Coaching y Desarrollo Personal 


Del centro infantil (0-3) a la escuela. Aspectos fundamentales del proceso de adaptación

430401-4167-25med

 

A lo largo de estas últimas semanas de junio, los más pequeños de la casa ya han terminado su curso académico y se preparan para disfrutar de dos meses y medio de divertidas vacaciones junto a sus familias y amigos.

 

El niño de tres años experimenta, por primera vez, el descubrimiento de una realidad externa a él mismo, huyendo así del egocentrismo propio de los primeros años de vida. Puede protagonizar etapas de ansiedad y celos por la llegada de nuevos hermanitos y/o cambios que puedan ir sucediendo en el seno familiar y en su vida en general.

No obstante, el cambio del centro infantil a la escuela de los “mayores” como muchos de ellos la llaman, supone un momento muy importante; nuevo centro, nuevos compañeros, nuevos maestros, nuevos espacios, nuevos materiales,…

 

La escolarización debe llevarse a cabo de una manera paulatina y adaptada a cada uno de los alumnos. Es fundamental tener en cuenta el grado de madurez de cada niño puesto que, encontraremos casos de alumnos muy independientes que se adapten rápidamente al nuevo centro y, en cambio, encontraremos también otro tipo de alumnos, más aferrados a sus progenitores y con más dificultades de separación.

 

Parafraseando al pediatra y escritos Carlos González, separarse de los papás es algo que siempre resulta complicado. Podemos encontrarnos con la paradoja de que niños que han acudido al centro infantil durante un largo periodo de tiempo, entraban y salían contentos de su antigua escuela y, en el nuevo centro, lloran desconsoladamente. Y es que, aprender a separarse sin angustia no es algo que se aprenda con la práctica o se practique. Depende, siempre, de la madurez de cada niño.

 

Como papás y mamás debemos ayudar a nuestros pequeños en la elaboración de nuevas relaciones vinculares con sus nuevas personas de referencia; tutor y demás maestros y compañeros. Es fundamental que podamos reconocer y tolerar las posibles regresiones evolutivas que surjan durante la adaptación de los niños a la escuela; problemas con el control de esfínteres una vez ya se había asumido, rabietas, lloros, problemas de alimentación, pedir más mimos, rehuir de la mirada de los padres… Todo ello, generalmente, suele ser pasajero. Al cabo de poco tiempo, uno diferente para cada niño, todo vuelve a la normalidad y los niños están encantados con su nuevo colegio. Nuestro hijo necesita comportarse así para sentirse amado por nosotros y poder recuperar la seguridad.

 

Es fundamental no reñir ni castigar estas manifestaciones emocionales y comportamentales de nuestros pequeños. De esta manera, sólo conseguiremos agravarlo.

Los niños no siempre expresan lo que les pasa de forma explícita. Podemos encontrarnos con síntomas físicos recurrentes (somatizaciones) que solo remiten cuando aparecen la mamá o el papá. En ocasiones, nuestro hijo puede necesitar un cambio de aires. Nuestra lealtad es con ellos y no sólo con el sistema educativo. Observemos y escuchemos a nuestros hijos y no dejemos que una mala adaptación a la escuela enquiste el desarrollo del pequeño.

 

Vía| Consejos útiles para el periodo de adaptación escolar

Vía| La adaptación a la escuela

Imagen| Primer día de colegio. Un desafío

En QAH|  Claves del éxito del sistema educativo finlandés (I): la figura del profesor

RELACIONADOS