Coaching Profesional, Coaching y Desarrollo Personal 


“Desapégate de todo y no dejes rastros, aunque duela, sin anestesia, con la mente dispuesta a todo y serás tú mismo”

Decidí escribir sobre el desapego emocional, porque considero que, en muchos casos, no se comprende en su verdadera expresión. En algunas ocasiones, he comentado que creo que hay que amar con desapego emocional, y las reacciones han sido de espanto, como si me refiriera a no amar (querer es posesión – yo quiero, yo sigo queriendo, amar es entrega). En realidad, es todo lo contrario, porque las personas que aman con desapego; aman incondicionalmente, con compasión, con “sacrificio” justificado, pero con libertad y respeto (respeto a uno mismo para respetar al resto y que el resto nos respete). Es por ello que,  aquí les dejo  lo que podría ser una buena definición de desapego emocional.

El desapego emocional es amar incondicionalmente.

El desapego emocional es amar incondicionalmente.

Amar sin apegos es amar sin miedo, sin miedo a “perder”. Es tener una visión realista del amor (no la versión del príncipe y la princesa de Disney con fuegos artificiales). Es un amor basado en el respeto (y el autorespeto), en el autocontrol, en la tolerancia. Es gozar del placer y la “seguridad”, pero sin convertirla en el motor de nuestra respiración o algo indispensable para vivir. El desapego no disminuye el sentimiento de amor, al contrario, lo exalta, lo libera de “traumas”, lo maximiza, lo “regala” sin restricciones. Es tan libre, que es amor puro. La persona que no es apegada, no se escandaliza con la posibilidad del abandono y no destruye su identidad “en nombre del amor”. ¿Qué significa esto último en palabras simples? Que ama y no espera que lo amen por igual. Cada ser ama a su manera, pero debe ser una “buena” manera, por eso si se exige respeto y coherencia. Cuando se observa que el amor no es valorado, se continúa sin sufrimiento, sin escándalo, y se elimina toda posibilidad de volver a los círculos amorosos patológicos.

¿Cómo se logra esto? Amándose sobre todas las cosas, “locamente”. Teniendo un propósito de vida (distinto o adicional al “vivir para mi pareja”). Teniendo pasiones y sueños propios. Creciendo integralmente. Sabiéndose valioso. Cuando uno se valora, el mundo lo valora. Y si alguien no nos valora, sólo nos apartamos, les deseamos lo mejor y les mandamos luz.  Uno atrae lo que irradia, proyecta la experiencia afectiva que tiene en el interior. Si no nos valoramos, nadie nos valora; si no ponemos límites, no nos respetan y así sucesivamente.

En contraste, si se es libre y MENTALMENTE SANO; se es pleno, saludable y trascendente. Por ello, nuestras relaciones interpersonales fluirán en este parámetro, los que no se adapten a ello, el mundo los pondrá en su lugar (todos tenemos un lugar), aunque ese sea un poco distante de uno. Hay que aprender a aceptarlo, con resignación y calma, porque si uno se ama con bienestar, llegará más amor con bienestar. Aunque no se crea, hay muchas personas amando así ahora mismo, así que ánimos, el amor desapegado es maravilloso y se esparce.

En fin, declararse afectivamente libre es incentivar el afecto sin opresión, es distanciarse de lo perjudicial y hacer las paces con la ternura.

Vía| La Vanguardia

Imagen| Desapego emocional

Más información| El lenguaje del adiós…Recuperándonos de la Codependencia

RELACIONADOS