Historia 


Dos fotografías que conmovieron al mundo antes que de la de Aylan

Imagen de Aylan, tres años, muerto en las costas de Turquía

La imagen del cuerpo sin vida de Aylan Kurdi, tres años, en la orilla de una playa de Turquía desgarró al mundo este verano. Una fotografía tremenda que representa el drama de los miles de ciudadanos sirios que huyen de la guerra y la sinrazón que desangran su país desde hace cuatro años. Se estima que más de 3.000 personas han muerto frente a las costas europeas en lo que va de año. Entre ellos, sin duda, muchos niños como Aylan. Pero esa imagen, insoportable, espantosa, dramática, sacudió conciencias en Europa, fomentó un sentimiento generalizado de solidaridad hacia las personas desesperadas que huyen de la guerra en Siria e incluso hizo que la Unión Europea lograra poner en marcha, al fin, un plan de reparto de refugiados. Varios países (entre ellos, España) que se oponían a este programa cambiaron de opinión tras la conmoción de la fotografía de Aylan.

“Cuando vi a Aylan se me heló la sangre”, declaró Nilüfer Demir, la fotógrafa freelance autora de la impactante fotografía, que difundió la agencia Reuters y que se ha convertido en el símbolo del drama de los refugiados. “Vi a Aylan Kurdi, que yacía boca abajo sin vida en la arena, con su camiseta roja y su pantalón azul oscuro. La única cosa que podía hacer era hacer oír su protesta. En ese momento, yo creía que sería capaz de lograrlo presionando el obturador de mi cámara y tomé su foto”, dijo. La publicación de la imagen en la inmensa mayoría de los periódicos fomentó un debate, que es siempre el menos importante cuando se habla de dramas de semejante magnitud, pero que suele dar mucho juego, sobre si los medios debían difundir o no esa fotografía tan dura. Un niño de tres años en la playa. No haciendo castillos de arena o saltando las olas al llegar a la orilla, como es lo propio. Un niño de tres años muerto de indiferencia, de injusticia, de desigualdad. 

Es un debate que divide dentro de la profesión a quienes sostienen que la imagen daña la sensibilidad de los lectores, e incluso invade la intimidad de los familiares de Aylan (no faltaron en aquel difícil debate quienes afirmaron que si el niño hubiera sido español o de algún país europeo tal vez su imagen no habría abierto portadas porque los medios habrían tenido más “sensibilidad”) y quienes defienden que esa escena, con toda su crudeza, exhibe la auténtica dimensión del drama migratorio. Hay gente muriendo. Niños de tres años que pierden la vida frente a las costas de Europa, o muchos otros que no llegan. La imagen consigue remover conciencias, invita a actuar a gobiernos y sociedad civil. Es dura, sí, pero es que la situación que retrata, ante la que no es tolerable el silencio o la diferencia, lo es también. Mucho.

Kim Phuc, de nueve años, tras un bombardeo con napalm en Vietnam

Kim Phuc, de nueve años, tras un bombardeo con napalm en Vietnam

Este debate deontológico, que por ejemplo llevó al diario El Mundo a compartir en Internet la reunión de portada, donde hubo unanimidad a favor de publicar la imagen, es similar al que se vivió antes con otras imágenes igualmente conmovedoras que han pasado a la historia como las escenas que reflejan otros dramas, otras crisis humanitarias. 1972. Guerra de Vietman. Kim, una niña de nueve años, corre abrasada por un ataque con napalm. Escena icónica de aquella contienda bélica que terminó siete meses después de que la imagen acaparara las portadas de los medios e inclinará definitivamente la balanza de la opinión pública estadounidense en contra de aquella guerra. Hoy, Kim Puch, aquella niña aterrada y desfigurada, vive en Canadá y es embajadora de Naciones Unidas para la Paz.

Para muchos, la terrible imagen de Kim corriendo despavorida después de haber sufrido un ataque con napalm del ejército estadounidense aceleró el final de la guerra. Solo siete meses después se firmaron los Acuerdos de Paz de París, donde Estados Unidos acordó la salida de sus tropas de Vitnam del Sur. Fue la única guerra perdida hasta la fecha por la primera potencia militar del mundo. La publicación de la fotografía agrandó los movimientos pacifistas de protesta contra la contienda en la sociedad estadounidense.

 Kong Nyong, niño acechado por un buitre en Sudán

Kong Nyong, niño acechado por un buitre en Sudán

Otra imagen que también conmovió al mundo, esta además con un muy  triste y deprimente final, fue tomada en Sudán en 1993. En ella, un buitre acecha a un niño echado en el suelo, derrotado, extenuado. La imagen simboliza la hambruna que afectó (y afecta) a amplias zonas de África. Su autor fue el fotoperiodista sudafricano Kevin Carter. La publicación de la imagen en The New York Times despertó un sentimiento de conmoción por aquel niño africano que parecía agonizar, acechado por un carroñero que aguarda a su presa. El periodista esperó más de 20 minutos para lograr el encuadre perfecto, la representación precisa del desgarro de ver a un niño que tiene el riesgo de morir de inanición. Tan duro que duele, que desgarra.

En este caso, la polémica fue mucho más intensa. ¿Por qué no ayudó el reportero al niño a llegar a un centro de alimentación? ¿No es poco ético tomar una fotografía semejante? ¿Qué ocurrió con el niño? La imagen ganó el Premio Pulitzer en 1994, pero cambió la vida de su autor. La destrozó. Kevin Carter se suicidió ese mismo año. Según algunas teorías, porque no pudo soportar las severas críticas que recibió por haber tomado esa fotografía. Según sus familiares y amigos cercanos, porque le perseguían las espantosas escenas a las que asistió y porque estaba arruinado. Además, poco antes había muerto su amigo, también reportero gráfico, Ken Oosterbroek, quien fue disparado mientras hacía su trabajo en Thokoza (Sudáfrica).

Sus detractores obviaron que Carter estaba en Sudán dentro de una misión de una ONG. Que él sí contribuyó a mejorar la vida de quienes tenían el riesgo de morir de hambre. También olvidaron que el niño de la imagen (que sobrevivió hasta 2008, cuando murió de unas fiebres) llevaba una pulsera de plástico en su mano derecha de un centro de alimentación de la ONU.  Es decir, el niño (que se llamaba Kong Nyong) sí estaba atendido y no estaba agonizando. La imagen, el cualquier caso, removió conciencias, puso en el primer plano el drama de las hambrunas y agitó a la sociedad. Como la de Aylan. Como la de Kim. Si el mundo es un lugar feo, injusto, desigual, siempre hace falta que algún periodista esté ahí para recordarlo.

 

Vía| CNNenespañol

Más información| TheClinic

Imágenes| Lopezdoriga.com, Estudiosbiblio, YouTube

En QAH| Don McCullin: el verdadero rostro de la guerra; La sombra de Gerda Taro, pionera del fotoperiodismo de guerra; Las fotografías de la Guerra Civil española: Robert Capa

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