Redes Sociales, Tecnología y Social Media 


Detox digital: la libertad de decir no

“Luego de dormirse por las noches, las noticias se vuelven tan importantes como el mismo desayuno. ‘Por favor, cuénteme qué le ha ocurrido a algún hombre en cualquier sitio de la Tierra’, y se pone a tomar su café y a comer su buñuelo mientras lee el caso de un hombre al que le arrancaron los ojos esa mañana en el río Wachito, sin pensar siquiera que él mismo vive en una impenetrable oscuridad y tiene solamente un rudimento de ojo”.

-Henry D. Thoreau, Walden. La vida en los bosques (1854)

Una semana de turbulencias familiares ocasionó que el autor de esta nota se desconectara por unos días de las plataformas digitales y se abstuviera de publicar en Twitter, Facebook e Instagram. Lejos de representar un impedimento, la ausencia -momentánea- de las redes sociales, el WhatsApp y la disponibilidad online terminó convirtiéndose en una desintoxicación que trajo oxígeno y generó espacio para otras ideas.

Un reporte reciente de la empresa We Are Social  arrojó que dentro de la población mundial, que excede los 7.500 millones de personas, más de 3.800 millones son usuarios de Internet -ni más ni menos que 51% de los habitantes-, de los cuales 3.028 utilizan alguna red social. Ante la contundencia de estas cifras, alejarse por un tiempo de las pantallas móviles parece una excentricidad, que algunos hasta se animan a catalogar como “siesta digital”, algo así como un retiro voluntario de la publicación de la vida pública y privada, y la consulta de las trivialidades de los contactos. La jubilación temprana de estas prácticas parece difícil. ¿Cómo negarse a probar la última red social o evitar sucumbir ante la tentación que nos ofrece el muestrario de novedades hi-tec? ¿Y si no quiero instalarme la app Sarahah*?

El sociólogo argentino Héctor Schmucler acuñó en 1996 el concepto de tecnologismo, para explicar que el discurso de la técnica implica una tautología, dado que, a su entender, no es posible concebir el mundo por fuera de él. “Para la técnica moderna no hay más futuro, sino una expansión mimética del presente” aseguraba en los albores de la oveja Dolly. El autor destacaba que estas dependencias eliminan aquello que distingue al ser humano del animal: la posibilidad de elegir o negarse. Y hasta se animó a comparar esta impotencia con las tortugas: “Los aparatos que manejamos libremente en otro tiempo comienzan a parecer caparazones pertenecientes al cuerpo humano”, escribió Schmucler cuando aún no existían los teléfonos inteligentes ni los tuits.

Aunque estos espacios abrieron canales de expresión -que democratizaron las voces y facilitaron los vínculos virtuales afectivos, profesionales y comerciales-, se abren asimismo interrogantes sobre cuánto de interesante hay para decir, el porqué de la exhibición permanente de las vidas editadas o la necesidad de contar con varios perfiles social media. Habría que preguntarse si es posible decirle no a la técnica, sin que la decisión implique alzar una revolución anti smartphone o sufrir un síndrome de abstinencia instragramero, y permitirse esbozar alternativas analógicas, menos digitalizadas y más prescindibles. Se trata, en definitiva, de estar mejor conectados.

*Sarahah (en árabe significa “honestidad”) es una app que permite a los usuarios mandar y recibir mensajes de forma anónima. Creada por el programador saudí Zain Al-Abidin Tawfiq y lanzada en febrero de 2017, se ha convertido rápidamente en la aplicación número uno en descargas.

Fuentes | Schmucler, H. (1996), Apuntes sobre el tecnologismo y  la voluntad de no querer, en Revista Artefacto, (Universidad de Buenos Aires). Thoreau H. (1854), Walden. La vida en los bosques (Argentina, Andrómeda). We are socialMinuto Uno

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