Cultura y Sociedad, Patrimonio 


‘Die Stille vor Bach’. Sobre su silencio y armonía

Engendrar una película que pretende acercarnos la vida del gran compositor Johann Sebastian Bach y usar en su título la palabra “silencio” es un acto ilógico a parte de vanguardista, que seguro que tiene parte de su razón en otras artes, paralelas al cine, de las que el director ha tomado las claves para esta gran película (compositor español Carles Santos, por ejemplo).

Fotograma de la película, donde la ausencia de sonido llega incluso a molestar. Se demuestra cómo la música puede llegar a transmitirnos cualquier tipo de emoción.

Fotograma de la película, donde la ausencia de sonido llega incluso a molestar. Se demuestra cómo la música puede llegar a transmitirnos cualquier tipo de emoción.

“El silencio antes de Bach”, título en español de la película dirigida por el cineasta español Pere Portabella, es una película especial en lo relativo al planteamiento de la historia que cuenta, puesto que no existe planteamiento, nudo ni desenlace. No hay una secuencia lógica en su desarrollo, se trata de la conjunto encadenado de pequeñas escenas en las que es la música el hilo que teje y va creando la trama. La música es ingrediente principal, protagonista y responsable de transmitir el espíritu de Bach.

Pere Portabella consigue hacer visible lo invisible. Alude al silencio previo a Bach, un silencio que es materialmente imposible, puesto que siempre la música es un conjunto de mezclas: lo armónico y compuesto a la perfección y lo arrítmico, el sonido ambiente de un determinado lugar. Portabella impone la maestría de la música de Bach sobre todo lo demás, de forma que sus composiciones resultan tan potentes que pueden llegar incluso a aniquilar. Esto sucede por ejemplo en la primera escena, que comienza sobre un fondo blanco que nada o todo contiene (tampoco es casual). El plano en movimiento, silencioso, que avanza sobre habitaciones vacías, la ausencia de música que transmite la necesidad que tenemos de ella; y, finalmente, una pianola arrastrándose con más o menos esmero mientras reproduce una de las variaciones Goldberg. La música de Bach ha conseguido eliminar al intérprete.

Primera escena de la película, donde la música se apodera de todo lo demás.

Primera escena de la película, donde la música se apodera de todo lo demás.

Fantástica la capacidad de traer las composiciones de varios siglos atrás a la actualidad, la convivencia de la música de Bach en diversos instrumentos y escenarios. Denota, simplemente, la destreza de Pere Portabella de hacer ver en un largometraje el poder de la música de sentirnos libres, felices, heridos o hundidos. Nos muestra además, con la ausencia de sonido, un silencio hipotético o vacío que sólo puede ser colmado por Bach.

 

Más información| Cinerastas, Pere Portabella, Carles Santos

Imagen| Piano, Pianola

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