Economía y Empresa 


¿Desaparecerán los bancos?

“Mamá, de mayor quiero ser banquero” ya no es una frase de moda: la animadversión social a todo lo que suene a financiero es una realidad y el interés por trabajar en la banca ha desaparecido en los últimos tiempos por razones que van desde la mala reputación a las dudas sobre la viabilidad del negocio. Préstamos hipotecarios en divisas, cláusulas suelo o participaciones preferentes ofrecidas a clientes sin una cultura financiera específica han causado un grave daño en una pieza clave del sistema económico: ¿ha llegado realmente el final de la banca?

Para contestar a esta pregunta comenzaremos profundizando un poco en la rentabilidad de los bancos que lejos de ser excesiva, aunque a priori pueda parecer lo contrario, se sitúa por debajo de cualquier estimación del coste del capital en el mercado. El sector opera con rentabilidades ligeramente inferiores al 6% que son consecuencia de varios factores:

  • Bajos tipos de interés que reducen los márgenes entre el dinero que compran (plazos fijos) y venden (préstamos).
  • Ingresos por comisiones bancarias que, a modo de ejemplo, durante la primera mitad del 2016 fueron un 5% inferior a las registradas el año anterior.
  • Una estricta regulación que aumenta los requerimientos de solvencia y la exigencia sobre la disponibilidad de pasivos capaces de absorber pérdidas.

Por si esto fuera poco estas instituciones, a diferencia de otras empresas, presentan una lenta rotación del balance que hace que cambios legales de carácter retroactivo e imposibles de prever —como es el caso de las cláusulas suelo— puedan tener efectos devastadores en su rentabilidad.

La banca opera con rentabilidades inferiores al 6%

Si analizamos el entorno en el que operan, los cambios tecnológicos que estamos viviendo han propiciado la pérdida de la posición de monopolio de los bancos en la distribución de productos financieros. Han aparecido en escena las fintech, empresas que mezclando finanzas y tecnología están absorbiendo una parte creciente de la cadena de valor apoyándose en un término clave: la desintermediación. Gracias a estas plataformas online el cliente no necesita interacción física con las oficinas y puede gestionar todas sus transacciones a través del móvil: apertura de cuentas corrientes, transferencias, pagos o servicios de tarjeta de crédito. Pero las fintech también afrontan riesgos como fallos de seguridad, pérdida de financiación ante la huida de inversores o la posibilidad de verse sujetas a una estricta regulación financiera. Además de estas startup, grandes actores digitales con reputación de marca como Apple, Amazon, Google o Facebook están tomando posiciones y explorando segmentos como los lending o micropagos.

Sin embargo, pese a este nuevo entorno, la verdadera amenaza del sector financiero tradicional no son las fintech o las compañías tecnológicas; son los nuevos hábitos de los usuarios que están dejando de visitar las oficinas porque perciben que en ellas solo reciben servicios que pueden realizar de manera más rápida a través de internet. El crecimiento de la banca online, de la banca móvil y de la influencia de las redes sociales ha modificado los patrones de conducta de los clientes que tienen más información, son más exigentes y reclaman nuevas fórmulas de atención. Estos nuevos comportamientos están obligando a los bancos a ser más flexibles para adaptarse a distintas tipologías de clientes y evolucionar hacia tareas de asesoramiento que sitúen al usuario en el centro de la estrategia.

El final de la banca tradicional ha llegado y las entidades que están por venir serán probablemente de menor tamaño, más avanzadas tecnológicamente, más ágiles en la confección de su oferta de productos y más seguras.  En un entorno de competencia creciente, bajos tipos de interés y elevada exigencia regulatoria, los bancos deberán poseer fuentes de ingresos diversificadas para poder mantener su rentabilidad. No parece probable que todos estén en condiciones de satisfacer estos requisitos con la misma holgura y ello generará,  inevitablemente, procesos de selección natural del que saldrán vencedores y vencidos.

El servicio financiero del  futuro será, por tanto, muy personalizado y orientado a recuperar la credibilidad y confianza perdida. Todo cambio organizacional comienza por un cambio en la manera de pensar de los trabajadores, sobre todo de los directivos, que deberán impulsar nuevas formas de trabajo, ya sea en la habilidad de asesorar y fidelizar clientes o en la gestión, y entender que un servicio cualificado solo puede llevarse a cabo con empleados motivados, capacitados y especializados en distintas áreas.

Le espera un largo camino al sector para que los jóvenes vuelvan a soñar con ser banqueros.

Vía| Banco de España

Más información| PWC, El País, El Confidencial, Estrategias de inversión

Imagen| Depósitos

En QAH| ¿Están los bancos estresados? Test de estrés en la banca

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