Jurídico 


Del amor, el desamor y otros tributos.

La mayoría de las personas, el día que dan el “si quiero” no conocen el alcance real de estas dos palabras tan sencillas y tan demoledoras en sus efectos jurídicos. De hecho, se puede decir que el vínculo económico que crean entre los cónyuges es mucho más fuerte y duradero que el vínculo afectivo.

Para entenderlo, basta hacer un recorrido por el Código Civil y recordar cuál es el régimen económico que se establece legalmente:

  1. A falta de capitulaciones matrimoniales, la sociedad de gananciales.
  2. Los bienes de la sociedad de gananciales responderán directamente frente al acreedor de los gastos y las deudas contraídas por cualquiera de los cónyuges, ya sea en el ejercicio de la potestad doméstica como en el ejercicio ordinario de la profesión u oficio.

Estas dos reglas básicas hacen que sea interesante para las personas que van a contraer matrimonio analizar previamente cual es la actividad económica a la que se van a dedicar y los riesgos asociados a la misma,  y evaluar la conveniencia de contraer matrimonio habiendo estipulado en capitulaciones el régimen económico de separación de bienes.

Pues una vez que se constituye la sociedad de gananciales, la responsabilidad económica de la sociedad frente a las deudas de uno u otro cónyuge no desaparece por el simple hecho de la disolución de la sociedad. Así lo dice el Código Civil en su artículo 1317:

“La modificación del régimen económico matrimonial realizada durante el matrimonio no perjudicará en ningún caso los derechos ya adquiridos por terceros”.

A pesar de la disolución de la sociedad de gananciales, si esta se produce mientras no se hayan pagado por entero las deudas contraídas durante su existencia, los acreedores conservarán sus créditos contra el cónyuge deudor.  Y además, el cónyuge no deudor responderá con los bienes que le hayan sido adjudicados.

En el campo de las deudas tributarias estas disposiciones del Código Civil son de total aplicación, e incluso hay que añadir lo dispuesto enla Ley General Tributaria y la jurisprudencia vigente para poner de manifiesto que la responsabilidad del cónyuge no deudor por las deudas de la extinta sociedad de gananciales puede llegar a ser una responsabilidad penal si la extinción de la sociedad se hizo, vigente el matrimonio, con la única finalidad de sustraer bienes a la acción de la administración tributaria. Esto se suele poner de manifiesto en las operaciones en que la sociedad de gananciales se disuelve adjudicando los bienes libres de carga al cónyuge no deudor y al cónyuge deudor se le descapitaliza totalmente.  Es también frecuente ver casos de descapitalización total de ambos cónyuges a favor de una sociedad patrimonial, participada al 50% por los cónyuges, donde se residencia el patrimonio.

En estos casos, además, no es necesaria ni siquiera la derivación de responsabilidad por parte de la administración tributaria, pues  la responsabilidad de los bienes de la extinta sociedad de gananciales es directa, su afectación deriva de la propia redacción del Código Civil arriba mencionada.

El anecdotario también nos ofrece el caso contrario: un matrimonio en régimen de separación de bienes que presenta una declaración de renta conjunta. En este caso, se aplicarán las normas generales del impuesto, pero las rentas de cualquier tipo obtenidas por las personas físicas integradas en una unidad familiar que hayan optado por la tributación conjunta serán gravadas acumuladamente. Todos los miembros de la unidad familiar quedarán conjunta y solidariamente sometidos al impuesto, sin perjuicio del derecho a prorratear entre sí la deuda tributaria, según la parte de renta sujeta que corresponda a cada uno de ellos. Es decir, la estanqueidad de la responsabilidad que ofrece el régimen matrimonial de la separación de bienes se anula por la voluntad de declarar conjuntamente.

Por todo ello, en el momento de contraer matrimonio habría que decir no solo “si quiero” sino también “si quiero pagar los gastos, deudas e impuestos de mi cónyuge por siempre jamás”.

Imagen| Sí quiero

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