siguen estremeciendo a casi un siglo de la muerte de este joven pintor.

Vía| Museo Thyssen- Bornemisza de Madrid. Catálogo de obras de Schiele. 

Más información| Egon Schiele, 1890- 1918: pantomimas del deseo, visiones de muerte. Wolfgang G. Fischer

En QAH| Kokoschka, en busca de una compañera con “Alma”.

Imagen| Autorretrato, Adolescente desnuda, La familia del pintor

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