Historia 


Dos años sin Chavela Vargas

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Chavela Vargas, “la dama del poncho rojo”

El próximo cinco de agosto se cumplirán dos años de la muerte de Chavela Vargas, una cantante irrepetible que tuvo una vida de película. Una mujer que vivió y amó con libertad. Una artista que conmovía con su inigualable puesta en escena y con su voz rota. Mujer que hacía cosas consideradas de hombres en una sociedad conservadora. Cantante de una personalidad arrolladora e indomable que nació en Costa Rica pero se sintió mexicana desde su infancia. Cayó a los infiernos del alcohol y los excesos y resurgió de sus cenizas para vivir una segunda etapa de gloria y admiración en la que España tuvo mucho que ver.

Isabel Vargas Lizano, Chavela, nació en San Joaquín de Flores, localidad de Costa Rica, el 17 de abril de 1919. No vivió una infancia joven, pues se sintió poco querida y padeció varias enfermedades en sus primeros años de existencia. Padeció poliomielitis y declaró pasado el tiempo en varias entrevistas que se curó de esa dolencia gracias a unas chamanes, curanderos de la selva próxima a su casa. La espiritualidad acompañó a la genial cantante durante toda su vida. Sus padres se divorciaron y ella quedó bajo el cuidado de unos tíos. Con 15 años se instaló en México, su país de adopción. Siempre se sintió y se definió mexicana y fue a la música mexicana, en especial a sus rancheras, a las que dio su toque personal. Lloró como nadie en el escenario. Cautivó con su voz rota y con su exquisita dicción. Transmitió emoción y sentimientos.

En sus primeros años en México se ganó la vida con todo tipo de empleos y comenzó a cantar en las cantinas, sus amadas cantinas, temas de Jorge Negrete y Pedro Infante. Dicen que su amistad con la amante de un general mexicano le abrió las puertas de la radio de aquel país en 1948. Chavela Vargas escandalizó a la conservadora sociedad mexicana con sus atuendos. Vestía su inconfundible jorongo rojo, el poncho rojo con el que Joaquín Sabina identifica a la artista en el tema que le dedicó (Por el bulevar de los sueños rotos). Nunca ocultó su orientación sexual y siempre vivió su vida con absoluta libertad. Dicen que paseaba por las calles con pantalones y una pistola al cinto. Mujer brava e indomable en un mundo de hombres.

Chavela Vargas grabó sus primeras canciones en los años cincuenta, aunque su primer gran disco data de 1961. Con Noche de bohemia se consagró la cantante. En ese album se incluía Macorina, canción que grabó por primera vez en 1956 y que es una de las más representativas de la artista. Hizo un excepcional tándem artístico y personal con su amigo compositor José Alfredo Jiménez. Sus parrandas, cuentan, fueron legendarias y excesivas. Una parte poco conocida de la vida de la artista mexicana es que actuó en Estados Unidos en los años cincuenta e incluso cantó en la boda de Liz Taylor y Michael Tood en 1957. También hizo buenas migas con Ava Gardner.

Regresó a México y allí Chavela siguió conquistando con sus interpretaciones de boleros y rancheras como Amanecí en tus brazos, Tata Dios, Los ejes de mi carreta, Piensa en mí, Toda una vida, Nosotros o La noche de mi amor. Entre sus amistades más próximas se encontró la pintora Frida Kahlo, con quien convivió durante tres años en presencia del esposo de esta, Diego Rivera. Se la recuerda entonces pegada a una botella de tequila. El alcohol y los excesos, esa forma de beberse la vida sin control, sumió a Chavela Vargas en un profundo pozo en la década de los 70. La artista, que había ganado mucha plata, como dicen por América Latina, se hundió. Lo perdió todo y estuvo en los infiernos durante 15 años. Comía por la caridad de sus vecinos. El mito, la leyenda de aquella mujer de raza con una voz desgarradora e imponente había caído. Pero en la década de los 80 logró resurgir. Lo hizo gracias a su fuerza de voluntad y a sus amigos.

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Despedida a Chavela Vargas durante su funeral en México

Chavela Vargas volvió a actuar tras más de una década retirada en El Hábito, un local de México DF. Volvía la fuerza de Macorina a los escenarios. El productor español Manuel Arroyo la vio actuar allí a comienzos de los 90 y decidió traer a la artistia mexicana a España. Actuó en 1993 en la sala Caracol de Madrid. Al concierto acudieron importantes personalidades del mundo de la cultura española de aquellos tiempos, entre ellos el director de cine Pedro Almodóvar que decidió incluir canciones de Chavela Vargas en varias de sus películas. Resurgió de sus cenizas Chavela. Volvió a llenar escenarios grandiosos como la Plaza del Zócalo en Ciudad de México, cautivó al público español y se reconcilió con el público mexicano que siempre estuvo aguardando su regreso.

En abril de 2012, Chavela Vargas, incombustible, lanzó su último disco Luna grande, basado en poemas de Federico García Lorca. En el verano de ese año, ya casi sin fuerzas, la brava artista mexicana viajó a Madrid para dar un recital en la Residencia de Estudiantes y despedirse de España. Fue hospitalizada y trasladada después a México para morir en su casa y ser enterrada recibiendo los honores que merecen los grandes artistas como ella en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Como le cantó Sabina en Por el bulevar de los sueños rotos: “Se escapó de una cárcel de amor, de un delirio de alcohol de mil noches en velas. Se dejó el corazón en Madrid, quién supiera reír como llora Chavela”. Una artista legendaria que sigue viva en su imborrable legado.

Vía| Disco libro. Los 40 grandes éxitos de Chavela Vargas.

Más información| Biografíasyvida.com

Imagen| ActualNoticias Quien.com

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