Cultura y Sociedad, Historia 


Edvard Munch, un alarido a la humanidad (II)

 

Si alguna obra de Munch (y de la historia del arte en general) merece ser analizada, esa es sin lugar a dudas El grito. 

Edvard realizó El grito en 1893, sin saber que se convertiría en un icono para el mundo del arte.  Este cuadro (más que cualquier otro de su vasta producción), muestra la angustia interior que atenazaba al pobre Munch.

Sin embargo, veinte años antes de la realización del cuadro, anotó en su diario el recuerdo del paseo por Kristiania que representa en la obra (Oslo): 

Iba caminando con dos amigos. El atardecer. De repente el cielo se tiñó de rojo, y sentí el aliento de la tristeza. Me detuve. Me apoyé contra la valla. Mortalmente cansado. Las nubes por encima del fiordo chorreaban un rojo humeante. Mis amigos siguieron avanzando, pero yo me quedé allí de pie, con una herida abierta en el pecho. Oí un fuerte y extraordinario grito atravesando la naturaleza.”

 El escenario de esta escena fue Ekberg, al norte de Oslo, donde se ubicaban el matadero y el manicomio en donde había sido recluida su propia hermana Laura.

Así pues, los gritos de los animales moribundos hacían eco en los gritos de los locos, produciendo un efecto aterrador para el impresionable Edvuard.

 Munch eligió la figura de un feto, una momia de rostro horrorizado, con la boca abierta emitiendo un desgarrador alarido y con las manos apretadas sobre los oídos para evitar escuchar nada. Sin duda, este rostro descompuesto recoge la amarga sensación de la existencia del propio Edvuard, que representa el interior, no el exterior de su personalidad.

El puente pintado en la obra representa la fugacidad de la vidao, tema que tantísimo perturbaba a Munch, obsesionado con la condenación y la muerte después de haber tenido que sobrevivir a su hermana y a su madre.

Otro tema que constantemente lo trastornaba era la soledad, el sentimiento de pánico que lo invadía al imaginar que moriría solo, sensación que materializa en las dos personas que se dibujan a su lado.

Estos dos individuos representan su sentimiento de vacío, ya que pese a estar siendo presa de un ataque de pánico por la visión espantosa de las lenguas de fuego que cubrían el cielo de Oslo, el resto del mundo pasa a su alrededor, absortos en sus vidas sin ser conscientes su sufrimiento.

Por ello las dos personas aparecen pintadas de manera distorsionada y sin perfilar su contorno, síntoma de la soledad del personaje del cuadro y del propio Munch.

Por su lado, la forma del agua, pintada de forma agitada y violenta simbolizan la angustia que vive Munch en este momento, en el que ve todo su alrededor distorsionado, turbio, en movimiento, como si estuviera al borde del desmayo.

Por ultimo, el elemento más importante de la obra: el cielo. El grito de Munch se debe a la visión de un cielo rojo, teñido de sangre y cubierto por lenguas de fuego, que le provocaron al artista una visión espantosa.

Sin embargo, esta terrible visión podría deberse a la reciente erupción del volcán Krakatoa en agosto de 1883, que lanzó 25 kilómetros cúbicos de rocas y cenizas al cielo. Estas cenizas quedaron en suspensión en la atmosfera y dieron la vuelta al globo y hacia noviembre se informo de atardeceres rojizos en toda Europa.

Cuando los científicos encontraron el lugar exacto en el que Munch pintó el cuadro, se dieron cuenta que estaba orientado hacia el suroeste, exactamente donde se vieron los atardeceres del Krakatoa.

Esta obra, formaba parte de una serie conocida como El fresco de la vida (aunque pretendía representar “una vida del alma universal”), que hacía además las veces de autobiografía, ya que contaba con obras que hablaban de la muerte de su madre o de su hermana Laura, su propia vivencia al estar cerca de la muerte y sus malas experiencias con las mujeres.

Finalmente, ¿qué mejor forma de hablar de la importancia y valor de esta obra que recordando los robos que ha sufrido? Y es que los propios hurtos se han convertido en la forma de halago mas sincera para el pobre Edvard.

El grito posee el dudoso honor de ser uno de los cuadros mas robados del mundo: dos versiones han sido sustraídas de las paredes de dos museos.

La primera vez fue el 12 de Febrero de 1994, ocasión en la que fue robado del Museo Nacional de Oslo por dos hombres, que sólo necesitaron cincuenta segundos para subir una escalera, romper una ventana y cortar el lienzo de la pared.

Un mes más tarde, los ladrones ofrecieron devolver el cuadro a cambio de un millón de euros, pero el museo se negó, recuperando la obra tras una rápida operación secreta y siendo devuelta al Museo Nacional de Oslo donde se encuentra hoy en día. 

La segunda ocasión tuvo lugar en Agosto de 2004, en el Museo Munch. Dos encapuchados entraron en el museo, tomando como rehenes a dos funcionarios y a los incrédulos visitantes a punta de pistola. Se llevaron El grito y Madonna (otra obra de Munch) y dándose a la fuga en un automóvil que les estaba esperando.

Los cuadros no se recuperaron hasta finales de 2006, cuando se volvieron a colocar en las paredes del Museo Munch tras haber cerrado la institución durante diez meses y haber invertido seis millones de euros en seguridad.

Vía| Munch

En QAH| Edvard Munch, un alarido a la humanidad
Imagen| Museo, grito

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