Cultura y Sociedad, Historia 


Don Juan Carlos y Santiago Carrillo, dos hombres obligados a entenderse


“El Príncipe es una marioneta que Franco manipula como quiere, un pobre hombre incapaz de toda dignidad y sentido político. Es un tontín que está metido hasta el cuello en una aventura que le costará la cara. Solo puede aspirar a ser Rey por unos meses”.

Éstas son las primeras observaciones públicas que hace Santiago Carrillo de don Juan Carlos, recogidas por la periodista Oriana Fallaci en octubre de 1975, pocas semanas antes de la muerte de Francisco Franco. En 2008, el mismo Santiago, ahora en una España democrática, afirmó: “En estos momentos la Monarquía actual es un régimen que garantiza en España las libertades que podría asegurar una República. En la Transición tuvimos un acierto de hacer que la Monarquía haya venido a este país no como el producto y resultado de la derecha, sino de todos, de la derecha y de la izquierda”. ¿Qué ocurrió entre estas fechas para que Santiago Carrillo cambiara de opinión? Para responder a esta pregunta hay que remontarse al final del Franquismo, donde descubrimos el primer acercamiento de don Juan Carlos —en estos momentos aún Príncipe— con Santiago Carrillo.

Desde que Franco convirtió a don Juan Carlos en su futuro sucesor como Jefe del Estado, sabía que tras la muerte del dictador se haría necesario un camino que condujera a España a una democracia.  Así, una de las medidas que se deberían tomar en ese camino hacia las libertades era legalizar los partidos políticos, incluido PCE. El problema es que en esos momentos apenas se tienen contactos estables con sus dirigentes en el exilio y se desconocían sus pretensiones en un futuro cada vez más cercano: el de una España sin Franco.

Don Juan Carlos sabía del grave riesgo que supondría para su figura que miembros del régimen y algunos militares se enterasen de que éste estaba intentando contactar con el líder comunista en el exilio. Esto hace que Don Juan Carlos confié en Nicolás Franco Pascual de Pobil, amigo de la infancia y a la vez sobrino de Franco, para realizar las primeras conversaciones secretas con Carrillo. Nicolás se ofrece voluntario para esta labor: conocer los planteamientos en esos momentos y las posiciones futuras de cincuenta personas de mayor peso político y social, desde la derecha en el poder hasta la izquierda en la clandestinidad. Nicolás Franco afirmó al periodista británico Tom Burns: “La encuesta que le proponía le pareció una idea magnifica. Según avanzaba el proyecto, iba a La Zarzuela y charlábamos  y le ponía al corriente”.

Nicolás Franco se cita con Santiago Carrillo en agosto de 1974 en el restaurante parisino Vert Galant. Carillo no sabe que Nicolás va de parte de don Juan Carlos. Esto puede ser la causa por la cual Carillo no confiara plenamente en la figura de Don Juan Carlos, al confesar a la periodista Oriana Fallaci la cita con la que abría esta publicación. Tras dialogar sobre la situación de España, y los cambios que se van a producir en ella por la eminente muerte de Franco,  Nicolás Franco traslada a La Zarzuela el siguiente mensaje secreto: tras la muerte de Franco, la principal preocupación del PCE no será si monarquía o república, sino democracia o dictadura.

De esta manera, el Rey es quien pone en marcha el tren que llevará al PCE a su legalización, aunque será finalmente Adolfo Suárez quien conduzca ese tren con unas condiciones muy claras: que el PCE defienda la unidad de España, su bandera y la Monarquía. Santiago Carrillo lo acepta.

En mi próxima entrega narraré el primer y anecdótico encuentro que tuvieron Don Juan Carlos y Santiago Carrillo.

 

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Vía |  Apezarena, José. Todos los hombres del Rey (pg. 329 – 358). Barcelona: Plaza & Janes, 1997.

Imágenes | Noticias Gran Canaria

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