Historia 


Diferencias expositivas entre los museos clásicos y los museos de arte contemporaneo

Museo del Louvre en París

Los sistemas expositivos en los museos ha sido tema de debate. En primer lugar, nos tenemos que adecuar al museo al que nos encontremos, ya que si se trata de un museo de arte clásico –de manera habitual- las paredes y las estancias estarán mucho más abarrotadas de obras que si entramos a un museo de arte contemporáneo. Por otro lado, tenemos que discernir los elementos fundacionales de ambas instituciones. En origen y reduciendo casi a lo simple, los nacimientos de los museos de arte más tradicional surgieron tras las revoluciones de los siglos XVIII y XIX bajo claros lemas de la educación de los pueblos. Sin embargo, aun manteniendo la misma condición educativa de un museo, los museos de arte contemporáneo nacieron con la finalidad de albergar las nuevas formas de arte que el siglo XX estaba ofreciendo.

Del mismo modo, son incomparables desde un punto de vista estético la disposición de la obra en salas en un museo de arte clásico como puede ser el Louvre de París con la TaTe de Londres.

Las principales diferencias desde el punto de vista estético, en el caso de los museos de arte contemporáneo, las encontramos en la peculiaridad de que la tónica general es que el color que prima en las paredes es el blanco. Esta “peculiaridad” permite que las obras resalten en todo su esplendor, ya sea un bronce de escasos centímetros o un lienzo de grandes dimensiones. Al respecto de esta cuestión y la estudiada filosofía que desentraña, encontramos una de las primeras y más famosas aplicaciones en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Sin embargo, la vanguardia centroeuropea del siglo XX como el Lissitzky o Alexander Donner ya comenzaban a “limpiar” las paredes en sus exposiciones. Incluso durante el nazismo con Hitler se comenzó a liberar las paredes.

La idea de esta limpieza en las paredes procede casi de una necesidad impuesta para cumplir una de las finalidades con las que se creó el museo, que era la de educar. De manera frecuente se veían las salas literalmente abarrotadas de obras, haciendo no solo inviable poder apreciar las cualidades de estas. De manera tajante, pensadores de la época como Paul Valéry ya afirmaba que los museos se encontraban sobrecargados de contenidos. Ello implicaba que los visitantes, fueran ilustrados o no, acabaran “saturados” de una experiencia que debía de ser todo lo contrario.

Tate Museum de Londres

Por otro lado, la evolución y el crecimiento que sufrió el arte a lo largo del siglo XX pasando paulatinamente a la no figuración hizo también necesario plantear un cambio en la medida que este quedaba puesto a disposición del público. Gracias en parte a estas nuevas formas de exponer, las actividades de los museos de arte contemporáneo se fueron incrementando, ya que el arte contemporáneo es un arte que precisa de un tipo de explicación más específica, filosofica e histórica, que el arte clásico. Así pues, es cierto que determinados museos incrementaron su personal en departamentos como el “educativo”, que hasta entonces parecía un gran desconocido.

Vía| JÍMENEZ BLANCO, M. D., Historia del museo en nueve conceptos

Más información|RICO, J. C., Montaje de exposiciones

Imagen|LouvreTate Londres 

En QAH|Los museos y sus orígenes, Cuatro hitos de la historia del Museo del Prado

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