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Día 296

Doscientos noventa y seis. Aún recuerdo cuándo y cómo decidí comenzar el recuento. Fue casi concluyendo un 365 de apariencia eterna, pero que había transcurrido demasiado deprisa. Sucedían los días sin destacar nada especialmente remarcable, cumpliendo las funciones básicas, pero sin exprimir como se merecía cada día vivido. Vivía pensando en mañana, echando de menos ayer y deseando que pasara hoy. No era consciente de que vivía conmigo, pero sin estar en mí, malgastando minutos, sobreviviendo horas y perdiendo tiempo. Y es que, sin darnos cuenta, nos pasamos la vida improvisando, sin mirarnos hacia dentro y pasando por alto examinar con lupa de fuera.

Precisamente por ello, comencé a dejar de ser la espectadora de mi vida, para subir al escenario y comenzar a representar con ganas el papel que se me había asignado: el de protagonista de mi historia. Consideré que enero era un buen mes para ello, aunque los años se estrenen realmente en septiembre. Me propuse que 2015 sería un año limpio y, sobre todo, consciente. Así que con un nuevo calendario impecable al frente comencé a darle a cada día la importancia y el protagonismo que merecía. Porque todos, absolutamente todos, son igual de valiosos e irrepetibles. ¿Sabías que hoy, día 296, no volverá a existir? De hecho, este instante desaparecerá en cuanto acabes la línea.

Make Today Count

Haz que cuente

Plenamente consciente de la velocidad vertiginosa a la que se evaporan los días, yo inicié la cuenta. Día 1, día 2, día 3… Cada uno de ellos iría acompañado de una imagen y un texto que compartiría con los míos. Sin pretensión de convertirlo en un diario, comencé a escribir sobre lo que pensaba, sobre lo que sentía, sobre lo que escuchaba, sobre lo que veía, sobre lo que leía, lo que recordaba y también sobre lo que quería olvidar, lo que pasó alguna vez o lo que estuvo a punto de ocurrir, pero jamás sucedió. Decidí que era el momento de sacar provecho de todo lo que había vivido hasta el momento para convertirlo en una reflexión que probablemente sirviera a alguien. Era el momento de compartir experiencias pasadas, presentes y, por qué no, también futuras. Y llegué al 296, ¿oíste bien? ¡Doscientos noventa y seis días con sus respectivas mañanas, tardes y noches! Confieso que algún día sentí vértigo, pero el compromiso que establecí conmigo misma a principio de año prevaleció a todo y seguí adelante. Y aquí me encuentro, ante 296 días inmortalizados.  296 días en los que he observado, parado, reflexionado. 296 días retratados, insólitos y especiales. Aún queda un pequeño trecho para alcanzar los 365 que culminarán un pequeño proyecto personal del que me siento muy satisfecha y que me ha dado muchas alegrías, entre las cuales se encuentra estar escribiendo aquí estas palabras. 69 días me separan de mi objetivo final, el de un año pleno, vivo y vivido. ¿Te animas a acompañarme hasta el final? Comencemos a contar, a partir de ahora. ¿Te atreves? Haz que cuente.

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