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Disciplina positiva (I): qué es y cómo hacerlo

Educar a los niños/as, ya sea como padres y madres o como educadores, es un viaje alegre, que a veces puede ser frustrante y agotador, pero también es regocijante y llena de orgullo día tras día. El desafío es enorme: hay que tomar de la mano a un ser humano que comienza su camino, que empieza a vivir y tenemos que guiarlo hacia su edad adulta. A lo largo de este proceso, habrá que enseñarle todo lo que necesita saber para ser feliz y vivir la vida lo más correctamente posible.

Sin embargo, en determinadas épocas, este desafío resulta abrumador. A veces, no sabemos qué hacer, mientras que otras veces parece que nada de lo que hacemos es correcto, sobre todo como padres y madres. Eso sin olvidar que están todas las demás tensiones en nuestras vidas, lo que resulta difícil de superar.

Cuando se relacionan con los hijos/as y realizan sus funciones, los padres/madres ponen en práctica unas tácticas llamadas estilos educativos, prácticas de crianza o estrategias de socialización, con la finalidad de influir, educar y orientar a los hijos para su integración social. Las prácticas de crianza difieren de unos padres/madres a otros/as y sus efectos en los hijos/as también son diferentes.

Con las prácticas de crianza los padres/madres pretenden modular y encauzar las conductas de los hijos/as en la dirección que ellos valoran y desean y de acuerdo a su personalidad.

Como el propio Machado diría, la mayoría aprende a ser padres o madre haciendo camino al andar. Tenemos poca información sobre el desarrollo del niño(a), así que confiamos en nuestros instintos o en nuestra propia experiencia de la niñez. Pero muchas veces nuestros instintos son reacciones emocionales, no pensadas adecuadamente. Incluso, a veces son negativas o violentas. Consecuentemente, muchos padres/madres piensan que la disciplina consiste en reprender y castigar físicamente. Otros se sienten mal por no controlar sus emociones. Y también existen aquéllos que se sienten simplemente desamparados.

Pero hay otro camino llamado “Disciplina Positiva”. Este modelo fue creado y trabajado por Alfred Adler (1870-1937) y Rudolf Dreikurs (1897-1972), y años después desarrollado y difundido por Jane Nelsen y Lynn Loot. Disciplina significa realmente “enseñar”. La enseñanza se basa en fijar las metas para aprender, planear un acercamiento eficaz y encontrar las soluciones que funcionan de verdad. La “disciplina positiva” es no-violenta y es respetuosa con el niño como aprendiz, con sus tiempos de desarrollo. Está basada en la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, la cual garantiza su protección contra todas las formas de violencia, incluyendo el castigo físico. También reconoce la dignidad de los niños(as) y el respeto a sus derechos. Así, es una aproximación a la enseñanza para ayudarlos a tener éxito, pues está enfocada a obtener soluciones; les da la información, y los apoya en su crecimiento.

Teniendo esto en cuenta, la disciplina positiva NO es:

  • Ser padres y madres permisivos.
  • Dejar que su niño(a) haga lo que él desea.
  • No tener reglas, límites o expectativas.
  • La disciplina positiva no consiste en reacciones de corto plazo o castigos alternativos a dar unas palmadas o golpear.

Al contrario de esto, la disciplina positiva ES:

  • Encontrar soluciones a largo plazo que desarrollen la autodisciplina de los hijos(a).
  • Comunicar a sus hijos con claridad sus expectativas, reglas y límites.
  • Construir una relación mutuamente respetuosa con ellos(as).
  • Enseñarles habilidades que les serán útiles para toda la vida.
  • Aumentar la capacidad y la auto-confianza de sus hijos para manejar desafíos vitales.
  • Enseñarles cortesía, no-violencia, empatía, amor propio, derechos humanos y respeto a los otros.

Si como hemos dicho, ser padres y madres no es un destino, sino un viaje, debemos comenzar pensando en las herramientas que necesitaremos para hacer que el viaje sea exitoso. Para ello tenemos que tener claro que:

  • La disciplina positiva es un enfoque de la crianza de los hijos(as).
  • Es una manera de pensar.
  • Se basa en cuatro principios de la crianza eficaz (los cuales analizaremos con más profundidad en el siguiente artículo), cuatro pilares de la disciplina positiva:
    • Se centra en identificar objetivos de largo plazo,
    • comprender cómo piensan y sienten los niños(as),
    • entregar calidez, proporcionar estructura,
    • y solucionar conflictos.

Por tanto, la disciplina positiva proporciona una base de referencia para las familias y educadores. Es un sistema de principios que pueden aplicarse en una amplia gama de situaciones y en cualquier edad. Es más, es un sistema de principios que pueden orientar todas las interacciones con los niños y niñas, no sólo en los grandes desafíos, y a lo largo de toda la vida.

 

Vía|Larenas, D; Fuentes, L; Selander, M (2008). Manual sobre disciplina positiva. Asociación Chilena Pro Naciones Unidas (ACHNU). Adaptación de Positive Discipline: What it is and how to do it de Joan E. Durant

Ramírez, M. A. (2005). Padres y desarrollo de los hijos: prácticas de crianza. Estudios pedagógicos (Valdivia)31(2), 167-177.

Fernández Rivas, C. Disciplina positiva: límites sin autoritarismo. Padres ayudando a padres.

Imagen| Disciplina positiva

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