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Donación disimulada: compraventa de bien inmueble que encubre donación (I)

En nuestro ordenamiento jurídico una vez probada la simulación contractual, ésta se presume absoluta, salvo que se acredite que la causa verdaderamente querida que sustenta el negocio simulado es conforme al ordenamiento jurídico y que existe, en realidad, una simulación relativa. Por ende, demostrada la simulación, ésta se presume absoluta y frente a dicha presunción legal habrá de probarse la existencia del negocio disimulado y que su causa es verdadera y lícita. La simulación relativa es pues aquélla en que debajo del contrato aparente hay otro contrato, el que las partes realmente celebran para que produzca efectos, pero que ocultan bajo la forma del primero, que es el que aparece frente a terceros como celebrado; este es el caso, muy difundido por los medios de comunicación, de la simulación contractual efectuada por un prestigioso club de fútbol español en el fichaje de una estrella del “firmamento balompédico”.

La simulación relativa (simulatio non nuda) constituye un supuesto de anomalía de la causa; es decir, comporta la expresión de una causa falsa cuando en realidad el resultado contractual querido y ocultado se funda en otra causa verdadera, suficiente y lícita (art. 1276 CC). De manera que, descubierta la simulación, cambia la efectividad de la presunción sobre la causa, pues ya no se presume su existencia y licitud ni recae sobre el deudor la carga de probar su inexistencia (art. 1277 CC). La simulación relativa, según uniforme doctrina y reiterada jurisprudencia, requiere que debajo del negocio aparente haya otro que ha de cumplir con los requisitos del sistema contractual, fundamentalmente con lo dispuesto en el art. 1.261 CC. Para describirla bajo un patrón común: <<se caracteriza por la aparente celebración de un contrato con causa falsa y con la intención de celebrar real y efectivamente otro distinto (contrato disimulado) con causa verdadera y válida>> (STS 23 diciembre 1992 [R.10688]; o <> (SSTS 24 febrero 1986 [R.935] y 22 diciembre 1987 [R.9648]; o <colorem habet, substantiam alteram>>) y que opera con carta de naturaleza propia bajo la denominación de contrato disimulado o, simplemente, simulación relativa>> (SSTS 28 abril 1993 [R.2952], 29 julio 1993 [R.6493] y 19 junio 1997 [R.5418]; o <> (STS 29 marzo 1993 [R.2532]); o <causa simulationis>>)>> STS 23 octubre 1992 [R.8279].

Por su parte, y respecto a la simulación absoluta, nuestro Alto Tribunal entiende que ésta implica una apariencia buscada a propósito (STS 16 marzo 1998 [R.1490]), por medio de la cual se crea un contrato que no existe por falta de causa. Como dice la STS 23 octubre 1992 [R.8279]: <>. La simulación absoluta en todo caso viene definida por la carencia total de causa en el contrato (STS 23 diciembre 1992 [R.10688], lo que implica que la apariencia también es total. El contrato absolutamente simulado no contiene ninguna otra voluntad contractual, con la simulación absoluta sólo se crea un contrato aparente, con fines a veces ilícitos o defraudatorios. La simulación absoluta viene configurada por el TS como una <colorem habet, substantiam vero nullum”)>> (STSS 29 marzo 1993 [R.2532], 28 abril 1993 [R.2952], 29 julio 1993 [R.6493] y 19 junio 1997 [R.5418]); <<La simulación absoluta da lugar a un negocio jurídico sin causa, por lo que carece de sentido invocar la existencia de la simulación conjuntamente con la de concurrencia de causa ilícita>> (STS 21 noviembre 2005 [R.7850]). Se identifica pues la simulación absoluta con la nulidad radical al igualar los efectos de un contrato simulado con los de un negocio radicalmente nulo (SSTS 28 abril 1993 [R.2952], 29 julio 1993 [R.6493], 7 febrero 1994 [R.918], 21 septiembre 1998 [R.6549], 22 marzo 2001 [R.4750], 8 mayo 2001 [R.7377], 25 octubre 2005 [R.7210], 13 febrero 2006 [R.551], 30 marzo 2006 [R.5287], 25 enero 2008 [R.224].

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