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Despertarnos en la misma cama

Tremendo. Único. Este verano fue anormal. Junto a un grupo de personas muy dueñas de sí, hicimos un viaje en el que, gracias a Dios, pudimos sorprendernos de varios paisajes de la naturaleza. Afortunadamente, vimos de todo. Bah, casi de todo… a decir verdad, estuvimos buscando algo que prácticamente no encontramos. Algo que perseguimos día y noche, pero que a duras penas lo vimos pasar. Era tal su ausencia que lo convertía en especial, o mejor dicho, en inexistente. Logramos divisarlo en muy pocos lugares, pero eso sí, en los que pudimos, nos detuvimos a contemplarlo e instantáneamente se respiró un aire distinto. Parecía que con eso la vida era distinta, era más liviana e incluso tenía más sentido. Eso que está en peligro de extinción y que tanto cambia la vida, se llama“PROYECTO”.

La verdad es esa. La vida con proyectos es otra cosa. Eso sí, no es para vagos. Principalmente porque no llega, sino que la armás vos. Entonces ahí está el gran escalón: superar la fiaca que te da construir, edificar algo. Y quizás el simple hecho de pensar en un proyecto a largo plazo sólo o junto a otra persona te suene a ideal o a algo difícil de lograr, pero no lo es. Para leer temas como este, que son necesarios aprehender, simplemente se necesita un poquito de actitud, pues no es ninguna ciencia. Y de esto mismo trata este artículo, de lo importante que es proyectar, especialmente en las parejas.

La mayor parte de las veces, las relaciones terminan por falta de proyección. Es decir, porque no se ven a futuro. Y probablemente puedas pensar que no imaginar un futuro con la persona que elegiste no es la causa de la separación, sino la consecuencia de no soportar ciertas cosas de ella/él, pero la realidad es que cuando uno ama y proyecta, acepta al otro mucho más.

Proyectar no es imaginar. Imaginar es fantasear. En cambio proyectar es hacer visible algo en otro lugar, es trasladar en el tiempo lo que viviste o estás viviendo. Proyectar no es “verte en el futuro con fulanito”, sino “seguir viéndote en el futuro con fulanito”.

Mirar a futuro siempre es fundamental y en este caso, clave en las parejas. Sea ésta una dupla de ladrones, amigos, novios o un matrimonio. Digo también de ladrones para demostrar que la visión a largo plazo es buena siempre y porque creo que si fuese ladrón y tuviese un socio, quisiera que después de nuestro primer robo, hagamos algo más grande juntos en vez de pelearnos por la plata que acabamos de afanar. Mismo si me voy a comprar un auto, me imagino que compraré el que, acorde a la plata que tenga, mejor sea y más me dure. En las parejas pasa lo mismo,uno necesita lo que mejor le hace.

Y digo que es muy importante tomar esta actitud porque es así la manera en que tanto las alegrías como las tristezas de una pareja cobran sentido. ¿Por qué? Porque adoptando esta postura, todo la hace crecer, todo es una enseñanza, todo construye. Entonces, desde esta perspectiva, aprendemos de las experiencias buenas y malas. Las primeras sirven para saber qué debemos seguir haciendo y las segundas, para saber sobre qué debemos trabajar. Así, incluso una pelea se torna fructífera, porque ayuda a darnos cuenta que la relación debe fortalecerse sobre eso que provocó el conflicto. Y lo que en su momento supo ser un problema pasa ahora a ser un cimiento sobre el que se construirá algo sólido.

Por eso, cuando uno cree que lo que viene es igual de bueno o incluso mejor que lo que ya está viviendo con esa persona, pone pecho a la bala y no permite que algo o alguien lo detenga. En cambio, si uno no fija la vista en lo que anhela, una mala pasada puede significar el fin. Y querer construir de a dos es primordial para quien quiere darle más sentido a su vida solitaria.

Simplemente debemos cambiar la mentalidad, hacer un clic y ver con otros ojos.

Como irás anticipando, esto tiene la misma lógica que el casino. Así que si te copan las apuestas, empezá por esta, que es la mejor. ¿No hace falta que te diga como funciona, no? Vos sabés que si entrás al casino sin un mango, sin un mango también vas a salir. Pero sabés que si entrás con uno, quizás salís con dos. Bueno, esto es igual. En una relación, si no das nada de vos, nada vas a conseguir, pero si te abrís y empezás a jugártela, a poner cada vez un poco más de lo que tenés, la entrega del otro también va a aumentar. Esta reciprocidad no es casualidad. Vos confiás en que el otro va a saber proteger esto que le compartís. Jamás vas a querer darte por entera/o si sabés que ese regalo –y nos ponemos grasas- no va a recibir el valor que se merece. Necesitás sentir seguridad por parte del otro, sentir que esa persona a la que tanto das de vos, te cuida y te va a cuidar tanto ahora como después. Y acá se repite la importancia de proyectar, ¿qué persona –no masoquista- va a abrirse de par a par si ya sabe que lo que vive no tiene futuro? Cuando de sentimientos se trata, no te tirás a la pileta que esta vacía, porque te hacés bosta. Te tirás a la llena, en la que podés estar tranquila/o. Es por eso que cuando exhibís un sinfín de pensamientos, dolores, alegrías y emociones, esperás del otro que reciba todo esto con los brazos abiertos y lo sepa valorar y cuidar, sobre todo por la vulnerabilidad que hay en juego. Sin estos principios, es muy fácil lastimar al otro.

Como tantas veces el amor no tiene razón lógica de ser, no niego que a veces sea tan intensa la pasión, el deseo o el sentimiento -aunque corto, fuerte- que quieras tirarte a una pileta vacía o con tres litros de agua. Sólo afirmo y aseguro, que cuando el amor es recíproco y duradero, hace mejor.

Dijimos que la confianza es el paso que antecede a la entrega, el salto que hace que yo quiera y me anime a brindar todo de mí, a compartirme. Esta confianza, que básicamente define la solidez de la relación, nace de la decisión constante de elegir siempre a la misma persona, sin importar la situación, el lugar y el momento. Y esto no conlleva mucha explicación, por que cuando amás, sentís que esa persona es perfecta. Y más allá de que no exista ningún mortal con dicha cualidad y que bien en claro lo tenés, la sentís perfecta para vos. Perfecta porque es tan única que saca lo mejor de vos y porque lo distinta que es a otras la convierte en especial. Más aún, toda esta importancia que le das, es bueno hacérsela notar, principalmente a las mujeres, que necesitan con mayor periodicidad sentirse tranquilas y seguras de que están con alguien que las cuida, respeta y valora.

“Las relaciones pasajeras están mal”, escucho decir. Yo no soy tan sensato como para afirmar categóricamente aquello, que además es una generalización, pero sí creo que haberte esforzado por formar una relación sólida, provoca mucha mayor satisfacción que algo banal. Por el simple hecho de haberme dado cuenta que querer y ser querido te hace feliz. Y por ende, es también una necesidad.
Aclaro de paso que actuar de la mejor manera y encontrar el equilibrio en todos los aspectos de la vida es, obviamente, imposible. Pero que tratar de lograrlo nos dignifica.

Como decía, esta felicidad inevitable que proviene de un amor recíproco es una ganancia que sólo recibís dándote. Esa es la única manera. Y al igual que la entrega, la fidelidad también es plena cuando nace de elegir al otro todos los días (ya dedicaré un escrito a ahondar más en la fidelidad).

Por todas estas razones creo que para querer, es mejor querer bien. Es decir, de una manera sana. Así llegará el día en que la incondicionalidad de afecto que la pareja refleje, sea fruto de un largo camino creciendo juntos.

Creo que el mundo está necesitando una vida más sana; una vida más humana, más sencilla; una vida en la que nuestros ojos estén puestos en lo importante, en crecer como novios, amigos, hermanos, padres o maridos; una vida con proyectos, con valores; una vida en la que tengamos confianza en nosotros mismos y en el prójimo; una vida en la que se construya y no se destruya; una vida en la que se incluya y no se segregue; una vida en la que sea fácil sentirse uno porque no se prejuzga; una vida en la que nos sintamos seguros de quienes somos y en la que nos queramos como somos. Necesitamos una vida sin tantos miedos, en la que un talle de ropa o un cartel de la Av. Sta Fe no genere traumas y no robe la naturalidad, la frescura y la espontaneidad de grandes personas que pasan a mimetizarse bajo un estereotipo regido por ejes completamente superficiales; una vida en la que no haya anorexia ni bulimia porque está la esperanza de que hay algo mejor. Definitivamente, necesitamos una vida más sana.

Hay un remedio en la esquina, pero hay una farmacia a la vuelta. Si hay algo que te hace mejor, buscalo.

Si sabemos que para vivir en armonía necesitamos una vida basada en la confianza, ¿por qué no lo hacemos? ¿Por qué no confiamos? ¿Por qué tanto miedo al compromiso, a algo profundo, a algo que demande mostrarnos como somos? No seamos nihilistas, no le demos alimento a los que dicen que nuestra generación está perdida. Cambiemos. Animémonos. Entreguémonos. Aprendamos a abandonarnos en el otro. Pongámonos metas. Vayamos más allá, trascendamos. Tengamos coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Seamos reflejo de lo que creemos.

No te alarmes, porque vivir así es lo normal. Anormal es como vivimos hoy.

 

Dirían nuestros hermanos tibetanos que a veces uno despierta, que a veces uno se ilumina. Sin embargo, por momentos uno simplemente abre los ojos…


Nota: Ver principio del texto. Este verano son los 21 años que llevo viviendo. ¿Poco?¿Mucho?¿Cómo se mide el tiempo?

 

Vía| NoTenemosTecho

Imagen| ancianos, mafalda

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