Coaching y Desarrollo Personal, Educación 


Duelo durante la infancia (II)

“ Poder llorar la muerte de un ser querido adecuadamente y afrontar la pérdida antes de que se produzca, en el momento en que ocurre y sobre todo después, hace que el niño/a no pueda sentirse culpable, deprimido, enojado o asustado. Cuando ayudamos a nuestros hijos a curarse del dolor que produce la herida emocional más profunda de todas –la muerte de un ser querido -, los estamos dotando de unas capacidades y una comprensión importantes, que le servirán para el resto de sus vidas”. William C. Kroen (1996).

 Para la mayoría de los niños y niñas, el duelo es una experiencia nueva. Y como pasa con toda nueva experiencia, lo desconocido puede resultar confuso y amedrentador. La mayor parte de los niños y niñas no saben qué esperar tras la pérdida de un ser querido. Es posible que los más pequeños/as no comprendan qué significa realmente morir y puedan sentirse confundidos por las reacciones de los miembros de su familia.

Los niños/as buscan respuestas y consuelo de los mayores que les rodean, sin embargo, a menudo nos sentimos impotentes para esta función. Si bien los adultos no tienen todas las respuestas, pueden ayudar a los niños y niñas a comprender mejor ese proceso del duelo.

Tanto adultos como niños tenemos que saber lidiar con los sentimientos que genera una pérdida, tanto en el momento del suceso como de manera posterior al mismo. Para ello, primero los adultos (para ser de ayuda a los menores) debemos reconocer que tenemos derechos ante una pérdida de un ser querido:

  1. Tengo derecho a tener mis sentimientos (enfado, tristeza, miedo…) por la muerte de un ser querido
  2. Tengo derecho a hablar de mi dolor siempre que tenga ganas
  3. Tengo derecho a expresar los sentimientos a mi manera
  4. Tengo derecho a que los demás me ayuden a sobrellevar el dolor
  5. Tengo derecho a disgustarme con los problemas normales y cotidianos
  6. Tengo derecho a sufrir oleadas de dolor
  7. Tengo derecho a buscar mi propia forma para encontrarme mejor
  8. Tengo derecho a preguntarme por qué ha muerto la persona querida
  9. Tengo derecho a recordar a la persona que ha muerto y hablar de ella
  10. Tengo derecho a seguir adelante y, con el tiempo sentirme bien

Como ya veíamos en la primera parte del tema, tratar el tema del duelo con los niños/as se hace complicado debido a que dependiendo de la edad se puede ver dificultado el proceso de comprensión de los sucesos y, con ello se ven afectadas sus conductas, sus respuestas emocionales, sus rutinas, su estado de ánimo…su vida en general. Ante ello, los adultos, muchas veces no sabemos cómo debemos actuar, qué debemos hacer o decir, qué será mejor o peor para el menor, no tenemos respuestas a sus incógnitas o no sabemos interpretar sus reacciones o actitudes. Esto es algo normal, y la inseguridad en estos casos es algo natural, pero no por ello debemos evitar el tema o evitar que el niño/a no conozca qué ocurre. Debemos olvidar el miedo y tratar a los niños como personas que están viviendo una realidad que alterará aquello que hasta ahora conocían. Para ello:

  • No evites hablar del tema cuando el niño lo traiga. Hay que estar disponible para el niño/a cuando necesita hablar, y respetar cuando no quiere hacerlo. Los niños no se benefician de “no pensar en ello” o “sacarlo de sus mentes”. Escúchale, contesta sus preguntas, ofrécele consuelo y apoyo. Estáte disponible para el niño/a, se nutriente, reconfortante y predecible.
  • Si no tienes respuestas a sus preguntas o a cómo ha sucedido, se sincero/a. Está bien decirle que no sabes por qué pasó una cosa así, y que tú también te sientes confundido y alterado por ello.
  • Prepárate a discutir los mismos detalles una y otra vez. Puede parecer que no escuchan cuando se les habla del tema, que no prestan atención a lo que les hemos dicho ya por no comprender la irreversibilidad del suceso. Lejos de esto debemos ser conscientes del proceso de afrontamiento y comprensión de lo ocurrido por parte del niño/a y respetar sus tiempos cuando hable de que “va a regresar”, pregunte “cuándo volverá” o diga haber visto u oído a la persona.
  • Habla del suceso empleando un lenguaje y explicaciones apropiadas para la edad. El momento en que se hace y el lenguaje utilizado son importantes. En los momentos inmediatos después de la muerte, el niño no estará muy capacitado para procesar información compleja o abstracta. Según se aleja del incidente, podrá focalizar por más tiempo, digerir más y buscarle más sentido a lo que ha ocurrido.
  • Informa a otros adultos y niños en la vida del pequeño de aquello que ha ocurrido. Permite que las personas más allegadas al niño/a conozcan algo del dolor que está viviendo. Puede permitirle generar redes de apoyo y favorecer la tolerancia y comprensión en su entorno.
  • Estate atento a los síntomas del luto y la duración del mismo. El luto es normal, las reacciones persistentes de luto no lo son. Averigua si su desempeño escolar se ha afectado. Observa cualquier cambio que ocurra en sus patrones de juego o pérdida de interés en otras actividades. Observa. Sé paciente. Sé tolerante. Simpatiza con él. Estos niños han sido heridos y viven en continuo dolor.
  • No debemos olvidarnos de que, dependiendo de la edad, los niños no siempre entienden con exactitud los sucesos relacionados con la pérdida o muerte de un ser querido. Con frecuencia, los niños pequeños hacen unas presunciones equivocadas respecto a la causa de eventos importantes. Desgraciadamente estas presunciones pueden incluir algún sentido de que el suceso fue su culpa que pueden llegar a ser sumamente destructivos e inapropiados. Sé claro. Explora lo que el niño siente sobre la causa del suceso. Corrige y aclara si notas que está llevando algún razonamiento equivocado. Con el tiempo, la habilidad del niño para hacerle frente a estas situaciones se asocia a su habilidad para comprender. Permite al niño saber que hay cosas que los adultos tampoco saben ni pueden entender.

Debemos tener claro que una situación de pérdida no es fácil, ni sentirla, ni comprenderla, ni hablarla. Como adultos es una experiencia que altera nuestra vida, pero como niños y niñas, además de la alteración se une el no comprender y la confusión. Debemos hacerles sentir entendidos, apoyados, arropados y, para ello, no tratarlos infantilmente, sino como personas (personitas) que pasan por un proceso emocionalmente complicado.

 

Vía| Apriz, I. (2006). El duelo, cómo ayudar a los niños/as a afrontarlo. Bilbao: Escuela Vasco-Navarra de Terapia familiar.

Espina, A., Gago, J., & Pérez, M. (2005). Sobre la elaboración del duelo en terapia familiar. Revista de psicoterapia, 4(13), 77-87.

Yoffe, L. (2002). El duelo por la muerte de un ser querido: creencias culturales y espirituales.

Imagen| Duelo en la infancia

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