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Derechos Fundamentales: Derecho a la Libertad de Expresión

El derecho a la libertad de expresión viene proclamado en el artículo 20.1.a) de la Constitución Española, en el que se puede leer lo siguiente:

La libertad de expresión es un derecho fundamental

Artículo 20.

1. Se reconocen y protegen los derechos:

a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

Del tenor literal de este precepto se puede extraer que toda persona puede expresar y difundir, de cualquier forma y por cualquier medio, aquello que quiera; ya sea un pensamiento, una idea o una opinión. Pese a lo que se pueda pensar, a la luz de una primera lectura del artículo, es imprescindible resaltar que este derecho, pese a ser un derecho fundamental, no es un derecho de carácter absoluto. El hecho de que un derecho no sea de carácter absoluto quiere decir que está sometido a ciertas limitaciones, limitaciones que vienen impuestas de forma implícita por el resto de derechos fundamentales y el respeto a su ejercicio. En el caso del derecho a la libertad de expresión, la Constitución enuncia estas limitaciones, o esta relatividad, de forma expresa en el apartado cuarto del citado artículo 20: “Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las Leyes que lo desarrollan y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”. Es llamativo cómo el propio apartado cuarto destaca de forma expresa el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y la infancia, como derechos que limitan el ejercicio de la libertad de expresión.

Es evidente que la mayor parte de los conflictos que se producen en el ejercicio del derecho a expresarse libremente, se producen con los derechos que en ese apartado se enuncian. Es precisamente este apartado el que resuelve el conflicto entre estos derechos, de tal suerte que, el límite a la libertad de expresión se sitúa en el alcance del derecho al honor, la intimidad y la propia imagen, de los que son titulares todas las personas. Esto es, si una persona expresa o difunde una información, un pensamiento o una idea que menoscabe el honor, la intimidad o la imagen de otra, esa expresión o difusión no se habrá ejercido bajo el amparo del derecho a la libertad de expresión, sino que será un ejercicio abusivo y desproporcionado de ese derecho, ejercicio que puede incurrir en una infracción de tipo penal.

No obstante, no siempre el derecho a la libertad de expresión cede ante estos derechos. Es el caso de que aquello que se diga o se difunda sea una información veraz, o al menos que se exprese con pleno convencimiento de su veracidad, y que además tenga un interés público o un valor informativo destacado. Este balance entre derechos tendrá que llevarse a cabo mediante lo que el Tribunal Constitucional denomina test de proporcionalidad, donde se pondera cada derecho en conflicto y se toma partido por aquello que suponga un menor sacrificio de derechos o un mayor beneficio en el ejercicio de aquél que se considere más deseable.

Por tanto, la libertad de expresión no es un derecho para decir lo que se quiera sin ninguna limitación, sino que es un derecho que permite a toda persona expresarse de una forma libre y sin censura de ningún tipo, pero siempre teniendo en mente el respeto al honor, a la intimidad y a la propia imagen de todas las personas, así como el resto de derechos de los que todos somos titulares, y que, del mismo modo que aquél que se expresa libremente, tenemos derecho a ejercer y disfrutar.

Imagen | Libertad de expresión

En QAH | ¿Qué son los Derechos Humanos?

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