Hay Derecho Joven, Jurídico 


Economía colaborativa (I): concepto, origen y uso

Artículo de Álvaro del Caño Durán.

Hay Derecho Joven, debido a su aportación en la obra “Contra el Capitalismo clientelar”, quiere complementar la reciente publicación en QAH sobre la economía colaborativa a través de esta nueva serie.

 

En primer lugar, para una inicial aproximación al concepto de la “economía colaborativa” se puede acudir a la definición de estos términos, según la Real Academia Española (RAE). Así, la RAE define el sustantivo “economía” como la “administración eficaz y razonable de los bienes”, y el adjetivo “colaborativo/a” como “hecho en colaboración”, suponiendo “colaborar” “trabajar con otras personas”. También resulta útil, a efectos introductorios, traer a colación la definición de “economía”, según el Diccionario Práctico de Empresa y Economía, que considera como tal la “ciencia social que estudia la asignación óptima de unos recursos escasos para satisfacer las necesidades humanas”, de la que se puede destacar, especialmente, las ideas de los “recursos escasos” y las “necesidades humanas”, que tienen una gran relevancia para el concepto de economía colaborativa.

 

Antes de la extensión del uso de internet, los individuos, en general, adquirían todos los bienes que necesitaban para subsistir o que, a pesar de no responder a una necesidad, se adquirían por placer o por apetencia temporal. El pago, normalmente, se hacía mediante la entrega de la suma de dinero acordada (bien fuera en metálico o mediante el uso de tarjeta de crédito). Sin embargo, con la llegada de la economía colaborativa se puede decir que se da un paso atrás, pero para poder dar después otros hacia delante, puesto que se vuelve a la época del trueque, mediante el intercambio de un bien (servicio o conocimiento) por otro, con el propósito de evitar el coste económico y de deterioro que puede suponer que cada individuo pretenda satisfacer sus necesidades por sí solo.

 

La economía colaborativa plantea como pregunta principal: ¿cómo se pueden poner en contacto personas con necesidades comunes o complementarias? Dado que compartir es la idea básica de la economía colaborativa, la herramienta que está resultando fundamental es internet. Existen multitud de páginas webs –algunas de ellas, incluso, tienen sus propias apps– mediante las cuales cada usuario puede ofrecer un bien o servicio a cambio de o bien reducir gastos, o bien utilizar otro bien o servicio. Para poder utilizar estas plataformas, generalmente, cada usuario debe crearse un perfil y, una vez que se haya realizado la relación de colaboración con otro usuario, cada uno de ellos puede valorar al otro, lo que, a la larga, sirve para crear una reputación dentro de dicha plataforma y ayudar a ganar la confianza de posibles desconocidos interesados.

 

Teniendo en cuenta los matices que se han comentado, la economía colaborativa, también conocida como economía de la colaboración o como consumo colaborativo, podría definirse como “una interacción entre dos o más sujetos, a través de medios digitalizados (o no), que satisface una necesidad real o potencial, a una o más personas”.

 

El término fue utilizado por primera vez por Ray Algar en su artículo titulado “Collaborative consumption”, publicado en el boletín Leisure Report de abril de 2007.

El concepto empezó a hacerse común a partir de la publicación, en 2010, del libro “What’s Mine is Yours: The Rise of Collaborative Consumption”, cuya autora, Rachel Botsman, dice que “la economía colaborativa es un modelo construido sobre redes descentralizadas de personas conectadas, quienes crean, distribuyen y consumen valor, pasando por alto las instituciones centralizadas tradicionales”.

 

Por otro lado, parece que no se equivocó la revista Time cuando incluyó el consumo colaborativo entre las diez ideas que cambiarán al mundo en una de sus ediciones a finales de 2011, ya que, según estimaciones, la economía colaborativa moverá 235.000 millones de dólares en el año 2025.

 

Tal y como señala elEconomista, España es el país líder de la Unión Europea en uso de economía colaborativa, un continente en el que sólo un 17 % de los ciudadanos acude a este modelo de forma recurrente. Según el estudio “Cuestiones clave a las que se enfrenta la economía colaborativa en Europa”, la economía colaborativa a nivel europeo consiguió obtener unos ingresos brutos estimados de 28.000 millones de euros en el año 2015. Asimismo, como señala EUCoLab, la economía colaborativa se encuentra en pleno crecimiento y es posible prever un crecimiento de entre 160.000 y 572.000 millones de euros a la economía de la Unión Europea gracias a este fenómeno.

 

Las ventajas de este tipo de comportamientos parecen evidentes ya que suponen una mejor y más eficiente utilización de los recursos (que, como veíamos, son escasos), y con un menor coste (que no siempre habrá de satisfacerse en dinero) o, en ocasiones, sin coste. También puede suponer una gran distribución del riesgo inicial de un negocio, como sucede con el crowdfunding, o una forma de ir consiguiendo potenciales clientes para el momento en el que se lance el producto, o una manera de hacer publicidad.

 

Sin embargo, desde el lado de los inconvenientes, se observa como principal preocupación la incertidumbre jurídica, puesto que, al lado de supuestos sencillos que no plantearán problemas o serán de escasa relevancia (por ejemplo, el préstamo de una película a cambio del préstamo de un libro), pueden existir otros de mayor trascendencia, que requieran seguridad en los derechos y obligaciones de las partes, o la aparición del deber de pagar impuestos o de asegurar determinadas responsabilidades. Otros inconvenientes pueden surgir para los promotores de ideas o proyectos puesto que, si para conseguir financiación o colaboración con los mismos, tienen que darlos a conocer en una fase temprana, es posible que sean copiados por otras empresas o emprendedores con una mejor posición económica (de manera que se pueda perder toda la inversión inicial, aunque no haya sido grande, o que se pierda la posibilidad de obtener unos beneficios importantes, puesto que la idea la explotará otro).

 

En definitiva, la economía colaborativa, mezclando costumbres prehistóricas como el trueque, con servicios tan actuales como lo son internet, las redes sociales o las apps, todo ello en un contexto de crisis económica global, da como resultado lo que parece que puede llegar a ser la economía del futuro.

 

Vía| El Economista  Semana.com Wikipedia

Imagen| QAH

También en QAH| La economía colaborativa

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