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Disciplina positiva (II): los pilares básicos

Como ya adelantábamos en la entrada anterior sobre este tema, la disciplina positiva se basa en la comunicación y el respeto, en el cariño y la expresión del mismo, en la comprensión y ajuste y en la búsqueda de soluciones. Así, decíamos que estaría constituida por cuatro pilares básicos, que desarrollaremos a continuación: la identificación de objetivos a largo plazo, comprender cómo piensan y sienten los niños(as), entregar calidez y proporcionar estructura, y solucionar de conflictos.

Así, comenzamos a entender los distintos pilares que comprende la psicología positiva. En esta primera parte hablaremos sobre la identificación de los objetivos  a largo plazo y la comprensión de las formas de pensar y sentir de los niños/as.

  1. Identificación de sus objetivos a largo plazo

Educar a un niño/a desde el nacimiento hasta la edad adulta es una de las cosas más importantes que vamos a hacer en la vida. Pero no se nos dice cómo empezar y comenzamos este viaje sin pensar a dónde queremos llegar. Es importante pensar acerca de los objetivos que nos planteamos respecto a la educación de los más pequeños, pues esos objetivos serán la base sobre la cual se construirán nuestras habilidades de disciplina positiva.

Pensemos por un momento en una situación concreta: hay que prepararse para ir a la escuela, ¿qué objetivos tenemos para nuestro hijo/a a lo largo de esta mañana antes de llegar a la escuela? Quizá que se levante a la primera, que se vista rápido, que se tome el desayuno, que no se entretenga, etc. Pues bien, estos serían nuestros objetivos o metas a corto plazo.Ahora pensemos en cómo queremos que sea nuestro hijo/a dentro de 20 años: ¿qué clase de persona esperamos que sea? ¿qué clase de relación esperamos tener con él o ella? Esperaremos que sea alguien empático, que trate a los demás con respeto, crítico, resolutivo…entre otras muchas. Estas serían las metas de crianza a largo plazo.

Los objetivos a largo plazo llevan mucho tiempo de alcanzar, por lo general, muchos años. Pero eso es el corazón mismo de ser padres y madres o educadores. Los objetivos a largo plazo son los que se quieren ver alcanzados cuando los niños/as sean mayores.

Una de las cosas más difíciles de la crianza de los hijos(as) es conciliar nuestros objetivos a largo plazo con los de corto plazo, porque a menudo ambos entran en conflicto.

 Si volvemos a pensar en los objetivos a corto plazo, cuando vemos que, por ejemplo, no se está vistiendo porque ha preferido ponerse a jugar, ¿qué hacemos? Quizá nos frustramos y decidimos que gritarle o golpearle en ese momento es la solución, pero así no vamos a conseguir que corra más y, sobre todo ¿estamos enseñándole una forma adecuada de solucionar problemas?

El modo en que actuamos en situaciones a corto plazo es un modelo para nuestros niños/as. Es entonces cuando aprenden, por ejemplo, cómo enfrentar el estrés, según cómo lo hacen los adultos. Si gritamos y golpeamos cuando estamos estresados, esto es lo que van a aprender a hacer en la misma situación.

El modo en que solemos actuar en situaciones a corto plazo muchas veces bloquean los objetivos a largo plazo. Por tanto, ¿cómo satisfacer tanto los objetivos a corto plazo como los de largo plazo?

Una de las claves para la eficacia de la disciplina es ver los retos de corto plazo como oportunidades de trabajar en sus objetivos a largo plazo.

Cuando usted se sienta frustrado, esta es una señal de que usted tiene la oportunidad de enseñarle a su niño/a algo importante siendo un modelo de conducta, por ejemplo, cómo:

  • Manejar el estrés
  • Comunicarse respetuosamente
  • Manejar los conflictos sin agresión física
  • Considerar los sentimientos de otras personas
  • Lograr su objetivo sin hacer daño a otros física, o emocionalmente
  1. Comprender cómo los niños/as piensan y sienten

El tercer elemento básico de la disciplina es comprender cómo piensan y sienten los niños. Cuando vemos el mundo a través de los ojos de un niño/a o adolescente, podemos comenzar a entender su comportamiento y ser educadores mucho más eficaces.

Aunque no debemos olvidar que cada niño/a es único y que, por mucho que sepamos de desarrollo, cada uno de los hijos o hijas que tengamos o de los niños/as que haya en nuestro aula, será distinto y tendrá sus tiempos y características particulares.

Aun así, debemos intentar conocer y comprender:

  • Las capacidades cognitivas de los niños/as en las distintas etapas: atención, memoria, capacidad reflexiva, toma de decisiones, etc.
  • Las habilidades psicomotrices: a que edad andan, corren, saltan, agarran cosas con más o menos habilidad, dificultades para moverse o hacer determinadas actividades, cómo afecta el desarrollo físico a la motricidad y el equilibrio…
  • Habilidades sociales y comunicativas, y ritmos del lenguaje
  • Intereses lúdicos y tipos de juego
  • Tolerancia a la frustración
  • Respuestas emocionales
  • Apego y vínculo afectivo
  • Comprensión de normas sociales y morales
  • Temperamento y personalidad
  • Gustos, intereses y motivaciones

Sólo tratando de comprender al niño/a, sus ritmos, tiempos, formas de pensar o sentir, empatizando y viendo desde su perspectiva, habremos avanzado enormemente para tratar con disciplina positiva.

En el siguiente artículo seguiremos adentrándonos en los pilares de la disciplina positiva, viendo la importancia de proporcionar calidez y estructura, así como la resolución de conflictos.

Vía|Larenas, D; Fuentes, L; Selander, M (2008). Manual sobre disciplina positiva. Asociación Chilena Pro Naciones Unidas (ACHNU). Adaptación de Positive Discipline: What it is and how to do it de Joan E. Durant

Pascual, D; y Díaz, A.I., (2010) Disciplina Positiva, una guía para maestros y maestras. Plan Internacional, República Dominicana.

Imagen|Disciplina positiva.

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