Actualidad Jurídica, Jurídico 


Despido procedente por insultar al Jefe

Algunas empresas justifican el despido disciplinario procedente de un trabajador tras ver ciertos comentarios vertidos en las redes sociales. Los jueces lo admiten cuando éstos son injuriosos y habituales revistiéndolos de la gravedad suficiente para ello.

Meterse con el jefe, con los compañeros y hasta con los clientes solía reservarse a la esfera privada, pero con las redes sociales su impacto se ha multiplicado, a pesar de que muchas personas consideran puramente personal su perfil en las redes sociales como Facebook, Twitter o incluso su blog particular. En estos casos, los comentarios desafortunados han provocado, sin embargo, que algunos trabajadores acaben en la calle. Los jueces tienen una dura tarea a la hora de valorar si se trata de un despido procedente o improcedente cuando hay insultos y difamaciones de por medio, ya que está en entredicho la libertad de expresión y hasta dónde puede llegar que es lo que realmente se pondera en estos particulares casos. Por lo tanto, un improperio no siempre justifica un despido inmediato.

#actualidadQAH

Uno de los principales argumentos que tienen en cuenta los jueces para determinar si se trata de despido improcedente o procedente es la intensidad de los insultos. No se trata tanto del tipo de los mismos sino de la intensidad y la intencionalidad que éstos son dichos y sobre todo si es habitual y constante esta conducta.

Por otro lado y aunque no se puede hablar de atenuante en el sentido estricto de la palabra, el juez también valora el contexto en el que se han producido los insultos. Por ejemplo, cuando una empresa se encuentra en pleno conflicto laboral con sus empleados o parte de ellos, como puede ser un ERE o la negociación de un nuevo convenio colectivo, suele ser una época especialmente problemática en la que se producen algunas salidas de tono por ambas partes, es por ello que el Tribunal ha considerado una de las claves para la valoración de este tipo de despidos el contexto en el que los insultos fueron propiciados, pues además de la libertad de expresión que ahora abordaremos, es necesario tener en cuenta la situación personal y particular del trabajador en cuestión, sobre todo si esta circunstancia no ha ocurrido con anterioridad.

La libertad de expresión recogida en el artículo 20.1 de nuestra constitución ampara la crítica, pero no las injurias ni las calumnias. Ésta fue la conclusión a la que llegó el Tribunal Superior de Justicia de Madrid para determinar la procedencia del despido de un profesor por utilizar su blog personal para publicar insultos y faltas de respeto.

En definitiva, esta sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid crea un procedente en el que sienta las bases en cuanto a un mínimum para poder hacer efectivo y procedente un despido disciplinario a un trabajador por insultar tanto a sus jefes como a sus compañeros: entender en qué contexto se han realizado los insultos, la intensidad e intencionalidad de los mismos y sobre todo, con qué frecuencia se vienen produciendo, pues aquí encontraremos la clave de la procedencia del despido. Sin duda se trata de una sentencia pionera en este campo y que dará lugar a múltiples interpretaciones.

Vía| Cendoj   Laboral-social
Imagen| Soñar-con

RELACIONADOS