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Disfunción eréctil : ¿y si no puedo?

La disfunción eréctil (conocida comúnmente como “impotencia”) es la incapacidad del hombre para lograr y/o mantener una erección con la firmeza suficiente como para permitir la penetración. Aunque se reconocen 3 tipos distintos: orgánica (debida a un fallo en el Sistema Nervioso Central o en los órganos sexuales), funcional (debido a consumo de sustancias como alcohol u otras drogas, envejecimiento normal o agotamiento físico) y la psicógena (debida a procesos psicológicos), es esta última la que se encuentra más frecuentemente en la práctica clínica (85% de los casos, McCary, 1984).

La causa más común para la disfunción eréctil de tipo psicógeno, suele ser la ansiedad previa al acto sexual. Esto se explica porque la erección está controlada, en mayor medida, por el sistema nervioso autónomo, es decir, la ramas simpáticas y parasimpáticas. Simplificando mucho, estos dos sistemas trabajan en oposición, es decir, el sistema nervioso simpático se encarga de activar los distintos órganos y funciones del cuerpo, mientras que el parasimpático se encarga de relajarlos. Sin embargo, esto no siempre es así,  como es en el caso de la erección. Esto es debido, a que en estado normal (es decir, sin que exista ningún estímulo sexual) el sistema nervioso simpático mantiene contraído los esfínteres (compuestos de musculo listo, un tipo de musculatura que no consume energía al estar contraído, si no al estar relajado) de los cuerpos cavernosos, permitiendo la entrada y salida de sangre al pene. Cuando se produce un estímulo sexual (bien sea físico, como una estimulación visual u olfativa, o bien sea mental, como la imaginación), el sistema parasimpático relaja el esfínter que regula la salida de sangre a los cuerpos cavernosos, impidiendo el vaciado sanguíneo del pene. Esto produce que el pene se vaya hinchando progresivamente debido a que los cuerpos cavernosos se llenan de sangre.

Es por esto que, al experimentar ansiedad ante la posibilidad de realizar un acto sexual, esta provoca una hiperactivación del sistema nervioso simpático (respuesta normal ante la ansiedad o el miedo, ya que prepara nuestro cuerpo para la huida o el ataque ante un estímulo peligroso, dejando para otro momento funciones como la digestión o la respuesta sexual), lo que hace que no se pueda cerrar el retorno venoso, y no se produzca la erección. Debido a este mecanismo, es necesario encontrarse en un estado más o menos relajado , o al menos sin experimentar excesiva ansiedad o miedo ante el estímulo sexual, para experimentar una erección lo suficientemente firme. Las causas más comunes de esta ansiedad suelen ser experiencias previas insatisfactorias, que provocan un temor ante la posibilidad de no experimentar una erección completa, o no poder satisfacer a la pareja sexual.

Así pues, el trabajo terapéutico de estos problemas suele estar centrado en la práctica de la relajación, y en la desensibilización de los estímulos sexuales, que permitan reducir lo máximo posible el nivel de activación que provocan estos en el varón.

Este mecanismo que se ha detallado aquí es el mismo que controla la lubricación femenina, así como la erección clitoridiana, pero estos problemas suelen ser mucho menos frecuentes que en los hombres. En próximos artículos hablaremos de la eyaculación precoz, otro de los problemas sexuales más frecuentes en el varón.
Vía|McCary, J. L., & McCary, S. P. (1983). Sexualidad humana de McCary (No. 574.16 M2Y 1982)
Usandizaga, J. A., & Dans, F. M. (1990). Bases anatómicas y fisiológicas de la sexualidad y de la reproducción humanas.
Carrobles, J.A.I., y Yaque, Á.S. (1991). Terapia sexual. Fundación Universidad-Empresa.

Imagen| Disfunción eréctil
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