Coaching Profesional, Reflexiones 


Dejemos las hojas caer

Terminó Agosto y concluyó lloviendo. Tuvo delicadeza sí, tanta que de una bofetada nos hizo olvidarnos de las horas de sol y de aquella sensación de remojarse los pies a la orilla del mar. Ahora, podemos remojarlos en la puerta de casa. Bienvenido Septiembre, gracias por este baño de realidad.

De esa realidad que todos necesitábamos. Inmersos en los días estivales parecía que conseguíamos olvidarnos de nuestras preocupaciones, pero éstas seguían escondidas ahí dentro. Agazapadas, acomodadas a nuestra permisividad, al espacio que le brindamos, temerosas a salir, alimentadas por el miedo que nos invade, por la cobardía a ser feliz.

Pero llegó la hora. Antes de que nos colme el frío, aprovechemos el calor que aún nos queda del verano para sacudir con energía todo lo que nos pesa por dentro. Dejemos las hojas caer. Dejemos que Otoño las recoja.

QAH_2015 Septiembre

Que las hojas de incertidumbre desaparezcan de las ramas de nuestros brazos. Que éstas queden libres para acoger en un abrazo a las personas y desafíos que están por venir.

Que las hojas de culpa caigan todas en picado. Empecemos de cero, démonos esa segunda oportunidad de permitirnos ser nosotros mismos.

Que las hojas de rencor se hagan añico. No dejemos que crezca en nosotros nada que nos empobrezca ni nos destruya por dentro.

Que las hojas de cobardía y pereza, de un soplo, las perdamos todas. Que nada nos impida sentirnos capaces para realizar aquello a lo que somos llamados.

Y dejemos crecer en nosotros nuevas hojas verdes, cargadas de vida.

Que nos inunden hojas de perdón, de cercanía. Que las hojas de bondad y compromiso nos abarroten. Que la confianza crezca y la fe en que todo pasa por algo bueno, para algo mejor, sea sustento de esperanza.

Dejemos que nazcan hojas frondosas que nos protejan del sol, del viento, de la lluvia… cuando nuestras fuerzas decaigan. Hojas que den fruto del que poder alimentarnos y savia viva para ofrecer a todo aquel que se acerque a nuestro tronco. Que quien venga, se lleve siquiera una pizca de algo bueno de nosotros.

Que esa semilla donde se encierra la autenticidad de cada uno, se convierta en un árbol que proporcione asilo, cobijo, hogar, encuentro, paz a quien venga a buscarlo –y a quien no-.

Que esta vez hayamos elegido bien el suelo en donde echar nuestras raíces: en donde construirnos y crecer, del que alimentarnos. Que no tengamos miedo a expandirnos y explorar nuevos territorios.

Que, por fin, consigamos llegar -bajo tierra- a lo más profundo de nosotros mismos donde no hay nada que no sea sorprendente.

Imagen| Hojas

Vídeo | Youtube: En lo profundo – Luis Guitarra

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