Economía y Empresa, Finanzas 


Del Estado del Bienestar al Estado de la Oportunidad (I)

La redefinición de los conceptos teóricos y prácticos imperantes en una sociedad en un momento determinado ha sido un acompañante clásico de toda crisis. Sin embargo, en esta crisis y haciendo apología de lo que nos cuesta reconocer el “errare humanum est” que ya aventurase Cicerón, hemos tratado de parchear, y no tanto de replantear. Por ello, este artículo es el primero de una colección que pretende reflexionar acerca del Estado en su concepción económica, política y social generando un debate abierto y constructivo.

En torno al concepto de Estado tampoco han faltado esos remiendos y parches. En ese sentido, se han realizado – y se seguirán realizando-  recortes de gasto público con el correspondiente coste social que ello conlleva. Pero, ¿es esto lo que en realidad pretendemos o queremos? El recorte, aún en muchos casos necesario, por sí mismo no soluciona el problema de eficiencia, eficacia y sostenibilidad del Estado.

Viendo las revueltas sociales que se han sucedido a raíz de la crisis conviene pararse a pensar sobre el Estado, o mejor dicho, sobre la concepción paternalista del Estado. El Estado para muchos ciudadanos se ha convertido en un padre que les ha acompañado desde que nacieron en un hospital público hasta convertirse en su asistente personal diario, pasando claro está, por el colegio, la universidad, incluso, en la celebración de su boda.

Milton Friedman en la portada de la revista Time

No estoy criticando frontalmente esa concepción paternalista del Estado que nace de la “volonté général” de la que hablaba Jean-Jacques Rousseau en el Contrato Social por la cual los ciudadanos se dan el Estado que ellos mismos se quieren dar. La crítica nace de la perversión de esa voluntad cuando se crea un mal padre que consiente y malcría a sus hijos. El Estado del Bienestar se ha convertido en ese padre consentidor al que sus hijos acuden sin respeto para pedir siempre más, y que casi nunca, reclama contraprestación alguna por ello.

Uno de los fallos de la concepción actual de este Estado paternalista y consentidor es aquello que Milton Friedman apuntaba en su “nothing is free”. Las prestaciones sociales generan un alto coste. Un coste que rara vez hemos sabido transmitir a los ciudadanos, llegando incluso a difundir la idea de gratuidad como barra libre. Sin embargo, con respecto al concepto de Friedman se puede discutir y entrar a valorar la forma de contraprestación exigida a cambio de la prestación: consecución de resultados, diligencia en el uso de recursos, o precio.

Lo que sí es cierto es que mientras; desgraciadamente por lo dramático de la situación económica, unos reclaman más paternalismo del Estado, la cultura del esfuerzo y del valor de las cosas parece diluirse. De manera que nos encontramos con: un número elevadísimo de suspensos a nivel primario, secundario y superior, un nivel de asistencias en las facultades muy preocupante, un absentismo funcionarial abusivo, un sobreuso indiscriminado de las urgencias hospitalarias por percances menores, etc. Ejemplos todos que son insostenibles para cualquier economía a medio-largo plazo, y que incrementan la partida de gastos (ociosos) ostensiblemente. Es por esto que reclamo pensar más acerca del Estado, y caminar del Estado del Bienestar hacia el Estado de la Oportunidad.

Lectura sugerida| En busca de Montesquieu: la democracia en peligro. SCHWARTZ GIRÓN, Pedro. Ed. Encuentro, 2007.

Imagen| Time

En QAH| ¿Por qué una Economía Pública?¿Por qué los recortes tienen que ser lineales?

 

 

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