Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Dudas y simbolismo en El matrimonio Arnolfini

El matrimonio Arnolfini. Jan Van Eyck. 1434. National Gallery, Londres.

El matrimonio Arnolfini. Jan Van Eyck. 1434. National Gallery, Londres.

Unos zapatos, unas naranjas, una vela, un espejo, ricos tejidos y muchos más objetos nos encontramos al mirar con detenimiento la obra titulada El matrimonio Arnolfini. Mucho simbolismo en una pequeña estancia que, a lo largo de la historia, ha provocado diferentes teorías.

La obra fue realizada en Brujas en el año 1434 por el pintor flamenco Jan Van Eyck, creador y mejor representante de la escuela de los primitivos flamencos, que se caracterizaba por la minuciosidad, el interés por el color, el naturalismo y el estudio de la perspectiva.

La pintura representa una escena de interior, cuyos protagonistas son una pareja pero, ¿quiénes son los representados? En 1434 vivían en Brujas dos hermanos de la familia Arnolfini, procedentes de la ciudad italiana de Lucca: Giovanni y Michele Arnolfini. Se ha reconocido al representado como Giovanni, gobernador de Borgoña, comerciante y casado con Giovanna Cenami, hija de un banquero italiano. Sin embargo, algunos analistas han pensado que puede ser su hermano Michele dado que la posición de las manos que unen los protagonistas, es decir, la mano derecha uno sobre la mano izquierda del otro, era la correspondiente a los matrimonios morganáticos, los cuales se hacían cuando uno de los dos procedía de una clase social inferior y debía renunciar a los derechos de herencia. Pero esta versión acerca de este tipo de matrimonios resulta difícil de aclarar.

El matrimonio Arnolfini. Jan Van Eyck. 1434. National Gallery, Londres.

El matrimonio Arnolfini. Detalle.

La segunda controversia se refiere a lo que está ocurriendo en esa pequeña estancia. En la época de Van Eyck darse las manos y hacer un juramento eran indicios claros de boda y eso es lo que parece que está celebrando la pareja porque el hombre levanta una mano como para hacer un juramento y ambos aparecen dándose la mano. Además, cabe aclarar que en el siglo XV no se necesitaba ni sacerdote ni testigos para contraer matrimonio, porque no eran los sacerdotes los que mediaban en el sacramento del matrimonio, sino los esposos, que solían hacer pública su unión acudiendo a misa juntos a la mañana siguiente. Por tanto, se podía realizar en una estancia privada como ésta. A pesar de esta tradición, el historiador del arte Erwin Panofsky no está de acuerdo con esa teoría, sino que cree que se trata de un juramento o ceremonia de compromiso previo a la boda para confirmar que todo se dispondrá según lo acordado previamente.

A pesar de esa innecesaria presencia de testigos en una boda en esta época, si nos fijamos en el espejo del fondo de la estancia, vemos que además de los contrayentes, en él se reflejan dos personas vestidas de azul y rojo respectivamente, que serían el propio pintor y su ayudante. Actuarían así como testigos de un acto habitual entre los cónyuges con cierta fortuna: la firma del contrato matrimonial que regulaba las condiciones económicas de su unión y que debía ser firmado por dos testigos. Además, el pintor no firma sólo con su nombre y en una esquina como es lo habitual, sino en el espacio de la pared frontal enmarcado por la lámpara y el espejo, con una caligrafía muy cuidada y con la siguiente fórmula: Johannes de Eyck estuvo allí. Con su firma y su propia representación transforma esta pintura en un documento que daría validez al contrato matrimonial.

El Matrimonio Arnolfini. Detalle.

El matrimonio Arnolfini. Detalle.

Casi todos los demás objetos también podrían tener un sentido simbólico. La vela encendida, por ejemplo, simbolizaría a Cristo que es aquí testigo inmaterial del compromiso y por lo que ya no sería necesaria la presencia de nadie más si él está. El espejo y las cuentas del rosario de cristal de roca, situado al lado del primero, hacen alusión a la pureza de la Virgen y por extensión, a la mujer aquí representada. La figura de madera ubicada en la parte alta del respaldo de la silla colocada al fondo, representa a Santa Margarita luchando contra el dragón, que es la patrona de las parturientas. En realidad aquí, no significa que la mujer representada esté embarazada, ni siquiera por el vientre aparentemente abultado, pero alude a la voluntad de tener descendencia. El perro del primer plano simboliza la fidelidad de los esposos. Los dos pares de zuecos nos indican que la pareja está descalza y esto hace referencia a que el suelo sobre el que se está celebrando la ceremonia es sagrado, una alusión al Antiguo Testamento cuando Dios habló a Moisés: “No te acerques, quítate las sandalias de los pies, porque el lugar que pisas es lugar sagrado”.

Por último, cabe destacar las ricas telas de la pareja adornadas con piel de armiño y las naranjas situadas bajo la ventana, que hacen referencia a la riqueza e importancia comercial de la ciudad de Brujas y que evidencian que los representados son personas adineradas.

No se sabe con certeza si en la época de Van Eyck todos estos elementos cotidianos mencionados en este artículo tenían un sentido simbólico como se piensa hoy, pero lo que es cierto es que deteniéndose en cada uno de ellos y enmarcándolos dentro de la época en la que fueron representados y dentro de la tradición, se puede extraer un sentido alegórico razonable, a pesar de las variadas interpretaciones que cada especialista pueda hacer.

 

Vía|  R.M. y R. Hagen, Los secretos de las obras de arte. Taschen, 2014

Más información|  R.M. y R. Hagen, Los secretos de las obras de arte. Taschen, 2014; National Gallery

Imagen|  El matrimonio Arnolfini, Detalle manos, Detalle espejo y firma

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