Patrimonio 


Las dos Españas (II) Blanco

”(…) lo austero y grave, lo católico de España (…) halla su expresión en Zuloaga de manera sobria, fuerte y austera. Y la otra España (…) la pagana (…) que quiere vivir y no pensar en la muerte, en Sorolla”.

Miguel de Unamuno

Aunque no debe entenderse como un estilo concreto, la España Blanca es el contrapunto de la España Negra. Es en la costa levantina donde su surgimiento se ve con más claridad. No es una zona tan industrializada como Cataluña, pero su monopolio del cítrico contribuye a la creación de una burguesía potente, expansiva y vitalista.

Playa de la Malvarrosa (Ignacio Pinazo, 1887)

Playa de la Malvarrosa (Ignacio Pinazo, 1887)

El precursor es Ignacio Pinazo, que, partiendo de lo académico, lleva la pintura a un nuevo horizonte impresionista. En obras como Barca en la playa de Cabañas (1880) o Playa de la Malvarrosa (1887) refleja una tendencia a la luminosidad y al color que se ve influida por su tendencia a trabajar al aire libre. Su relación con Sorolla es evidente, pues ambos son pintores de la luz.

Paseo a la orilla del mar (Joaquín Sorolla, 1909)

Paseo a la orilla del mar (Joaquín Sorolla, 1909)

Joaquín Sorolla da sus primeros pasos en una escuela artesana de Valencia, pasando luego a estudiar en la Academia de San Carlos. Aficionado al dibujo desde niño, obtiene un pensionado en Roma, donde bebe del clasicismo, y viaja a París, ciudad de la modernidad. Cuando se instala en Madrid, en 1889, conoce al fotógrafo Antonio García Peris, padre de su futura esposa, que le inculca su amor por la fotografía.

Tras una primera fase costumbrista y algo dramática, la obra de Sorolla se ilumina, abandonando el tenebrismo del realismo social. Mantiene colores oscuros para generar contrastes, pero la luz invade todos sus lienzos. Se vuelve vitalista, alegre, sin dobleces. Es el polo opuesto de Zuloaga, adalid de la España Negra, de lo pedregoso, de lo seco.

La temática negra prevalece. Sorolla pinta romerías, toros, curas… pero los motivos se transforman del arcaísmo a lo festivo, como se ve claramente en Chicos en la playa (1910). Muchos intelectuales se sienten afines a esta corriente, como el poeta Juan Ramón Jiménez y el dramaturgo Rusiñol.

Sevilla. La danza (Joaquín Sorolla, 1915)

Sevilla. La danza (Joaquín Sorolla, 1915)

Y, si Zuloaga tuvo detractores que le acusaron de falsear la imagen de España hacia el exterior, Sorolla también recibe críticas similares. Valle-Inclán le acusa de enriquecerse a costa de ofrecer una visión fraudulenta de la realidad española, de ser superficial y de recurrir a tópicos.

Al igual que lo era para Zuloaga, el maestro Velázquez es también una gran influencia para el pintor valenciano. Imita su pincelada larga y abierta, así como sus gama cromática clásica. Como Pinazo, Sorolla trabaja al aire libre para reflejar de forma fidedigna el chispeo de la luz y el movimiento de las figuras. Pinta muchas obras en la playa, como Paseo a la orilla del mar (1909). Sorolla es capaz de crear una inmensa cantidad de matices partiendo de un único color, el blanco.

El valenciano disfruta de un creciente éxito internacional. La Spanish Society de Nueva York le ofrece una exposición en 1909, y ese desembarco en a Gran Manzana le reporta multitud de encargos de la alta sociedad neoyorquina. El fundador de la institución le propone en 1911 una serie sobre las provincias españolas, con escenas localistas. Dos ejemplos son Sevilla, penitentes en Semana Santa (1914) y Sevilla, la danza (1915).

La bata rosa (Joaquín Sorolla, 1916)

La bata rosa (Joaquín Sorolla, 1916)

Uno de los secretos de Sorolla es su sensual captación de la figura femenina, como en La bata rosa (1916), que parece volver a un periodo más clásico. Entre sus retratos figuran grandes intelectuales de la época, como el que le hace a Unamuno y que a este le horroriza. Así mismo, pinta varias veces al rey, siendo uno de los retratos principales Alfonso XIII con uniforme de húsares (1907), muy próximo al impresionismo de Renoir.

El tipismo valenciano de la España Blanca lo encontramos también en Hermenegildo Anglada Camarasa, catalán que se ve imbuido del colorido y la festividad valenciana. En sus obras hay una ligera huella de Gustav Klimt, como en La novia de Benimamet (1906) y Valenciana entre dos luces (1908). Realiza grandes paneles de temas costumbristas en los que emplea fondos extraños y exóticos.

Esta temática castiza tiene una fuerte pervivencia más allá de esta dualidad artística de las dos Españas y se extiende a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, si bien pronto abandona el estilo luminoso de Sorolla para adentrarse en una vanguardia más experimental.

Valenciana entre dos luces (Hermenegildo Anglada Camarasa, 1908)

Valenciana entre dos luces (Hermenegildo Anglada Camarasa, 1908)

 

Vía| PONS-SOROLLA, Blanca y LÓPEZ FERNÁNDEZ, María. Sorolla en París. Madrid, Museo Sorolla, 2016

Más información| NAVARRO, Mariano. La luz y las sombras en la pintura española. Madrid, Espasa Calpe, 1999

Imagen| Cosiendo la vela , Playa de la Malvarrosa , Paseo a la orilla del mar , Sevilla. La danza , La bata rosa , Valenciana entre dos luces

En QAH| Las dos Españas (I) Negro

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